Épica fue calificada por los expertos la victoria de México ante Camerún. Porque la victoria se amparó en el dominio y en el buen futbol. Porque debió consumarla por encima de dos saqueos arbitrales al anularle dos goles legítimos y recato en las amarillas contra los africanos. Y porque la torrencial lluvia le anegaba sus pretensiones de salida a ras de pasto.

Oribe Peralta hizo justicia, ante la injusticia consumida y consumada sobre Giovani dos Santos, a quien le arrebataron dos goles legítimos, porque entre los jueces Roldán y Clavijo se coludieron pata fraguar fueras de lugar inexistentes.

Una noche sin manchas. Porque contuvieron el poderío de velocidad y habilidad de los adversarios, sin temores, sin recatos, yendo siempre al frente, aún incluso cuando el 1-0 era una sonrisa incompleta de victoria.

No hay reclamos. Porque su línea media estuvo intachable, porque la zaga desesperada, acosada a veces, logró resolver las tarascadas cameruneses.

Injusto resaltar a alguno, aunque el fuelle de Andrés Guardado, la inteligencia de Giovani, eran perfecto eco del trabajo que hacían Miguel Layún y Paul Aguilar, y un poderoso ritmo de cacería de balones atrás y al frente, por parte de Héctor Herrera.

Mando absoluto...

"Nunca ha llovido así en Natal, nunca", es un regalo, afirmaba un voluntario de FIFA, para explicar la tormenta sobre Natal, en una jornada en l que, en la cancha, no hay sorpresas.

Camerún monta su tribu en un 4-5-1 y la esperanza frugal del contragolpe. México en lo suyo: Miguel Layún y Paul Aguilar como obreros de la guerrilla por los extremos.

El Tri levanta la temporada de veda. Cacería sobre Leones Verdes en temporada abierta, pero los disparos de Layún, Aguilar, Herrera y Gio llevan más pólvora de ansiedad y nervios que de certeza.

Y cuando a los 11' Giovani perfora cacheteando el balón, le aniquilan la euforia con el trapo arbitral agitándose desde la banda: fuera de lugar inexistente.

Al paso de los minutos, Camerún pierde el respeto y responde. En tres minutos, a partir del 21, se mete a la antesala mexicana y Eto'o le pone escalofríos al poste, y balones en el área que obligan a la defensa del Tri a despejes desesperados.

En la respuesta, Giovani se encuentra un segundo saludo a las redes. De nuevo el colombiano Wilmer Roldán queda en evidencia con su tendencioso trabajo anulando la anotación de México, de nuevo, por supuesto fuera de lugar, inducido nuevamente por su juez de línea, Humberto Clavijo.

En los minutos de agonía, esos en los que ocurren las tragedias y los dramas, sabiamente Camerún se repliega de nuevo y se dedica a debatir con las arremetidas del Tri y con la lluvia.

México cierra sitiando la portería de Camerún y alerta de los contragolpes, especialmente porque si bien Guardado cumple, no logra anular las embestidas a dos perfiles de Benjamin Moukandjo.

Tolerancia...

La lluvia arrecia. Y también el frenetismo camerunés. México mantiene la brújula del juego. El hombre de la justicia ciega, miope al menos, Roldán sigue debiendo amarillas por entradas sobre Layún y Giovani.

Con el Tri imponiendo el control, arrullando la pelota y enseguida montándola en vértigo, mantiene la desesperación sobre un Camerún que no encuentra la pelota ni un atajo hacia la portería de Guillermo Ochoa.

Con el mapa del juego en la mano, la persistencia de México encuentra la Tierra Prometida que el arbitraje les había incautado dos veces.
Y ocurre con la frescura de la verticalidad. Héctor Herrera decide en un suspiro, y entrega a la diagonal de Gio. Su disparo cruzado es apenas manoteado por el arquero. Y Oribe Peralta, el ausente, el distraído, el asolado, el perseguido, llega con esa cita que tiene con la Diosa de las Oportunidades y esa calma chicha para definir lo inevitable. 1-0, al minuto 61.

Y ek Estadio Das Dunas vive sus propias dunas humanas, arenas movedizas en verde, que se estremecen en desorden en la tribuna, con el alarido pleno del gol, con la esperanza inminente de la victoria, del debut. El grito de gol se convierte en la oración magnífica de la fe.
Miguel Herrera elige en la banca: Marco Fabián por Andrés Guardado y Chicharito Hernández por Peralta. Una apuesta osada, audaz, generosa, para no especular con la timidez del 1-0, sino para atreverse a la consumación de la proeza.

Y en el minuton91, cuando suelen presentarse pues las tragedias, cuando remata Benjamín al ángulo derecho de Ochoa, el arquero mexicano se viste de héroe. Historia consumada.

Aunque el alarido se convierte en espuma rabiosa de decepción cuando a los 92', Chicharito, en un pase impecable, Javier Hernández lo manda al tercer piso de este estadio de sólo dos niveles.

Ahora, a pensar en Brasil, y a prepararse para esa tendencia de terror arbitral que impera en el arranque de la Copa del Mundo.