"Me comprometo a servir a mi país con la entrega y ejemplaridad que requiere esta función", dijo Hollande en sus primeras palabras desde Tulle, en el centro del país, antes de viajar a París para celebrar su victoria.

Hollande dijo “no somos cualquier país, somos Francia”, agregó que "esta noche no hay dos Francias hay una sola Francia una sola nación, reunida en un mismo destino".

También se refirió a los “electores numerosos que no me dieron su apoyo, que sepan que respeto sus convicciones y que seré Presidente de todos”.

“Hemos tenido demasiadas fracturas y heridas pero se acabó, hay que hacer frente a los desafios, aumentar la producción, reducir el déficit, dominar la deuda, preservar nuestro modelo social”, señaló.

Enfatizó que “ningun hijo de la república sera dejado de lado, ni discriminado ni abandonado y la promesa del éxito sera honrada para que todos puedan cumplir en su vida y en su destino personal”.

La izquierda vuelve al poder 17 años después de la marcha del llorado François Mitterrand y recupera el Elíseo en unos comicios que han estado muy marcados por la mayor crisis económica y social del último medio siglo y en los que la abstención se ha situado, a falta de los ajustes de cifras, en un 19,5%.

Castigo para Sarkozy

El triunfo de Hollande es, en cierto modo, un voto de castigo a Sarkozy, que venía arrastrando en los últimos años los peores índices de popularidad de un jefe de estado que se recuerdan en décadas. Con esta victoria, se convierte a los 57 años en el séptimo presidente de la Quinta República, el primero de izquierdas desde su admirado Mitterrand (1981-1995) y permanecerá cinco años a la cabeza de la quinta potencia económica mundial y uno de los países líderes de la Eurozona.

"Estoy preparado para dirigir el país", había repetido el viernes pasado este socialdemócrata cuya primera acción como presidente electo será llamar esta noche a la cancillera alemana Angela Merkel para garantizarle su disposición a mantener la alianza franco-alemana que viene impulsando la zona euro, siempre que Berlín acceda a introducir en el tratado de austeridad europeo una cláusula de apoyo al crecimiento.

Después, está previsto que abandone su feudo de Tulle, donde ha esperado todo el fin de semana el resultado de este plebiscito, y se dirija a París, donde una multitud le espera la celebrar el triunfo de la izquierda en la muy simbólica Plaza de Bastilla. Para el portavoz del PS Benoit Hamon, el resultado "es una gran alegría para los franceses de izquierdas".

Por su parte, el líder de la Unión por un Movimiento Popular y jefe del estado saliente, Nicolas Sarkozy, es el último mandatario en caer en las urnas, arrastrado por el fantasma de la recesión económica, después de los de Grecia, España e Italia.

Convencido de sus posibilidades hasta el final, el candidato conservador lo había apostado todo a un viraje hacia la extrema derecha para seducir a los votantes de Marine Le Pen (Frente Nacional), pero la estrategia no ha dado los frutos esperados, ya que le ha hecho perder al electorado centrista. Ahora se enfrenta a la primera derrota electoral de sus 30 años de carrera y, como él mismo anunció, es muy probable que decida retirarse de la vida política.

A Hollande, en cambio, le esperan importantes compromisos internacionales en los que tendrá que demostrar en los próximos meses su condición de gran estadista: tras una visita prometida a Berlín, habrá de acudir a los estados Unidos para la reunión anual del G8 y luego de la OTAN y, tras los comicios legislativos de junio, participará en su primera cumbre de la Unión Europea.