Ingrid Vanessa González es una chavala de 25 años, delgada, de pocas palabras, apariencia tímida, que a simple vista aparenta debilidad, pero cuando hablamos de su mayor pasión, manejar transporte pesado, sus ojos adquieren un brillo y la emoción despierta a esa mujer fuerte y luchadora.

“Para mí es un gran orgullo ser mujer y manejar una ruta de transporte urbano colectivo, y servirle a la población, la gente queda encantada conmigo, yo le doy los buenos días a mis pasajeros me gusta servir a la población y me encanta manejar”, afirma Ingrid.

Su pasión por manejar buses comenzó desde niña

Su pasión por el volante comenzó desde que Ingrid tenía 8 años, la joven expresó que “mi papa es chofer y yo le dije que quería manejar y él me dijo que confiaría en mí y me enseñó, fue tan solo viendo, la mente se me despertaba absolutamente rápido y en un mes yo podía manejar vehículo, luego aprendí a manejar moto y después mi sueño a los 15 años aprendí a manejar bus”.

Ingrid recuerda cómo en ese entonces “estaba pequeña tuve que esperar y fue a los 25 años que saqué mi licencia profesional y me fui a buscar trabajo a la cooperativa de transporte (Parrales Vallejos), pero el presidente que estaba en ese entonces no me aceptó, pero no me di por vencida, volví a intentarlo, y cuando regresé estaba una nueva presidenta que me dio la oportunidad, me hizo una prueba, la pasé y desde hace 6 meses trabajo de conductora en esta cooperativa”.

Esta joven de 25 años, afirma que hay compañeros de trabajo que la apoyan pero que hay otros que no les gusta ver a una mujer, chavala trabajando.

“Estar en este trabajo me motivo a romper con las barreras. Yo me dije: yo puedo, soy mujer, pero eso no impide de que yo esté frente a un volante” afirmó González.

Su hijo, el pasajero de su corazón

Con apenas 15 años, Ingrid salió embarazada, y afirmó “me sentía asustada, rara, pero decidí tener a mi bebé, yo estuve con el papá del niño, pero cuando mi hijo cumplió 2 años nos separamos y decidí luchar sola”.

Hoy su mayor bendición, Miguel Isaac González, tiene 7 años, lleva 3er. grado de primaria, madre e hijo habitan en un cuarto que alquila en Villa Venezuela, en Managua. Para esta madre soltera, su hijo es el motor que impulsa su vida, “ser madre soltera da un valor, más fuerza, mi hijo son mis ganas de luchar y me motiva a seguir trabajando por él”.

Actualmente Ingrid, mejor conocida como “La Chela” tiene dos trabajos: de lunes a viernes trabaja como vendedora para una empresa en la que maneja una motocicleta para realizar sus labores; y sábado y domingo trabaja para la cooperativa de transporte, manejando buses, su mayor pasión.

“Mi sueño es tener mi bus propio, ahora tengo doble trabajo, pero mi motivación es mi hijo, yo sé que debo luchar por él, todo es sacrificio, luego de mi trabajo me pongo hacer tareas con él a pesar del cansancio pues soy una mujer fuerte, luchadora, trabajadora y madre soltera”, finalizó.

“La Chela” es una joven que no se da por vencida, ejemplo de la madre nicaragüense valiente, amorosa, esforzada, dedicada, capaz, pero sobre todo luchadora ante cualquier adversidad, demostrando que cuando hay voluntad y amor todo se puede.