La derecha conservadora ante el encuentro Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional – Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica (IC), ha prefabricado una burbuja medieval con la que quisiera intoxicar el ambiente.

El obispo auxiliar Silvio Báez ha dicho que en el encuentro “hablarán sin pelos en la lengua”, “diremos las cosas por su nombre” y que se están “exponiendo por el pueblo”.

Debemos de partir que solo Dios no se equivoca y que la verdad no depende de títulos honoríficos y una mitra. Por eso, en enero el papa Francisco ante esos arrebatos, tomó decisiones para “reformar la Iglesia de forma gradual. Se trata de un paso para acabar con el clasismo y el espíritu mundano dentro de la jerarquía eclesiástica” (AFP).

Obviamente, en el seno episcopal hay representantes de la nueva visión de Francisco y de la vieja escuela.

I Legitimidad

No es un encuentro con un sector confesional de Nicaragua lo que le aumentará o restará credibilidad a la gestión sandinista, como pretenden algunos.

La legitimidad que sostiene la distinción mundial y local del Gobierno Constitucional del presidente Daniel Ortega, deviene del soberano. El pueblo se expresó con claridad durante los comicios de 2011. Que la oposición derechista sin ninguna significación nacional no acepte los resultados, ese es su discurso mediático.

Que algún obispo simpatice con esa apreciación partidaria de la derecha anacrónica tampoco cambia los hechos. A lo sumo, es un estado de opinión, pero no crea una realidad en sí del Estado de Nicaragua, menos una verdad absoluta.

II Dogma y Opus

De la esfera más oscurantistas han llegado a ver un encuentro de los tantos que realiza el gobierno con otros sectores como una confrontación entre las fuerzas del bien y del mal. Así, un prominente miembro de la opulenta secta del Opus Dei ha declarado, como si sus puntos de vista fueran los de Dios, que los obispos son “los líderes de mayor estatura moral del país”.

No se cuestiona la honorabilidad de muchos de ellos como el cardenal Leopoldo Brenes, por ejemplo, pero la honra de los ciudadanos no es asunto de pasarelas y de jurados de farándula en un certamen anual. Existen otras y otros nicaragüenses también con una enorme solvencia moral tanto fuera del CEN como dentro del FSLN.

El del Opus dice que “los obispos llegarán donde Ortega como lo hacían los profetas bíblicos ante los tronos de los reyes y potentados; como voceros de Dios para enderezar sus caminos”.

Dios, en primer lugar, no tiene voceros exclusivos en una jerarquía en particular como lo ha demostrado. En la inocencia de un niño, en las causas justas o en la voz de un pescador de Galilea también se expresa el Señor.

El Opus Dei quiere a sus miembros masculinos tan cerca del poder como se pueda. Su fundador consideraba esclavas a las mujeres y un insulto a la moral que de pie limpiaran con un lampazo. Debían hacerlo de rodillas para evitar en la mente de Balaguer no se sabe qué. Es decir, fuera de la secta, todos, incluyendo a una muchacha con una escoba, andan por caminos torcidos.

III Estado Nacional, no parroquial

Es desmesurado pensar que una confesión religiosa determinada tiene toda la representatividad nacional. Seríamos un Estado Parroquial.

Cuando la derecha ortodoxa por agarrar aire con los obispos, los adula al punto de decir que en manos de ellos está el futuro del país, excluye a la vasta sociedad evangélica que ronda el 40% de la población, y a un importante sector de nicaragüenses agnósticos, ateos o sin devoción definida.

IV Monarquía Vaticana

El sandinismo nunca ha cuestionado las diversas formas de gobierno y concepciones que marcan la historia de los estados nacionales y su organización política sobre la faz de la Tierra. El Estado Vaticano ha encontrado su forma de gobierno que ha prevalecido probablemente desde los tiempos de León I (440-461), cuando retomó de Roma el título imperial de Máximo Pontífice.

El portal oficial de El Estado de la Ciudad del Vaticano detalla que la forma de gobierno es la Monarquía Absoluta. El jefe del Estado es el Papa, el cual reúne en sí la plenitud de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

La agencia Zenit, por ejemplo, precisa: “El poder judicial tiene como órganos propios --que ejercitan sus funciones en nombre del pontífice--, un juez único, un tribunal de primera instancia, una corte de Apelaciones y una corte de Casación”.

V Dos modelos a respetar

En el Estado Vaticano no hay elecciones, ni debates, ni se aceptan partidos políticos ni observadores. Tampoco se admiten damas en puestos estatales, y esa es su forma de Gobierno. Nadie le impone a la Santa Sede cómo dirigir sus asuntos internos.

El Estado de Nicaragua reconoce 18 partidos con personalidad jurídica y las mujeres cuentan con el 50% de participación en espacios públicos y políticos, en igualdad de condiciones con los hombres.

El obispo auxiliar de Managua está de acuerdo con el sistema político de la Colina Vaticana, pero cuando habla a los medios repite que con el presidente Daniel Ortega se abordará el “deterioro democrático de la nación”.

El “deterioro democrático” es parte del argot de la extrema derecha usado para enmascarar el deterioro de su club de excandidatos presidenciales como opción electoral, tras sus derrotas masivas y sucesivas.

Las irregularidades en los comicios que por supuesto deben ser superadas, ocurrieron profusamente en 1996 y 2001, sin embargo, la derecha triunfadora casi pone en el altar al CSE.

VI De reformas y añadidos

A veces se asume dogmáticamente que no se debe “tocar” la Carta Magna. Y esto que la Ley Fundamental es hecha por simples mortales. Veamos qué nos dice la Historia: la única y verdadera Constitución inspirada y hecha por Dios, es la Santa Biblia. El 4 de diciembre de 1563, una confesión decidió todo lo contrario en la última sesión del Concilio de Trento, pese a las advertencias escriturales de que no debe ser objeto de añadidos o reformas.

Si al mismísimo Dios, la Iglesia Católica le impone un Purgatorio sin partida de nacimiento en el Viejo y el Nuevo Testamentos; si estableció solo postrarse ante Él, pero los del Concilio decidieron rendirles culto a los santos, a las reliquias e imágenes, ¿por qué el simple acto de la Asamblea Nacional de reformar la Constitución o nombrar a unos magistrados lo tratan de inflar hasta el tamaño de una horrible apostasía renacentista?

Por lo tanto, si “la fuente de la verdadera religión cristiana no es solamente la Biblia”, como se proclamó en Trento, sino también “la tradición de la Iglesia”, la fuente de la verdadera democracia tampoco tiene por qué ser únicamente la que determinan algunas potencias de Occidente, sino también los caminos propios de cada país por pequeño que sea.

Y si la Monarquía Absoluta es la expresión terrenal de lo que hacen en la práctica los hombres con su fe, el diálogo no puede ser asimétrico, exigiendo al gobierno de un Estado sin religión oficial, el Paraíso del siglo venidero que la misma institución religiosa no ha logrado construir en esta vida.

Por supuesto, son dos visiones del mundo. No hay gobiernos puros, sea en Roma o en cualquier parte. Solo son hechuras humanas, no de ángeles.

La Biblia dice, a propósito de distinguir quién es la voz deDios: “Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”. I Corintios 1:27-29.

El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.