Un documento del profesor Benyamín Neuberger, cuyo título podría desanimar a algunos prejuiciados seguir leyendo, subraya que los judíos de Rusia y otras repúblicas soviéticas “temían una nueva ola de antisemitismo luego del colapso de la Unión Soviética”. (1)

Precisamente, uno de los lugares donde esas palabras se cumplieron al pie de la letra es el que ocupa hoy las portadas globales: Ucrania.

La derecha de Europa y Estados Unidos ha simplificado el complejo drama, sacrificando buena parte de la historia para reducirla a un guión de los superhéroes de Marvel: la lucha por la “libertad” de Ucrania frente “al expansionismo ruso”. Para variar, “los buenos” versus “los malos”.

El “inmaculado” Estado de Derecho que surgió de un Golpe de Estado, ni la misma Europa se lo traga. El partido que hegemoniza el poder, con sus aliados, es ni más ni menos que Svoboda (Libertad), un engendro ultraderechista casi salido de los laboratorios de la organización criminal fundada por Adolfo Hitler (1933-1945).

“Hoy Ucrania es el único país de Europa donde existen miembros de un partido nazi en posiciones de gran poder”, alertó Vicenç Navarro, Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona.

Navarro se basa en los estudios del bien documentado Profesor de Historia, Gary Leupp, de la Tufts University, una de las más prestigiadas universidades privadas de investigación de EEUU.

Aunque el partido se formó en 1991, su origen es un rencor del pasado puesto en pie, al presentarse “como el sucesor de la Organización de Nacionalistas Ucranianos (ONU) fundada por un personaje, Stepan Bandera”.

Bandera es el “prócer” de Svoboda. Este sujeto, dice Navarro, “fue el mayor aliado del régimen nazi de Hitler en Ucrania, habiendo dirigido dos batallones que se integraron en las SS nazis alemanas en su lucha contra la Unión Soviética durante la II Guerra Mundial (según el Centro Simon Wiesenthal, esos batallones detuvieron a 4.000 judíos ucranianos, enviándolos a campos de concentración nazis en Lviv en julio de 1941).

“En los escritos de la organización fundada y dirigida por Bandera (ONU), se habla explícitamente de la necesidad de limpiar la raza, eliminando a los judíos”. (2)

El marcado embeleso callejero del liderazgo de Svoboda por el Führer alcanzó tanta infamia que le valió una resolución condenatoria del Parlamento Europeo el 13 de diciembre de 2012.

Los eurodiputados estaban preocupados “por el aumento del sentimiento nacionalista en Ucrania”, expresado en el apoyo a Svoboda, un partido con “presupuestos racistas, antisemitas y xenófobos”, actitudes que “van contra los valores y principios de la Unión Europea". (3). Ahí está la “gran leyenda” de la “democracia” que defiende Occidente.

De hecho, las verdaderas fuerzas democráticas de la nación ex soviética corren peligro, por una tendencia histórica de algún estamento del Oeste, muy identificado con el fascismo y el antisemitismo en la misma frecuencia de los que provocaron la última hecatombe planetaria.

“Cuando Alemania invadió la Unión Soviética en 1941, muchos ucranianos manifestaron no querer estar bajo influencia de Rusia, país por el que manifestaban gran rechazo, entonces recibieron a los soldados de la Wehrmacht (Fuerzas Armadas Unificadas Nazi) con flores y gran expectación de estar siendo liberados del régimen de Stalin, en aquel momento algunos incluso participaron en matanzas de ciudadanos soviéticos de origen judío”. (4)

TV “ciega”

Hoy, parte del mundo manipulado por las intrigas tv-ciegas de las cadenas internacionales no recuerda que Svoboda calificó al gobierno del depuesto Yanukovich, “mafia ruso-judía” y que había que “liquidar físicamente a todos los intelectuales ruso-parlantes y ucranófobos”. (5)

El profesor Benyamin Neuberger, en su síntesis de las tribulaciones del pueblo de Abraham, no incluye a la antigua Unión Soviética en el listado de naciones que se distinguieron por sus hechos abominables a lo largo de la historia: “los judíos fueron masacrados por los cruzados en su camino a través de Europa rumbo a la Tierra Santa (siglos XI y XII), masacrados durante los días de la peste negra, por supuestamente envenenar los pozos (siglo XIV), condenados a morir en la hoguera por la Inquisición Española (siglo XV) y asesinados ---de nuevo Ucrania--- por los cosacos de Chmelnicki (siglo XVII); masacres en Ucrania y Biolorrusia (siglo XIX).

Además, durante la centuria decimonónica, fueron una y otra vez expulsados de Alemania, Francia, Portugal, España, Inglaterra y Gales. Y todos sabemos lo que las hordas del Tercer Reich hicieron a la nación hebrea en el siglo XX. (6)

El partido Svoboda mostró de forma ostensible (1991-2003) su plena identificación con la anticultura nazi al enarbolar su primer insolente anagrama, inspirado en la tétrica cruz gamada que ondeó en la mayor parte de Europa y el norte de África (1939-1945), costándole a la humanidad cerca de 20 millones de vidas.

¿Con qué moral, los fundamentalistas conservadores de Europa y Estados Unidos, sermonean sobre derechos humanos a los gobiernos progresistas de Latinoamérica y el Caribe, cuando en pleno siglo XXI están apoyando a los exaltados admiradores del Holocausto?

Amparar a la banda fascista que controla Kiev, una amenaza letal no solo para Ucrania y la vida de los judíos, sino para el resto del orbe, pone al descubierto que el compromiso de Occidente con los “sacrosantos” valores de la democracia están subordinados a intereses más mundanos de lo que parece.

El pueblo judío merece vivir en paz en su propio país, el Estado de Israel, reconocido el 14 de mayo de 1948 por la mayoría de las naciones de la Tierra, entre ellas Nicaragua. Y en cualquier parte del globo… incluida Ucrania.

Notas:

1. El Sionismo. Jerusalem 1995.
2. Diario Público.es
3. Nodo 50.
4. Revista Sputnik.
5. Vientosur, info.
8. El Sionismo.J.