Primero fue el furibundo arrebato político, luego la especulación y de fondo la ridícula acusación al Gobierno del Frente Sandinista de ejecutar una “conspiración” contra los “símbolos representativos” de otras administraciones, todo para atacar la limpieza de estructuras críticas y proteger a la ciudadanía.

Es ilógico que si un monumento fue erigido para “promover la cultura de paz”, atente contra la vida, y si otro se destinó para la alegría, termine provocando una tragedia. ¿En qué quedamos?

Nadie debe quedarse petrificado por la nostalgia o sus banderas políticas. La tierra no tiene ideologías y en la corteza terrestre tampoco hay banderas partidarias que valgan, y cuando los científicos descifran su escritura telúrica, no deletrean “consignas” contra alguien. Leen la realidad.

Fue en julio de 2013, cerca de la plaza, que el doctor en Geología William Martínez, graduado en Japón, me dijo que el lugar donde está emplazada la Concha Acústica es sumamente inestable.

Cuando hace algunos años se hicieron unas zanjas para la tubería de la planta de tratamiento, el doctor Martínez comprobó que en el sitio, hoy tan visitado por los medios, el tipo de terreno es aluvial, no compacto, pero lo peor es que ahí abajo es puro relleno: hay varillas de hierro, pedazos de llantas, fragmentos de concreto… parte de la vieja Managua destruida por el terremoto de 1972, sepultada ahí.

Es un suelo constituido por 6 metros de puro escombros. El terreno por eso es blando, y esto se apreciaba en la Concha: estaba “bien agrietada” porque el defecto estructural se proyectaba por ahí.

“¡Es una barbaridad!”, exclamó esa tarde. “Yo casi me desmayo, al ver aquello. ¿Cómo fue posible que construyeran esto aquí?”

Le pregunté entonces, meses antes del actual alboroto mediático, qué representa esto para los que se encuentren en el lugar. Casi miró inscrita en la parte superior del monumento la palabra “muerte”. Él dijo: “El peligro es mortal”.

“Lo mejor sería quitarla. En caso de que no se tenga esto en los planes, sería hacer un ´recalce´ en su fundación, para reforzar la estructura y evitar el colapso o se deteriore más de lo que está. Es lo que se llama ´medidas de mitigación´. Sin embargo, por la naturaleza de los materiales que están en el subsuelo, donde descansan los cimientos, a la larga se seguirá dañando”.

Y sentenció: “La obra desde que se proyectó está malhecha”.

La lógica

El doctor Martínez expone, ahora que se decidió la demolición de algunas estructuras, que “cuando se va reparar una obra que nace dañada desde su fundación, esto es posible si su costo no es mayor al 7% de su valor total. De otra manera, la única medida de mitigación posible es quitarla”.

¿Por qué ese análisis? “Porque hay estructuras que ameritan su conservación; es el caso de la Catedral de Managua, cuyo costo de reparación y mantenimiento puede exceder el valor de la obra misma, o sea hay que saber diferenciar”.

Si se quiere hacer otra Concha Acústica, sería quitarla de lugar, porque el costo sería muy alto de mantenerla ahí, y siempre iba a quedar dañada y con el consiguiente peligro para la vida humana. Es muy diferente al tratamiento a las obras que por su condición de patrimonio histórico o cultural se deben preservar.

Ejemplo: el edificio de la alcaldía de San Francisco, EEUU, sobrevivió a un terremoto en 1905, pero no aguantaría otro, por eso lo hicieron antisísmico. Esto excede el valor no solo del edificio, sino del terreno mismo en el área, pero como había que preservarlo por su historia, lo hicieron antisísmico. Ahí el valor no es lo que cuesta hacerlo sismo resistente, sino la preservación de la estructura. Sería el caso de la Catedral de Managua. Ni la Concha ni el Faro pueden compararse a la Catedral, el Teatro Nacional o el Palacio Nacional.

Lo que manda es el terreno

El experto hace la salvedad que “la estructura pudo haber estado bien hecha desde el punto de vista arquitectónico e ingenieril, pero en el lugar equivocado. Eso es todo. Lo que manda es el terreno, no lo que se construye sobre él”.

Con los cimientos fallados su deterioro fue palpable y acelerado, la vida útil mínima y se volvió un peligro mortal, sostuvo.

“Yo mandé parar las zanjas que debían pasar a 5 y 7 metros, al ver lo que había bajo la Concha. Debimos excavar la zanja a 35 metros de distancia”.

Puntualizó que “el axioma de los ingenieros de que todo se puede hacer, siempre y cuando sea bien construido, es una falsedad, y no se maneja como estándar internacional. Estos eventos (sísmicos) lo están demostrando. Además, hay otros factores que tampoco fueron tomados en cuenta como la licuefacción y la vibración del terreno”.

Explica que en un terreno blando, como el señalado, con material heterogéneo, servirá de foco secundario al paso de las ondas sísmicas; en vez de que pase rápido, siguiendo su trayectoria normal, ahí queda vibrando más; se detiene unos 20- 30 segundo, lo suficiente para destruir lo que está encima.

El Faro fallado

En cuanto al Faro de la Paz, el doctor Martínez precisó que las fisuras exteriores son evidencias del sitio donde se erigió: está ubicado directamente en la falla activa de Los Bancos.

“Se dice activa porque tiene un proceso de acumulación de energía y genera esfuerzos constantes. Son esfuerzos que se trasmiten y acaban afectando seriamente las estructuras sobre ellas. En cuanto a la energía, esta se libera en varias centenas de años para terminar con un evento principal que es el terremoto”.

Por eso se deteriora, aseguró, y no amerita su reparación. De ahí su condición endeble, y se podía prever una vida corta útil. Aquí se aplica el principio de que no es inteligente gastar en algo que de antemano se seguirá arruinando.

Ahora, si se hubiera decidido repararlo, saldría inmensamente caro y se volverá a dañar, porque la causa principal --- ¡ojo!, políticos --- está en el subsuelo: sus condiciones anómalas, la falla misma donde se halla su fundación.

El consultor privado enfatizó que hay un principio básico observado en el mundo por las autoridades responsables: no se debe edificar sobre fallas geológicas.

Al valorar las disposiciones de la Alcaldía, destacó que “fue la decisión más adecuada; si se debió hacer antes o después, no sabemos, pero sabemos que los sismos que se dieron en abril pasado sacaron a flote el defecto y probablemente hayan acelerado la decisión de las autoridades”.

Apartando los estudios geológicos, queda demostrado otro tipo de fallas en el alma de algunos: el oscurantismo, porque de nada vale el diagnóstico de los especialistas cuando la temperatura de una cabeza sube al calor de las “creencias”, los prejuicios y los rencores.

Todavía se respira en el aire un ambiente medieval. Demolerlo ya sería un asunto personal… de reingeniería espiritual.