Había ido como todos los afanosos jueves por la madrugada a ‘Esquipulas’, una comunidad ubicada a una hora y media de distancia –caminando-. Fue a comprar doce bolsas de hielo, veinte helados de cocoa, nancite y jocote dulce; tuvo que emprender –como de costumbre- un rápido regreso, porque sino los productos fríos que vendería en su pequeña miscelánea, se harían ‘una nada’. Así regresó Ena Castillo, emprendedora, desplazándose ligeramente por el estrecho camino que definía la accidentada geografía de su comunidad llamada ‘Castillo Abajo’.

Golpeó tres veces la puerta de típicos retablos de su casa, y apareció su recién despierta hija Claudia, algo desgreñada y feliz. La mujer de unos cuarenta años, puso el saco en el suelo y miró hacia el techo. Algo extraño estaba pasando. Una poderosa aura bañaba todas las cosas de la ‘ventecita’. Bajó la cabeza, y retornó la mirada a su hija. Su alegría fue intensa, y un grito ahogado y a la vez lleno de vigor inundó toda la casa: ¡Bendito sea el Señor, ya hay luz! El pequeño bombillo blanco había recobrado vida.

-¡No lo podía creer!, externó la pobladora al ser entrevistada por un equipo periodístico de El 19 Digital. Ena Castillo relató que aquel bombillo había pasado apagado por casi tres años. “Era encendido solo con una vieja batería de camión, pero cuando la batería se dañó, no hubo remedio, nos quedamos a oscuras”, recordó efusiva. Sin embargo, fue tal su felicidad desbordada, hace unos ocho días atrás, que hasta “abracé a mi ‘Claudita’ y la terminé de despertar con el fuerte apretujón que le di de tan alegre que estaba. No lo podía creer”, indicó.

Más de veinte años pasaron los pobladores de esta comunidad del departamento de Matagalpa, añorando que los gobiernos neoliberales instalaran la energía eléctrica. Ena cuenta que ella misma fue varias veces –acompañada de otras mujeres de la comunidad Catillo Abajo’- a solicitar el servicio a las alcaldías. “Yo soy del lado de Matiguás, pero cuando vine aquí le dije a mi esposo que no había luz, pero al final me acostumbré a la oscuridad”, relató. Sin embargo, esta mujer de grandes sueños no se quedó de brazos cruzados, fue hasta el casco urbano y allí compró su hielera para vender hielos y helados. “Ahora no la ocuparé, porque con la energía vino el desarrollo, ya le dije a mi esposo que ocupemos los ahorros para comprar una refrigeradora, y así será”, aseguró.

Las familias de este lejano poblado aún siguen festejando este proyecto desarrollado por el Gobierno Sandinista a través de Enatrel con el Programa Nacional de Electrificación Sostenible y Energía Renovable (PNESER). “Hay música en todo el barrio, y en las noches la gente enciende sus lámparas; todo el mundo estaba como loco, con decirle que tanta fue la alegría de la energía que todo el mundo anda patas pa’ arriba celebrando”, concluyó Ena Castillo. Tras escuchar el relato de esta alegre pobladora, otro grupo de mujeres se disponen a bajar por la hondonada, justamente donde se encuentra la iglesia 'Getsemaní', donde ahora -destacaron- podrán celebrar 'noches jubilosas de canto y gloria', para la bendición de este hermoso pueblo.