No fueron pocos los que entre lágrimas se despedían de E.T. cuando al final de la mítica película dirigida por Steven Spielberg la nave espacial del enigmático extraterrestre se elevaba con destino a su planeta natal. Sin embargo, para los habitantes de la pequeña ciudad de Alamogordo, en Nuevo México, los últimos días del alienígena fueron algo radicalmente distinto: más que volver a su casa acabó sepultado a cinco metros de profundidad en medio del desierto.

Hoy en día es algo habitual que los grandes estrenos del cine de acción y aventura más comerciales vengan acompañados de su correspondiente adaptación al videojuego. Pero en 1982, cuando el filme de ciencia ficción se estrenó en la gran pantalla y Atari decidió publicar un título basado en la película hecho a toda prisa para su consola Atari 2600, no era algo que estuviera tan a la orden del día. El resultado fue E.T. The Extra-Terrestrial, un juego cuyo fracaso comercial fue tan sonado que hizo que incluso se tambaleara la industria del ocio electrónico en todo Occidente —lo que dentro del mundo de los entretenimiento electrónico es conocido como el crash del 83.

Las expectativas del antaño gigante norteamericano del videojuego con respecto E.T. eran tan elevadas que "fabricó más cartuchos que consolas había en los hogares" explica el creador de juegos vintage y experto en la materia S*T*AR*, "pero también manufacturó más consolas para que hubiera más gente que la pudiera comprar", añade en declaraciones a La Vanguardia.com.

Sin embargo, "Atari no llegó a tiempo para distribuir todos sus E.T. en las tiendas y distribuidores para la temporada navideña, y muchas tiendas que habían realizado ingentes pedidos recibieron sus encargos demasiado tarde" lo que según describe, ocasionó una "avalancha de devoluciones". Si a esto le sumamos los muchos "compradores que devolvieron sus ejemplares de E.T. porque consideraron que no era el juego que esperaban de la película", el resultado es una de las historias más rocambolescas e increíbles que ha jamás ha vivido la industria del videojuego.

Para ahorrarse el coste de reciclaje de todo el stock de juegos de E.T. The Extra-Terrestrial y demás material relacionado con Atari que fue devuelto a las tiendas, la empresa liderada por el mítico emprendedor Nolan Bushnell —considerado el padre del videojuego doméstico— decidió "tirar por lo barato y pagar al ayuntamiento de Alamogordo para enterrar en su zona lo que ya no quería". Pero no tan solo se sepultaron cartuchos de este juego, "también se enterraron miles de unidades de otros juegos, consolas y joysticks tanto de stock como de artículos de devolución de tiendas o material defectuoso".

S*T*A*R*, quien desde hace años ha venido siguiendo esta historia desde su faceta de periodista de videojuegos, recuerda que nunca fue algo que se ocultara en forma de leyenda urbana. "Desde el mismo instante que Atari puso en marcha la operación, tanto la prensa local de Alamogordo como la de California reportaron el hecho, y con destacable atención enfocada más en la sátira que no en la sorpresa", explica. De hecho, el propio The New York Times le dedicó un breve a la noticia en su edición del 28 de septiembre de 1983.

"Tuve la fortuna de poder compartir comentarios con habitantes de Alamogordo que me comentaron cómo vivieron esa situación y es lógico que se lo tomaran con diversión y un poco de guasa", rememora. Y es que la sorpresa de los habitantes de la pequeña ciudad de Alamogordo, situada a unos 300 kilómetros de la ciudad de Albuquerque, no podía ser para menos cuando llegarón "una docena de enormes camiones gringos y unas excavadoras escarban un agujero de unos cinco metros de profundidad y empiezan a verter en él videojuegos".

Temiendo que los vecinos de la zona se decidieran a desenterrar el material y todos los peligros que ello conllevaba, la compañía se decidió a "echar mano de una hormigonera" para enterrar de una vez por todas unas reliquias que han permanecido ocultas bajo el desierto de Nuevo México durante más de treinta años, y que a lo largo de tres décadas han alimentado el mito de E.T. y los cartuchos sepultados. "Contado así suena a chiste y si pasa de boca en boca el asunto cada vez adquiere tintes más absurdos y exagerados hasta que parece que es una patraña y se convierte en leyenda urbana", explica S*T*A*R*.

Al fin, con motivo de la realización de un documental que se está preparando alrededor de esta curiosa historia, este pasado viernes 25 de abril empezaron las excavaciones en el desierto de Alamogordo. No fue hasta el día siguiente, el sábado 26, cuando tras tres horas levantando arena, las excavadoras tocaron cartucho. Con el hallazgo se pone fin a una historia de la que siempre hubo pruebas pero que el mismo paso del tiempo se encargó de enterrar a su propia manera.

En el documental que se está preparando sobre la gesta están involucrados Microsoft y la productora de cine Fuel Entertainment, conocida por sus oscarizados filmes Man on Wire y Searching for Sugar Man. No obstante, algunos de los que siempre han tenido un ojo puesto en esta historia no acaban de estar convencidos de la rapidez y el estado en el que se han encontrado los juegos.

"Que ahora se hayan encontrado restos no deja de ser tremendamente sospechoso", explica este auténtico arqueólogo de todo lo relativo a videojuegos retro. "Muy rápido los han encontrado, con demasiado atino y en demasiado buen estado, papel que aparece como nuevo después de treinta años bajo tierra, grapas de los manuales sin una pizca de óxido y con cámaras de vídeo para inmortalizar el momento justo en el instante preciso".

Los responsables de la excavación todavía no han detallado cuantos cartuchos y demás material de Atari se ha encontrado, pero se habla de miles de juegos. Mientras tanto en Alamogordo, se celebra la noticia la noticia de este peculiar yacimiento arqueológico pueda seguir atrayendo a aficionados de los videojuegos a la población, y aunque han decidido regalar 250 videojuegos a los encargados del documental, no está claro si van a acabar vendiendo el resto de material encontrado.

En un sector como el de los videojuegos, en el que la digitalización también amenaza con acabar con el formato físico, la historia de E.T. y los cartuchos enterrados resuena hoy en día a tiempos muy lejanos. Tiempos en los que historias extravagantes pero verídicas como esta eran posibles pero que el paso del tiempo era capaz de convertir en leyenda. "Cuando acabó la sepultura", relata S*T*A*R* "los lugareños siguieron con su particular cachondeo y plantaron una falsa lápida en la que se podía leer 'Aquí yace E.T. y su familia'."