Como verdaderos hombres de fe, sencillos y humildes, fueron definidos los nuevos Santos Juan Pablo II y Juan XXIII por Su Eminencia Reverendísima Cardenal Leopoldo Brenes, durante la homilía realizada en la Iglesia Jesús de la Divina Misericordia ubicada en Villa Fontana.

Con la iglesia llena de feligreses, el Cardenal Brenes mostró diversas reliquias, entre ellas un trozo de tela de una sotana, dos hermosos retratos de los nuevos santos y un anillo y un pectoral de plata que le obsequió el Santo Padre Juan Pablo II en unos de sus encuentros.

“En el Papa Juan XXIII y en el Papa Juan Pablo II encontramos verdaderamente esos hombres sencillos, esos hombres humildes. Al iniciar esta homilía les preguntaba y me preguntaba a mi mismo que significa esta fiesta para nosotros, que implica para nosotros, que nos llama esta fiesta y lo que hoy el Señor ha querido ponernos a nosotros como Arquidiócesis esa interrogante y como fruto podamos darle una respuesta al señor, cada quien podrá responderle al señor desde su experiencia”, indicó Brenes.

Agregó que la experiencia muestra la sencillez y la humildad que siempre pregonaron y demostraron en su vida sacerdotal.
Recordó que de niño el Papa Juan XXIII le dijo a su mama le gustaría ser el cura de pueblo y pobre y su mama le respondió que ya llenaba dos requisitos, el ser pobre y vivir en un pueblo “de ser cura lo vamos a mirar más adelante”, le respondió la madre.

En relación al Santo Juan Pablo II, Brenes subrayó que fue un hombre sensible y que pudo sentir la grandeza de la misericordia de Dios, “que nunca lo abandonó, todos sabemos cómo sufrió el Papa Juan Pablo II desde niño, la pérdida de su madre, la pérdida de su hermana, de su padre, de su hermano queda totalmente solo, sin embargo ese hombre de fe, ese hombre humilde descubre una experiencia personal e intima la presencia maravillosa de Dios en su vida, que no se sintió solo, sino que se sintió siempre acompañado por esa presencia maravillosa de Dios”.

En sus palabras en la homilía en la Iglesia Jesús de la Divina Misericordia, recordó que Juan Pablo II tuvo la presencia de Dios cuando fue herido de bala en la Plaza San Pedro un 13 de mayo de 1981.

“Que hermoso mis buenos hijos mirar hoy en San Juan Pablo II al hombre sencillo, de una fe sencilla que muchas veces nos puede faltar y queremos signos extraordinarios que nos dejen muchas veces boquiabiertos y que estemos tratando de buscar una explicación científica y que las explicaciones nunca nos convencen, sin embargo en este hombre de Dios encontramos esa sencillez, una humildad que lo hace grande en su fe”, expresó.

En este encuentro con los feligreses de Villa Fontana, el prelado nicaragüense instó a seguir el ejemplo de humildad y sencillez de Juan Pablo II y Juan XXIII.