¿Pero cuál de todos los Tomás Borge murió? ¿El hombre que no escatimó su lealtad a un amigo, pasara lo que pasara? ¿El escritor de prosa deslumbrante como si en vez de haberse especializado en las artes de la guerrilla y la subversión contra la peor tiranía de América, se hubiese graduado de poeta en las montañas y la resistencia urbana? ¿El huelguista que pasó más días sin ingerir alimentos en las cárceles de Anastasio Somoza? ¿El torturado día y noche sin soltar un solo nombre y dirección de las casas de seguridad que le exigían los verdugos de la Oficina de Seguridad Nacional? ¿El Tomás que entrenó en la clandestinidad nada menos que a 4 generales que llegaron a comandar el actual Ejército Nacional? ¿Uno de los artífices del Diciembre Victorioso de 1974? ¿El líder político que también un día fundara el Frente Sandinista de Liberación Nacional? ¿El notable orador de las tribunas y las plazas llenas de bote en bote? ¿El hombre de la clandestinidad o el reo político condenado a cadena perpetua?

Eran tantos Tomás Borge en una sola vida, seducido por la genialidad de Guayasamín, que plasmó  su imagen para la eternidad, por los libros de Eduardo Galeano, a quien alojaba en su casa cuando venía a ver de primera mano la Revolución Popular Sandinista, por Julio Cortázar y su Rayuela, a quien apenas al comienzo de la Nicaragua Libre lo llevara a San Marcos y otros pueblos, para que se diera un cálido baño de multitud que no encontraría en otras latitudes ni detrás de las puertas condenadas.

Tomás el hombre de izquierda y el hombre de letras. Sin sus poemas, sin su palabra pulida,  el canto sandinista siempre hubiera existido, pero no a la altura que llegaron en el más hermoso alimón que se conoce en una revolución triunfante en toda la faz de la Tierra: la unidad rojinegra de Tomás y Carlos Mejía Godoy.    

Un periodista mexicano describió, me imagino que inspirado por lo que veía y escuchaba del líder revolucionario: “Tomás Borge cuando habla frente al pueblo, es como un tiburón moviéndose en las profundidades del mar”.

“Mira, me dijo un día, nosotros los Leo, como dice Fidel, en vez de caminar desfilamos”. Siempre admiró en voz alta y de frente al ex Jefe de Estado y guardaba un enorme respeto por Cuba, como si en su corazón alcanzara una segunda patria. Guerrillero y comandante, diputado del Parlacen, antes del nuevo gobierno del FSLN, miré que atendía a la gente que llegaba a buscarlo y se esforzaba por ayudarles sin esperar nada a cambio.

Hablaba del comandante Daniel Ortega como de un hermano querido, y sin ánimo de que se publicara en letra de molde su confianza, estaba convencido de que el plan de gobierno del FSLN para la recuperación de una democracia digna, incluyente, estaba en buenas manos. No se ufanaba, devuelta al poder, de contar con acceso directo a él y no le soltó el hombro en los últimos años, antes de 1997, cuando de nuevo el amanecer se volvía una tentación.

Parecía creer en aquellas palabras de Carlos Fonseca: “El amigo de verdad critica de frente y elogia por la espalda”. Y realmente elogiaba por la espalda: además de Daniel, que yo le haya escuchado, se refería con nobleza al Comandante Guerrillero, Edén Pastora, tanto que parecía un pariente muy cercano, a pesar de las diferencias en aquellos años antes de la unidad del FSLN. Tampoco se echó para atrás en su amistad con Lenín Cerna, cuando éste recibía la más amarga y sistemática diatriba en los años 90. Y hasta elogió a Pablo Antonio Cuadra, el grande, el PAC del verbo maestro.

Estos eran los Tomás que conocí, como aquel Borge que un día andaba enojado contra los adverbios y en otra ocasión, cuando le pregunté qué cosa realmente le hubiera gustado ser, en caso de no haberse ido a la guerrilla, respondió sonriente, entusiasmado: “me hubiera encantado ser un vendedor de metáforas”.

Pero no fue en los libros, ni en la letra de los cantos, donde vi por primera vez el nombre de este revolucionario plasmado con toda intensidad; no, no fue en los discursos oficiales ni en los periódicos, sino en las pintas urgentes con letra de pueblo en los muros subversivos de mi ciudad: “¡Cese el aislamiento de Tomás Borge y Marcio Jaen!”.   

Gracias, Comandante, por haber fundado junto a otros hombres de buena voluntad, el Frente Sandinista.

Jinotepe, 1 de Mayo 2012