Primera Campana. Se ha erigido un fetichismo con esto del diálogo, entre el Gobierno de Unidad y Reconciliación, GRUN, y la Iglesia Católica, como si el país estuviera en ruinas y el solo sentarse a la mesa con actores sobrenaturales “salvaría” a la nación de pagar las primeras facturas del Juicio Final.

La realidad es otra. Los augurios de calamidades y otras obsesiones fatídicas solo están en la cabeza de la extrema derecha. No se puede “sanar” una Nicaragua que precisamente va en rutas de “¡Pura vida!” (*), como exclamaría el finado actor mexicano “Clavillazo”. Los enfermos son otros.

La República, si bien sufre los estragos provocados por el capitalismo en su fase brutal de codicia organizada, no está, gracias a Dios, cerca de ninguna ruina.

Un ex ministro de Bolaños, impresionado, ve venir un “flujo extraordinario de recursos”, inédito en nuestra historia, por la promoción del presidente Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo, de la Hidroeléctrica Tumarín y el Gran Canal Interoceánico.

Segunda Campana

Se habla del “diálogo” como si nunca se hubiera pronunciado un par de palabras en Nicaragua, uno de los países más expresivo de este planeta, refrendado en el Diálogo Mayor a través de los comicios. Diálogo, según la Real Academia Española, es: “Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos”.

Pero esa definición semántica no interesa a quienes se consideran dueños de la palabra. Para ellos, Nicaragua aún es un concepto del siglo XIX, cuando los únicos con el poder de decir y decidir --- entonces lo mismo--- eran los jerarcas conservadores de abolengo con sus homólogos eclesiásticos: el diálogo excluyente entre el solio presidencial y la peana clerical.

Pero los aires de las revoluciones como la del general Zelaya y la Sandinista, los vientos y los Nuevos Tiempos, y tantos Advientos celebrados desde entonces, no soplan en vano. Y lo que ha quedado de esa férrea nostalgia de fierro ganadero es un culto al pasado de las herraduras hidalgas, donde el “diálogo” era vertical, de arriba hacia abajo y con la inconfundible fisonomía de hígado de una orden.

Tercera Campana

En estos días, políticos - teólogos martillan sobre las pláticas, como si lo más atrasado de los siglos se hubiera encabestrado a sus cabezas. No logran advertir que ahora hasta el Papa aborda el tema, pero no al estilo impuesto por los anteriores jefes de El Vaticano en inhóspitas edades, salvo Juan XIII.

Es pertinente, pues, que cuando se haga esa desactualizada referencia Iglesia-Estado, se democratice la relación. Conviene aclarar que no hay una “Iglesia”, sino muchas y de diversos credos.

Además, hay buenos vínculos con algunos jerarcas, porque hay muchos miembros del clero con los cuales el Gobierno mantiene una fluida cordialidad. Prevalece un coloquio en lo cotidiano y puntual, entre gobiernos municipales y religiosos. Y lo mismo se hace con los demás campanarios de la nación.

La representatividad del diálogo no empieza ni concluye con el episcopado. ¿Qué “diálogo” será ése que de un plumazo ningunee a las iglesias evangélicas que sí se han entrevistado con el Gobierno Sandinista?

El Censo Nacional de 2005 refirió que el 58.5% de creyentes son católicos. Sin embargo, M&R, detalló que esa confesión, hace un año, constituía el 53.4%. Líderes evangélicos coinciden que el índice de la población activa en sus cultos es del 40%, lo que es palpable por la cantidad de cruzadas y campañas evangelísticas, amén de la multiplicación de los peces, panes y templos.

Cuarta Campana

Es un contrasentido que en nombre de la “democracia” se “abogue” por un diálogo de cúpulas, para una mohosa reedición de los 30 años conservadores, y se esfumen mediáticamente los puentes que se han establecido entre representantes del Gobierno Sandinista y parte sustancial del clero y los evangélicos.

Reducir el “diálogo” a la Iglesia Católica, y con esta solo a nivel jerárquico, no habla muy bien de aquellos que se suponen lumbreras de la “modernidad” y de la democracia pero, al final, su mentalidad provinciana no trasciende la nostalgia del Estado Parroquial.

El mismo Papa debió plantear el nuevo modelo del Obispo, debido a los excesos al margen de la praxis cristiana. Es decir, no por pertenecer a esa dignidad eclesiástica ya se es un verdadero pastor, sobre todo cuando se anda tan metido en un partido, que en vez de sermones, elabora su propia lista de candidatos para cargos públicos, en vez de predicar la paz, bautiza a sujetos con historial delictivo como “alzados en armas” y lejos de proclamar con su vida los Diez Mandamientos, propone una Constituyente.

Francisco dijo: “Tenemos que elevarnos por encima de nuestras eventuales preferencias, simpatías, pertenencias o tendencias para entrar en la amplitud del horizonte de Dios” (27 de febrero 2014, Aciprensa). Obviamente, si Juan Abelardo Mata ni siquiera está de acuerdo con el Gobierno del Papa, menos que lo esté con el del presidente Ortega.

Quinta Campana

El Cardenal Leopoldo Brenes reconoce, sin dejarse llevar por injustificadas calenturas ajenas: “Yo pienso que en Nicaragua se fomenta la cultura del diálogo, yo pienso que sí, todo mundo está hablando del diálogo, ahora es cuestión que vamos dando los pasos, hoy hay un ambiente más propicio...”. (El 19 Digital)

La práctica es el resultado de las pláticas. En todos los municipios donde hay alcaldes y concejales que fueron postulados por el Frente Sandinista, no solo hay una comunicación con los párrocos, sino a veces, por identificación personal religiosa, tanto es el diálogo Alcaldía Sandinista-curas que parecen idílicos Concordatos Municipales.

Sería imposible en este mundo que a través del silencio o de la contienda, o de un diálogo de sordos, la Arquidiócesis acuerde con la alcaldesa de la principal plaza de Nicaragua, la imposición de la mayordomía y después, en rito aparte, la “Tajona”. Y es lo que ha sucedido previo a las celebraciones agostinas, cuando el párroco de la Iglesia de Santo Domingo, Jorge Muñoz, habilita a Daysi Torres, para la corresponsabilidad de las fiestas más populosas del país.

Por si fuera poco, en un diálogo muy movido, a la par del pueblo fervoroso, ambos, sacerdote y edil sandinista, “cargan y bailan” a la diminuta imagen y al mismo son: ¡esa es la Iglesia Católica Apostólica y Romana en pleno, no en pleito! Si así de “frías” están las dos instituciones, cómo será cuando se “calienten”.

Sexta Campana

El famoso tema del “diálogo” entre jerarquía católica-gobierno, es, en sí misma, una matriz de ataque al fallarle a la derecha todo su catálogo apocalíptico. Ahí va a la remolca, detrás de ancianitos, de cualquier incidente aislado y, muy “modernísima”, a la zaga de las sotanas.

Sin embargo, la comunicación del clero con los funcionarios públicos, la colaboración con la Policía enfocados en respuestas comunitarias al fenómeno de la delincuencia, y otras plataformas de concertación para darle forma al Siglo XXI, están a la orden del día.

Que los oficiantes de desdichas que predican la libertad de prensa no oigan esa campana por el ruido de su campaña en denigrar al Sandinismo como “enemigo implacable” de la Iglesia Católica, ya es faltar a uno de los pilares inculcados a sus fieles: “No levantarás falso testimonio”.

Extraño “enemigo” que ya quisieran católicos de otras latitudes, que deja a sus radios sonar libres; entrenar en toda la historia su primera señal de TV y difundir de forma irrestricta por todos los medios, sus misas, pastorales y jornadas eclesiásticas, en tanto los fieles catequizan sin impedimentos en recónditas comunidades.

Rarísimo “enemigo” este en un país donde se conmemoró a lo grande el Primer Centenario de la Provincia Eclesiástica, mientras sus párrocos no faltan en las actividades que se realizan hasta en el último rincón donde arrima el progreso, impartiendo bendiciones que es lo principal de todo diálogo: el arte del bien decir.

(*) Película del mismo nombre, 1955, del artista poblano de Teziutlán, Antonio Espino y Mora, que le dio a Costa Rica su emblemática frase.