“Sin el sombrero, su extrema delgadez podía hacer suponer que sólo se requería soplarle para que se cayera. Pero bastaba que comenzara a hablar para que el enjuto cuerpo cobrara estatura de gigante”. Así describía al General Augusto C. Sandino el historiador y periodista argentino Gregorio Selser, uno de los biógrafos más connotados del guerrillero nicaragüense.

Efectivamente, Sandino no era un hombre que impresionaba físicamente, pero su personalidad no tenía parangón alguno. Una mirada fija y una firmeza al hablar eran rasgos característicos que causaban la admiración de sus combatientes, de los periodistas que le entrevistaron e inclusive de quienes no coincidían con sus ideas de Soberanía, Integracionismo y Antiimperialismo.

Un hombre marcado por su propio origen

Cuando el General inicia su lucha armada contra la intervención estadounidense en 1927, tenía apenas 32 años. Era joven aún, pero estaba marcado por la historia de Nicaragua y de América Latina, y sobre todo, marcado por su propia historia familiar.

Ser hijo fuera de matrimonio y haberse criado en un mar de limitaciones económicas, fueron fundamentales para que Sandino en su adultez se pronunciara a favor de los más desposeídos, y por tanto en pro de hacer de Nicaragua un país más justo.

Tan trágica fue la infancia de Sandino, que el historiador y diplomático Aldo Díaz Lacayo, destaca que éste no tuvo una formación académica formal, a pesar que luego adquiría una vasta cultura y por tanto un pensamiento filosófico de los más aventajados que ha dado el país.

Díaz Lacayo es enfático al asegurar que Sandino “desde que nació hasta los 11 años anduvo de la mano de su madre (Margarita Calderón) en la miseria más absoluta”.

Su entorno político

Un aspecto que marca también a Sandino desde su primera infancia es un país convulsionado políticamente. Al nacer en 1895 le tocó vivir los tiempos de la Revolución Liberal del General Zelaya –derrocado por los Estados Unidos en 1909-, de allí que influenciado por su entorno, había acogido esta ideología, la cual posteriormente puliría hasta convertirla en la más elevada expresión de idealismo político revolucionario.

Un hecho que conmovió sobremanera al futuro guerrillero ocurrió el 4 de octubre de 1912, cuando apenas tenía 17 años. Ese día fue testigo presencial de como las tropas intervencionistas de Estados Unidos vejan el cuerpo del General Benjamín Zeledón, luego de que cayera heroicamente levantando la bandera de la soberanía nicaragüense.

México y el idealismo revolucionario

En 1921 Sandino emprende un peregrinaje que también sería fundamental para su formación política. Visita distintos países de América Central profundizando sus conocimientos sobre las injusticias sociales y sobre el impacto que tiene la expansión yanqui en los países del área.

Durante este peregrinaje arriba a México, un país que vive un proceso revolucionario de los más avanzados en América Latina.

Allí el general Sandino trabaja en una empresa petrolera estadounidense, pero más allá de eso “logra captar ese pensamiento revolucionario mexicano, logra comprender la Revolución Agraria Zapatista, logra conocer incluso pensamientos teosóficos que le dan un concepto de Dios y de una Divinidad, una Providencia justiciera”, explica el historiador Clemente Guido.

El sindicalismo y el cooperativismo, así como las diferentes corrientes ideológicas de la época estaban presentes en México, convirtiéndolo por lo tanto en un lugar aleccionador para un hombre ávido de conocimiento como Sandino.

Más aún, Sandino siente en carne viva el desprecio de los yanquis hacia los latinoamericanos, lo cual transforma radicalmente su pensamiento y empieza a ver que gran parte de las desgracias de Nuestramérica son el resultado de la política expansionista estadounidense.

Los yanquis y el despertar nacionalista

Cuando en 1926 se da en Nicaragua el golpe militar del caudillo conservador Emiliano Chamorro, Sandino inmediatamente se identifica con la causa liberal y el respeto a la Carta Magna nicaragüense, es por ello que decide regresar y sumarse a la guerra acaecida luego del rompimiento constitucional.

En la guerra, la columna segoviana, que dirigía Sandino, logra importantes victorias, al igual que las demás columnas liberales. Sin embargo, los liberales y su general en jefe, José María Moncada, deciden pactar el 4 de mayo de 1927 con los intervencionistas yanquis a cambio de prebendas políticas. El único que se negó a aceptar tal ignominia fue Sandino, quien inmediatamente vislumbra que el gran enemigo a combatir son los Marines. Empezaba así una guerra de liberación.

“Él no rompe con los liberales por ser anti liberal en ese momento, él no rompe con los conservadores por ser anti conservador, él rompe con ellos porque ellos se ubican y se posicionan a lado de los Estados Unidos de Norteamérica”, expresa Clemente Guido.

Esta traición da pie a la conformación de una teoría revolucionaria forjada en una práctica vivencial que llegó a denominarse Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN), que luego de incontables batallas frente a los marines estadounidenses, logró que estos se retiraran derrotados de Nicaragua en enero de 1933.

“Cuando uno dice que es una guerra que ganó (Sandino y el EDSN), creen que es una figura literaria. No. Está reconocido por los Estados Unidos que Sandino le ganó la guerra. Hay una placa en el Salón de las Banderas del Departamento de Estado que dice eso: Solo dos guerras hemos perdido: (la guerra contra) Sandino y Vietnam”, subraya el historiador Aldo Díaz Lacayo.



Conocimientos de Sandino son vastos

En esos seis años de lucha recibió a todos los intelectuales de América Latina, lo cual fue de suma importancia para Sandino, ya que le ayudó a incrementar de manera exponencial sus estudios.

“Cuando uno lee los documentos de Sandino se queda admirado de lo que ese hombre sabía en términos de geopolítica, en términos de ideología, en términos de política propiamente dicho”, expresa Díaz Lacayo.

Es en esos años donde Sandino forja su gran legado en base a los principios de Nacionalismo, Antiimperialismo, Internacionalismo, Constitucionalismo, y Democracia Representativa.

El Supremo Sueño de Bolívar

Dichos principios son los que actualmente se están reivindicando en la Revolución por la Segunda Independencia de América, a través de mecanismos de diálogo e integración como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

De destacar en este aspecto es uno de los principales sueños de Sandino: el ver construido en Nicaragua un Canal Interoceánico sin influencia alguna de los Estados Unidos, tal y como está plasmado en el histórico Manifiesto “El Supremo Sueño de Bolívar”, dado a conocer un 20 de marzo de 1929.

Sandino recuerda que el Canal de Panamá es propiedad norteamericana, de allí la necesidad de construir uno con la participación de otros países, sin que ello ponga en peligro la soberanía nacional.

Sueño aún vigente

Bajo estos principios hoy en Nicaragua el gobierno que preside el Comandante Daniel Ortega, está impulsando la construcción de ese gran sueño, que a la postre vendrá a beneficiar profundamente a la sociedad nicaragüense, de la manera que había enunciado el gran héroe nacional.

Sin embargo, la vigencia del pensamiento de Sandino va más allá de las acciones gubernamentales. Se expresa también en una realidad indudablemente admirable porque concretiza lo que quería el general sucediera en Nicaragua.

“Hay un pueblo mayoritariamente unido a sus gobernantes con la bandera del general Sandino, con los ideales del general Sandino”, señala Clemente Guido, quien destaca que el pueblo se ha sumado a esas jornadas de solidaridad que hacen que ese legado continúe vivo en el corazón de cada uno de los nicaragüenses.

Bandera rojinegra nos cobija

Pero Sandino caló y sigue calando más allá de las fronteras nacionales. Durante su lucha, los especialistas recuerdan que el general logró una solidaridad universal, al punto que Mao Zedong, el gran líder chino, nombró Augusto C. Sandino a uno de los batallones de su lucha liberacionista.

Tras su asesinato el 21 de febrero de 1934, Sandino fue vilipendiado dentro de Nicaragua, mientras que en el exterior fue prácticamente olvidado.

Fue a partir de los años setentas del XX cuando se empieza a recuperar su pensamiento, llegándose a consolidar definitivamente luego del Triunfo Revolucionario de 1979 y hoy en esta segunda etapa de la Revolución, con el Comandante Daniel Ortega y la Compañera Rosario Murillo al frente.

Con la derrota electoral de 1990, los posteriores gobiernos neoliberales quisieron volver a enterrar la obra del gran guerrillero, sin lograrlo.

Las palabras de Aldo Díaz Lacayo dejan más que claro el cambio profundo que se ha experimentado en Nicaragua: Hoy los sandinistas “estamos vivos, estamos gobernando con la bandera Roja y Negra de Sandino y la bandera Azul y Blanco de la Patria”.