Cuando en Mayo de 1927 el General Sandino decide enfrentar a los marines estadounidenses, como un David frente a un rudo e invencible Goliat, solamente le acompañaban 29 hombres.

Eran 29 “locos”, 30 con él, que se disponían a combatir al cruel imperialismo yanqui. Solo el Impulso Divino y el valor de lo que él llamaba Raza Indo-Hispana alimentaban a ese grupo de hombres que, no en una ocasión, hicieron que el rubio invasor mordiera el polvo de las agrestes montañas nicaragüenses.

Durante la Guerra de Sandino, según los historiadores, habían acantonados en Nicaragua 12 mil marines estadounidenses. Era por lo tanto un ejército de ocupación considerable si se toma en cuenta la época y el tamaño del país.

Un hombre convencido

Pero el general estaba como poseído de una aureola de invencibilidad, y sus mismos escritos dan luz de lo que él consideraba la misión divina de expulsar a los invasores de su patria.

La espiritualidad de Sandino estaba tan arraigada que en 1927 cuando empezaba su lucha en las montañas, escribe una carta a Blanca Arauz, en donde deja clara su fe de que Dios le ayudará a salir triunfante en esa guerra que apenas empezaba.

En dicha carta le decía a Blanca “sé optimista, ten fe en Dios y El nos ayudará a libertarnos (…) yo supongo que nuestro triunfo ya no admite dudas pues Dios no solamente ha favorecido nuestra causa, sino que se ha convertido en parte interesada, que todas las grandezas que obtengan los piratas que no deslumbren a ustedes porque la grandeza de Dios es protectora nuestra”.

Sólo esas palabras bastan para expresar parte de las ideas y la profunda espiritualidad del General, asegura el historiador Clemente Guido.

Guido señala que Sandino en sus escritos siempre menciona a Dios como su guía.

“Cuando el General Sandino dice esto, yo estoy seguro que ya ha leído la Biblia y se siente identificado con ese Dios de los pobres, ese Dios que libera”, manifiesta.

Una Fuerza Universal

Sin embargo, la espiritualidad del héroe nacional se encuentra reflejada de una manera más profunda en su famoso manifiesto Luz y Verdad, suscrito el 15 de febrero de 1931 y dirigido a los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN).

“Todos vosotros presentís una fuerza superior a sí mismos y a todas las otras fuerzas del Universo. Esa fuerza invisible tiene muchos nombres, pero nosotros le hemos conocido con el nombre de Dios”, subraya Sandino en ese escrito.

En el manifiesto fácil es encontrar a un hombre empapado de una concepción del mundo donde impera sobre todas las cosas la Justicia Divina.
Para Sandino la Injusticia tiene su origen en la envidia y en el antagonismo de los hombres.

Otro concepto que traza es el de Juicio Final, el cual debe ser comprendido como la destrucción de la Injusticia para dar paso al reino del Espíritu de la Luz y la Verdad, es decir, del Amor.

Sandino creía que llegaría el momento cuando donde los pueblos romperían las cadenas de la humillación y se levantarían contra los imperialistas de la Tierra.

“Las trompetas que se oirán van a ser los clarines de guerra, entonando los himnos de la libertad de los pueblos oprimidos contra la Injusticia de los opresores”, expresa en ese famoso documento, donde deja clara su firme creencia en que el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional fue escogido como instrumento de la Justicia Divina.

Empapado de misticismo

Es este Sandino, firme creyente en la Justicia, el que causa tan enorme impacto en América Latina, Europa y el Mundo, a tal punto que durante su lucha en las montañas se crean Comités de Solidaridad en países como Brasil, Estados Unidos, Centroamérica, México, Venezuela, Colombia, Argentina, España y Francia.

¿Cómo llegó Sandino a desarrollar un nivel de espiritualidad tan elevado? De acuerdo al periodista William Grigsby Vado, el General estaba empapado de una moralidad inmensa derivada de sus aprendizajes.

“Sandino era un hombre motivado por un gran misticismo de la época, (por) las escuelas de la época. Él había estudiado mucho esa escuela sobre todo en México, aunque también después en Nicaragua”, explica.

Sin embargo su pensamiento iba mucho más allá, al punto que llegó a afirmar que no creía en divinidades, sino que creía en una Providencia.

“Él decía: yo no creo en las divinidades, yo creo en la Providencia. Él decía que había una Providencia que era la que le enseñaba. Él tenía meditaciones yoga con frecuencia”, subraya Grigsby Vado.

Su mística y desprendimiento también tenía un nivel superior, ya que habiéndose criado en la miseria y habiendo logrado ahorrar mucho dinero cuando estuvo en México, todo eso lo invirtió en comprar armas para liberar a Nicaragua. El punto culminante de esa entrega ocurre una vez que acaba la guerra cuando se dedica a crear la cooperativa en Wiwilí sin esperar para él absolutamente nada.

“Lo único que quiero es que me garanticen la vida de mi gente, yo no quiere nada para mí”, decía el General.

Sandino está en todos nosotros

Pero precisamente por esa misma espiritualidad y conciencia de pertenencia es que Sandino hoy está presente en todo el quehacer revolucionario.

Así lo deja patentizado el escultor y pintor Arnoldo Guillén, al sostener que la espiritualidad de Sandino trastoca y cala en la idiosincrasia nicaragüense.

“Se nos presenta como esa figura que inspira libertad, se nos presenta en esa forma que inspira lucha inclaudicable. Por eso todos estamos impregnados de ese ser que es Sandino, un hombre que emergió de la montaña, como un ser divino, y que se presenta como un libertador, un guerrero de la paz”, subraya.

Tan ciertas fueron las palabras de Sandino que cuando los Marines salieron de Nicaragua en 1933, lo hicieron sin haber podido vencer al que ellos llamaban un bandido. Su asesinato un año después por orden de los Estados Unidos no hizo más que consolidar su historia y abrir una nueva etapa de lucha para llevar a Nicaragua a los Nuevos Tiempos, tiempos de Luz y Verdad, tal como él lo había enunciado.