"Me estoy haciendo paso a la fantasía”. Podría ser una canción, pero así cerraba la primera nota (septiembre 2004) que hacía Benito Cerati, con el Sí! Tenía 10 años, pero ya había compuesto tres discos. Claro, se trataba de un especial de niños jugando al rock, o viviéndolo (Banderita, o Joaquín Cañardo, era el chico de tapa, hoy en la extraña formación Postapoxi) desde adentro. La charla (con autorización de mamá Cecilia Amenábar) había sido por Messenger, hoy una tecnología extinta. Benito se acuerda, quería saber “si iban a salir las caritas”, los emoticones, impresos. Hoy, en enero 2014, Benito imprime emociones.

Con intermitencias, pero con decisión, Benito Cerati se afirma en su propio camino musical. Y suma horas de vuelo en el escenario. En el centro del mismo. Llegado a La Feliz, bromea sobre el nombre de una gira para Trip Tour y avanza: “Se trata de activar fechas, tocar el disco. De a poquito, estoy saliendo de las sombras”.

-Definís a Zero Kill como “un proyecto mutante”. ¿La banda se ensambló con posible continuidad o sólo te acompaña?

–El proyecto es una idea, una necesidad de sacar afuera música que venía acumulando. Y la banda se formó para darle forma al disco en vivo, es cuando deja de ser un proyecto que tiene que ver sólo conmigo. Conectamos muy bien.

En el escenario lo rodean el dúo Ut Ut Ut: Dana en el bajo y Pío en teclados (“tienen su propio disco, orientado al funk, con temazos hiper pegadizos”), Oaky Castelliani en batería (“un groso como pocos”) y Rulo (“un amigo de la secundaria”), es el guitarrista.

Trip Tour es el primer disco editado oficialmente (por Sony), pero ya se sabe: Benito es tan precoz que todavía flotaba en su mamá, cuando ya “grabó” sus latidos en Te llevo para que me lleves (de Amor amarillo). A los 5 jugaba con la Roland 303 de papá y grabó Cohete y Ronron. Nunca paró: colaboró en líricas para dos discos de su padre (Ahí vamos y Fuerza natural) hasta que materializó su reciente adolescencia: “Esto es nuevo para la gente, pero para mí es etapa cerrada. Hay canciones compuestas cuando tenía 15, una 17, y otra 18”. Un ejemplo, Hidrofobia: “Salió de una hoja de Química de la escuela. Quería armar una historia de amor, con palabras raras que resonaban de ese momento”.

–Sos fan de las máquinas, ¿o te gusta algún otro instrumento?

–Sí pero son más para componer en soledad. Siento que tengo que perfeccionar el canto, para sentirme más seguro.

No está solo. Va por la vida rodeado de “tíos geniales” como Tweety González (“captó enseguida de qué iba el demo y lo respetó mucho: él hizo que sonara así”) o Leandro Fresco y Fernando Nalé (“me ayudaron un montón, me encantaría hacer algo en el futuro con ellos”). Mientras espera el show de Nine Inch Nails (“voy a estar ahí en el pogo”), decir que creció rodeado de música es obvio, pero... “ Tengo una teoría: uno selecciona según lo que recuerda. Lo que sonaba cuando era niño, son bandas de los ‘90, algo del rock de los ‘70 y la electrónica post ‘80. Soy bastante de eso, una mezcla”.

–¿Tenías afinidad con los proyectos más electrónicos de tu papá, como Ocio o Roken?

–¡Sí! Especialmente con esa parte. Musicalmente hablando crecí más en esa época, con todas las máquinas alrededor. Hubo mucha influencia de eso, de lo electrónico. Cuando mi papá sacó Ahí vamos, yo ya había aprendido de él. Seguí colaborando, pero ya no era una cuestión de absorber.

-¿Hay un disco que te haya marcado fuerte?

-Bocanada. Es medio melancólico, es electrónico, está todo.

Afuera, rockea Cállate Mark, con Florián (el cachorro Vicentico) al frente, rodando por el escenario. Benito se lookea, comenzando su transformación para flotar en vivo...

–¿Hay alguna colaboración hecha con tu papá que hayan grabado?

-Hay, más que nada cositas, mejoras que él le ha hecho a canciones mías de hace tiempo, ideas de riffs. Ahora retomé un par de esas.

–Cuando te llevaba a shows, ¿era para que vieras “cómo era de verdad”?

–Me llevaba más que nada para compartir un viaje. Nunca tuve esa sensación. Ni él tampoco la actitud de: “Mirá, aprendé”. Ahora, siento que no le soy tan extraño al ambiente de los shows, lo absorbí todo de esos momentos...

Dan ganas de abrazarlo, de compartir un deseo, con su fresca madurez habla sobre la vigilia que mantiene: “Estoy esperando que ocurra lo que tiene que ocurrir. Por supuesto que uno espera lo positivo, y Dios quiera que así sea. Sería el milagro más grande de todos y lo mejor que podría pasarnos a la familia entera, pero hay que caer en la realidad de vez en cuando”. Zero Kill está en el escenario. Y Benito Cerati saluda: “Hola. Gracias por venir”.