Durante las primeras 2 décadas de vida religiosa, los evangélicos de linea pentecostal (tradición cristiana basada del libro de los Hechos de los Apóstoles, semejante al movimiento carismático católico), sufrieron cruel persecusión por tener una fé extraña que según decían, “no creen en la virgen” y por no creer en dioses de palo o de yeso.

Con el advenimiento de la lucha del general Sandino y dado que las autoridades constituídas de la época se parcializaban a favor de la iglesia católica que llegó incluso a prohibir que a los “masones” (apodo con el que se conocía a los evangélicos), se les enterrara en los cementerios municipales, los primeros convertidos buscaron la protección del general Sandino.

Cuenta la narrativa de un modesto texto de historia eclesiástica nicaraguense, que el general Sandino le entregó una bandera rojinegra a un pastor, quien la enarboló y cesó toda persecusión contra los evangélicos en la zona de las Segovias y los departamentos de  Matagalpa y Jinotega.

Pero muerto Sandino y con la entronización de la tiranía somocista, volvió la vieja práctica provincina y parroquial por parte de los católicos de agarrar a “lajazos” (pedradas) los cultos evangélicos o de lincharlos en las calles si se atrevían a predicar en la vía pública.

Mi padre, el Reverendo Carlos Escorcia Sequeira me cuenta la experiencia que le tocó vivir, cuando a inicios de los 40s, mientras celebraban un culto en el parque Laborío, fueron atacados a pedradas por una turba católica. Repentinamente, un borracho montado en un caballo blandiendo una pistola y haciendo disparos al aire gritó: “el que toque a los evangélicos me toca a mi.” Los ataques cesaron inmediatamente.  El borracho empistolado era el marido de una hermana evangélica víctima de los ataques.

En Matagalpa mi familia era conocida como la tribu de Levi, no tanto por ser de prole numerosa, sino porque todas mis tías, incluyendo a mi madre, se casaron con pastores y mis tios tambien eran pastores. Mis padres, Carlos Escorcia y Celia Polanco se casaron en 1951 en la histórica iglesia Elim de las Asambleas de Dios de Matagalpa.

Aunque 1912 marca el momento histórico del inicio de la predicación del evangelio pentecostal, con las señales que acompañan al derramamiento del Espíritu Santo como orar en otras lenguas, el sanar a los enfermos y anunciar el Evangelio a los pobres, no fue sino hasta 1937 que las Asambleas de Dios se organizan formalmente como denominación religiosa debidamente constituída.

El triunfo de la Revolución Popular Sandinista toma por sorpresa a la dirigencia de las Asambleas de Dios y algunos líderes ven amenazas donde no las habían y persecusión que oficialmente no existió.  Un alto dirigente de las Asambleas de Dios, aprovechando sus conecciones internacionales, promovió el éxodo de numerosos pastores jóvenes, quienes salieron “huyendo” de la persecusión Sandinista a paises como Canadá, México y Colombia.

La realidad era otra.  Igual como sucedió en la iglesia católica que presionaba y hostigaba a los sacerdotes que simpatizaban con el Frente Sandinista, las Asambleas de Dios de Nicaragua desataron una ilegal e inmoral persecusión y cacería de brujas contra todo pastor que osara mostrar sus simpatías por la naciente Revolución Sandinista.

Una de las primeras víctimas de la ideología anti-comunista que predominaba en las Asambleas de Dios fue el reverendo Oscar Godoy Liévano, quien entre los años 1976-79 fue pastor precisamente de la iglesia Elim en Matagalpa.  Godoy tenía tambien el cargo de presbítero del distrito de Matagalpa, el cual incluía las montañas del norte, en donde el accionar de la guardia somocista contra la guerrilla Sandinista estaba en su apogéo.

Alrrededor de 1977, una humilde mujer, esposa de un pastor campesino se presentó ante el presbítero Godoy a denunciar que su esposo Pastor Perez, había sido arrestado y confinado a una bartolina de Waslala.  Godoy se trasladó de inmediato a Waslala al comando de la guardia a indagar por el pastor evangélico Pastor Perez.  El guardia con lujo de prepotencia le dijo, “aquí no tenemos a nadie con ese nombre.”

Godoy insistió y subió el tono de la voz, a lo cual el guardia le gritó, “ya le dije que no tenemos a ningún Pastor Perez aquí.”  Entonces, para sorpresa de Godoy, se escuchó un grito del fondo del patio, “aquí estoy hermano Godoy, ayúdeme.”  El guardia reconoció su error.  Godoy le dijo al guardia que informaria a sus superiores en Managua sobre la detención del pastor, quien fue liberado de inmediato.

Tal como prometió, Godoy informó a sus superiores de las Asambleas de Dios en Managua, todo el incidente de Waslala.  Estos, pero muy particularmente el misionero estadounidense Miguel Angel Solla, le dijeron a Godoy que dejara el asunto en manos de ellos y que ellos llevarían el caso ante Somoza.

Pero la represión de la G.N. en las montañas del norte arreció.  Una oscura noche de 1977, un grupo de creyentes de las Asambleas de Dios se encontraban celebrando un culto de oración en una capillita rural en las afueras de Waslala.  De repente aterrizó un helicóptero de la G.N., los hermanos fueron rodeados por los soldados, subidos al helicoptero y jamás se les volvió a ver.

Revelaciones de prensa posteriormente dieron cuenta que los campesinos de las Asambleas de Dios secuestrados por el helicóptero de la G.N. fueron arrojados al mar.  El incidente de Waslala fue posteriormente confirmado por el ex–teniente de la G.N. Jose Antonio Robleto Siles en su libro “Yo deserté de la Guardia Nacional.”

Godoy informó a sus superiores del secuestro y desaparición de una congregación entera de las Asambleas de Dios en las montañas de Waslala.  Estos le recordaron que dejara el asunto en sus manos, pero las semanas pasaron y nada sucedia pese a que el caso incluso había sido denunciado por el sacerdote  Fernando Cardenal ante una audiencia del congreso estadounidense en Washington.

Finalmente el CEPAD tomó cartas en el asunto. Una comisión de tres pastores, encabezada por el doctor Gustavo Parajón increpó a Somoza sobre la desaparición de los feligreses campesinos. El tirano prometió una investigación y que les informaría de los resultados.  Mas de 3 décadas despues, seguimos esperando los resultados.

Godoy cayó en desgracia ante sus superiores, no solo por los incidentes de Waslala, sino porque sus propios hijos participaban en las manifestaciones estudiantiles en el instituto Eliseo Picado de Matagalpa.  Uno de los feligreses de Godoy en, el doctor Enrique Lindo Valenzuela era abogado de la guardia nacional y reportaba ante los superiores de Godoy la conducta “terrorista” de los hijos Godoy. Lindo Valenzuela fue ajusticiado durante la ofensiva final de 1979.

Finalmente, Godoy fue transferido a Managua y luego del triunfo de la Revolución se unió a otros pastores que simpatizábamos con la lucha Sandinista. Pero las presiones de la jerarquía de las Asambleas de Dios en nuestra contra, persistieron.  Tres pastores fuimos suspendidos por el  “delito” de meternos en política partidaria, Oscar Godoy Liévano, Miguel Angel Casco Gonzalez y Carlos Alberto Escorcia Polanco.

En mi caso fui acusado de permitir que el púlpito fuera “mancillado” por el comandante Daniel Ortega.  El comandante estuvo de visita en la iglesia Siloé del barrio San Judas en 1981, con motivo de la clausura de un congreso del MEC (Movimiento Estudiantil Cristiano).

El reverendo José Miguel Torrez, del eje ecuménico MEC-CELADEC (Comisión Ecuménica Latinoamericana de Educación Cristiana) me había solicitado el uso del local para el acto de clausura.

El comandante Ortega pronunció un discurso en la humilde capillita de San Judas, el cual fue transmitido en vivo por Radio Sandino y La Voz de Nicaragua.

Al dia siguiente fui citado de urgencia por el Presbiterio Ejecutivo de las Asambleas de Dios para tratar “asuntos de la bienandanza de la obra del Señor.  Que había cometido una especia de sacrilegio al permitir que un hombre con las manos manchadas de sangre (en alusión al comandante Ortega), ocupara el púlpito sagrado, reservado para predicar el Evangelio.

Aunque no fui sancionado a lo inmediato, me encontraba en una suspensión disciplinaria de-facto. No se me permitía participar como predicador en cruzadas evangelizadoras, lo cual hacia antes con mucha frecuencia, ni se me permitía participar como candidato a ningún puesto a nivel nacional.

De nada me valió ser miembro de la tribu de Leví, con padres pastores, tíos pastores, tías casadas con pastores, un hermano pastor y yo mismo pastor, casi desde mi adolescencia.  Entre los rumores propalados en mi contra se decía que abandoné a mi esposa porque preferí al  FSLN y que me volví a casar con otra mujer llamada Vilma Nuñez de Escorcia, una dama que a juzgar por las apariencias puede ser mi mamá en edad.

El mismo superintendente de las Asambleas de Dios, Saturnino Cerrato Hodgson me acusó falsamente de alcohólico.  Aunque mi madre me parió virtualmente en una iglesia y aprendí a leer en la Biblia, un pastor dijo que Satanás era tan astuto que había logrado “infiltrar” profundamente en el seno de las Asambleas de Dios a un agente del “comunismo internacional”, ese agente era yo.

Me cabe el honor que dos de los mas respetados ancianos pastores, pioneros de la obra, que ya se marcharon a la presencia del Señor, no fueron parte de esta ignominia.  El reverendo José María Perez siempre me defendió ante los pastores y fue irrespetado por un pastor joven quien lo acusó de “demencia senil”.  Igualmente el reverendo José Dolores Barrera, otro pionero reconocido, me escribio una carta personal de su puño y letra expresándome que no aprobaba la persecusión en mi contra.

Los resultados de las encuestadoras durante las elecciones del 6 de Noviembre pasado, que le dieron la victoria al comandante Ortega, revelan un divorcio total del actual liderazgo de las Asambleas de Dios con su propia feligresía.  Aunque en términos estrictamente eclesiásticos, si existe un elevado control, en términos políticos, la feligresía a nivel de base marcha por un rumbo y la dirigencia por otro.

Mientras una encuestadora nacional reportaba que el 30% de la población nicaraguense pertenece a la fe evangélica, las encuestas tanto de la CID-Gallup como de M & R, indicaron que el partido que llevaba como candidata a vice-presidenta a Elizabeth Rojas, pastora de las Asambleas de Dios, obtuvo menos del 1% de los votos.

“Los 3 mosqueteros” (como nos apodaron nuestros hermanos pastores de las Asambleas de Dios a Gody, Casco y a mi), siempre sostuvimos nuestra inocencia y mas bien les advertimos que “la historia nos dará la razón”.  Casi 30 años despues, la historia nos ha dado la razón. Ahora ya no es pecado meterse en política, porque hasta un partido político “cristiano” promueve la actual dirigencia.

La inmensa mayoría de feligreses de las Asambleas de Dios pertenecen a los estratos mas humildes de la sociedad nicaraguense.  Estos han sido ampliamente beneficiados con los programas del gobierno cristiano, socialista y solidario del presidente Ortega y la primera dama Rosario Murillo.

Esta feligresía humilde de las Asambleas de Dios, que según las encuestas de antes y despues de las elecciones de 2011, votó mayoritariamente por el presidente Ortega, confirman plenamente no solo el slogan de los 80s “entre Cristianismo y Revolución no hay contradicción”, sino reiteran las monumentales palabras del sacerdote martir Gaspar García Laviana: “La liberación de un pueblo oprimido es parte integral de la salvación total de Jesucristo.”