En 1974 nadie hubiera creído ver a la fiera herida. Todos consideraban que cualquier intento de sacar a Somoza del poder era una acción suicida. Era algo cierto: derrocarlo, según todos los críticos, era prácticamente imposible, pero golpearlo se podía intentar, y eso fue lo que hizo el Frente Sandinista el 27 de diciembre de ese año cuando mantuvo cautivos a varios esbirros de la dictadura durante la histórica toma de la casa de Chema Castillo.

En ese entonces Anastasio Somoza Debayle había consolidado su poder político, el país empezaba su resurgimiento económico luego del terremoto de 1972, y la Guardia había logrado asestar fuertes golpes a la guerrilla sandinista.

Era, por decirlo de alguna manera, una mala época para el Frente Sandinista, donde cuadros como el comandante Daniel Ortega, José Benito Escobar, Julián Roque y Lenín Cerna, se encontraban presos, mientras otros habían muerto a lo largo de esos años en operativos de la Guardia.

Pero el Frente no se desalentaba, y decidió emprender la lucha en las ciudades para lo cual solo esperaba una ocasión propicia. Ese momento llegó en diciembre del 74 cuando por la radio se anuncia una fiesta de fin de año en honor al embajador gringo, Turner Shelton, en la cual estarían presentes importantes figuras de la dictadura. El lugar: la casa de un ministro de Somoza, José María Castillo, un hombre apasionado a las armas y con quien el Frente Sandinista tenía cuentas pendientes.

El día D fue cerca de la media noche del 27 de diciembre. Esa noche el comando Juan José Quezada, integrado por Germán Pomares, Eduardo Contreras, Roger Deshon, Omar Halleslevens, Javier Carrión, Leticia Herrera, Hilario Sánchez, Olga Avilés, Eleonora Rocha, Félix Pedro Picado, Joaquín Cuadra y Hugo Torres, lograron entrar a la casa, logrando secuestrar entre otros a Guillermo Sevilla, embajador de Nicaragua en Estados Unidos; y a Noel Pallais, embajador ante la OEA. El comando esperaba encontrar al embajador de Estados Unidos, pero este ya se había retirado de la celebración.

Al entrar a la casa, se da la única muerte de operativo. Este fue el mismo dueño de la casa, Chema Castillo, quien al intentar repeler a los guerrilleros con una escopeta, uno de estos se ve obligado a dispararle, matándole en el instante.

Con los guerrilleros adentro, venía lo más difícil: que Somoza cediera a las demandas, las cuales eran básicas: libertad para los guerrilleros presos, una remuneración económica, y que los medios de comunicación dieran a conocer al pueblo, sin ninguna restricción del régimen, un comunicado del Frente Sandinista. Luego de tres días de negociaciones, pasó algo que nadie esperaba: Somoza accedió.

La primera acción de magnitud contra Somoza

Uno de los guerrilleros de esa gesta heroica fue el actual Vicepresidente del país, Moisés Omar Halleslevens. Él recuerda que el comando pasó meses entrenándose para el operativo, por lo que física y psicológicamente estaban preparados para todo.

Para el vice mandatario los historiadores aún no han profundizado en la magnitud de esa acción en la lucha del pueblo.

“Creo que fue la primera acción, y me atrevo a decir, la más importante en la historia de Nicaragua, en la historia del Frente Sandinista donde por primera vez se le da un golpe de esta magnitud a Somoza y donde por primera vez se ven las manifestaciones de júbilo del pueblo de Nicaragua”, dice Halleslevens, recordando la fortaleza que en ese tiempo tenía el régimen.

Somoza era un hombre que no negociaba

Para que la toma de la Casa de Chema Castillo no se convirtiera en un baño de sangre, el Cardenal Miguel Obando y Bravo, quien en aquel entonces era Arzobispo de Managua, jugó un papel fundamental.

“Era una situación muy difícil (para el Cardenal)”, recuerda Halleslevens, quien destaca que Somoza era un hombre duro que no estaba acostumbrado a negociar con nadie.

“Somoza en ese momento era una fiera. No estaba acostumbrado a que alguien le hablara de esa manera, le exigiera de esa manera”, subraya.

Sin embargo, el dictador no tenía otra opción, ya que Obando era un religioso de gran prestigio e interesado en lograr el entendimiento entre posturas tan antagónicas.

“Yo creo que el papel de él fue fundamental. Fue sumamente importante para que Somoza depusiera un poco de ese carisma que tenia de criminal, de hombre acostumbrado a mandar, acostumbrado a torturar, acostumbrado a matar, a tener su voz como la única. Pero allí no era la única la voz de él, era la voz del comando, la voz del pueblo de Nicaragua representada en el comando y la del mediador”, manifiesta el vicepresidente nicaragüense.

El Vicepresidente y también ex jefe del Ejército, señala que fue tan fuerte fue el golpe asestado a la dictadura que Somoza quedó como una fiera herida, a tal punto que 1975 y los años siguientes fueron tiempos de represión, pero también donde cada golpe de la Guardia era respondido por el Frente Sandinista con una mayor firmeza. Al final dictadura caería un 19 de julio de 1979.