Parque de la Niñez Feliz: 30 mil almas en la primera tarde-noche. Inauguración de Belén: 16 mil personas. Calle de la Oposición Infeliz contra las Reformas: 100 manifestantes.

La derecha conservadora no contó con un buen cierre de año. Ni comienzo. Así escribieron en la calle, el día de la aprobación de las reformas en primera legislatura, su resumen de cómo les fue en 2013: un espejo empañado del año pasado, y una confirmación de lo que pasó durante las elecciones libres y limpias de 2011.

Todas sus convocatorias a las urnas o a las plazas, con sus “aplastantes montañas” de votos, marchas…, se tradujeron en el mayor fraude documentado por la única portada que efectivamente vale: las mismas calles donde la aplanadora de la realidad pone a cada quien en su lugar.

A pesar de la orfandad congénita de multitudes que padece el PLI de Montealegre, 21 de cuyos 24 diputados votaron en contra de las reformas, se presenta como “la mayoría”.

Si tomáramos en serio tamaña falacia, ese “pueblo nicaragüense” que también se disputa la competencia política de algunos ONG que llegaron a las afueras de la Asamblea Nacional en su última “mega movilización” de 100 personas, resulta que ni parte de ese fragmento le reconoce algún liderazgo al PLI: el abucheo sufrido por su principal líder fue la cereza de la protesta.

Los políticos-ONG están en su derecho de cuestionar los cambios parciales a la Constitución, la Ley de Gravedad y los escándalos de Lady Gaga, pero no a usurpar la representatividad de los nicaragüenses. Ellos que se dicen respetuosos de la Ley Fundamental, violan el artículo 2, sin reformas y con reformas, cuando establece que, aparte del pueblo que ejerce el poder soberano a través de sus representantes electos, “ninguna persona o reunión de personas” puede “arrogarse esta representación”.

La soledad de la derecha y sus conversos

Los partidos y aquellos oenegistas que aún no salen del closet, en sus famosos llamados en contra del Canal Interoceánico o la entrega de láminas de zinc a los necesitados, fueron incapaces de demostrar, fuera de su zona de confort mediático, lo que dicen sus discursos de fin de mundo. Su agenda, sin embargo, está dirigida a ser de consumo internacional, para lograr lo que su soledad les ha negado.

Hay, sin duda, un ostensible ánimo de la derecha macartista que si no logra engañar a Nicaragua, por lo menos engatusar a europeos y norteamericanos al retorcer la historia nacional con sus enfermizas comparaciones entre nuestra democracia y lo que significó la dictadura de Somoza. Con su diabólica idea de publicar un país dividido y en conflicto, este año editaron en Managua, así como hicieron en 2011 con su falso triunfo electoral, “grupos armados” en el norte contra el gobierno.

Medios de clara filiación derechista en el exterior inflaron a más no poder, a lo largo del calendario, a sus mimados locales. Por ejemplo, “El Universal” de Venezuela tituló a lo grande “Nicaragüenses protestan contra reforma…”. La anoréxica presencia fue “convertida” así en “cientos de manifestantes”.

Otro medio de la derecha doméstica no se aventuró a dopar a la oposición alfeñique, quizás porque hay que preparar el corazón para la Navidad: “Decenas de personas marcharon con mantas y gritando consignas que esta vez protestaban…”. Las decenas, así como pueden llegar a cien, pueden ser 50, 60…

Pero, a falta de mareas humanas propias, se puede agarrar un aventón con las ajenas y del otro lado del mundo, haciendo una comparación jalada de los cabellos: “La marcha y la aprobación de las reformas también coincidieron con los funerales de Nelson Mandela en Sudáfrica…”. “¡Plop!”, caería desmayado Condorito.

Raúl Arévalo, del digital “La Jornada”, prefirió la objetividad: “Unas 100 personas llegaron a las inmediaciones de la Asamblea Nacional con morteros que fueron lanzados como forma de protesta”.

El partido impreso ultra conservador se atrevió a consignar en su edición digital “En el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos, un centenar de personas marchan contra…”. Pero el conato de demostración ni siquiera alcanzó en la versión de papel: 30 palabras fueron más que suficientes para esconder la triste realidad bajo la palabra “marcha” que sirvió, para todos los efectos, de alfombra.

En busca de la Nota Knox

Es improbable creerle a una derecha que por arrogancia no reconoce su fracaso electoral, que llama “el pueblo de Nicaragua” solo a 100 correligionarios o a un sector que no pasa de 200 (que incluye al mismo centenar), opuestos al Canal.

Sin que los 6 millones de nicaragüenses los delegue para ir a armar un alboroto mediático en el extranjero porque sus recursos no prosperaron en la Corte, la ultraderecha quiere frenar el desarrollo integral de nuestra nación, intentando una nueva Nota Knox corregida y aumentada.

Sin embargo, para los que anotan, el bateo promedio de la derecha macartista en el terreno de juego, en 2013, fue deprimente: unos 200 protestaron contra el proyecto canalero frente al Parlamento; 20 detrás de una manta para maquillar, frente a la CSJ, su anémica convocatoria; 180 ciudadanos que recurrieron contra el Canal; 400 en la penúltima marcha, y cerca de 100 personas el mismo día de la aprobación de las enmiendas.

Aun sabiendo que son las mismas caras reflejadas en sus líderes que a veces son partido, otras “sociedad civil”, luego analistas, otro día amanecen en una “nueva alianza”, una semana más tarde “militar en retiro”, y en la próxima edición, “jurista independiente”, al sumar todo este reciclaje mediático, no pasan de 800 en la vida real. Aunque El Vaticano contara los votos, ¡ése es el tamaño proporcional de su boleta electoral!

A falta de argumentos ante esa debacle, no lograron controlar sus odios contra una de las responsables que marche --- ¡esto sí es marcha!--- mejor el país, que cuando ellos lo dirigieron. De ahí el golpe bajo contra la intelectual Rosario Murillo.

Por eso tratan de zancudear causas nobles como la de los ancianitos, porque nada bueno puede salir de esos corazones. Es la misma intención al arrimarse a la Iglesia Católica y querer ser su “pastoral” de carne y hueso para contar con gente que no tienen.

Una cosa es bien cierta: las procesiones no se prestan… ni los pueblos de verdad tampoco.