Los axiomas son verdades absolutas e incuestionables diáfanamente reales y palpables, son el principio de una tesis o teoría que fundamenta gigantescamente cualquier tema que represente una verdad.

Un axioma es algo que luce tan real que no requiere ninguna discusión para probarlo porque está a vista y en consecuencia el axioma debemos traducirlo como un postulado, como una ley, como un principio.

El axioma es ciencia perfecta, es matemática donde 2x2 es igual a 4 y punto, no se diga más, porque el axioma es exacto y le puedes dar una y mil vueltas y el resultado siempre será el mismo.

Un ejemplo de lo que para Nicaragua es un axioma es que aquí hay orden, estabilidad, seguridad y paz y cualquier cosa que se diga contrario a eso deriva únicamente de la calcinada brutalidad que algunos tienen en calidad de tumor maligno en la jupa. Hay otros países en Latinoamérica que también tienen sus propios axiomas al atravesar situaciones de profunda inestabilidad, porque el ajeno se metió hasta la alcoba de algunos de sus gobernantes peleles y por mucho que digan esa realidad es contraria a la nuestra porque aquí decidimos decidir por nosotros mismos y no permitir ni el menor asomo de esas intromisiones que en la práctica son agresiones que a nombre de la democracia lo único que quieren es tomar el poder a través de golpes de estado, como sucedió aquí en 2018, como sucedió en Honduras, Bolivia, Perú y Ecuador, como pretendieron en Brasil y lo intentan en México y como incluso pasó cuando las hordas fascistas de Donald Trump asaltaron el capitolio en Washington y no estoy hablando de la década de los 70s y 80s cuando América Latina estaba tomada por gorilas uniformados al frente de los ejércitos pretorianos hechos a la medida del Pentágono como el que teníamos aquí con la Guardia Nacional defendiendo los intereses de la dictadura dinástica más cruel que tuvo nuestro continente, la de los Somoza, sino que estoy hablando de los axiomas del presente.

Es sobrancero discutir si en Nicaragua vivimos en paz, si tenemos libertad, si nuestro sistema es democrático, si respetamos los derechos humanos, si hay espacios para aquel que piense diferente al actual gobernante.

Por supuesto que somos constructores de un sistema político moderno que revolucionó cualquier cosa que hayamos tenido antes porque es inclusivo y responde a la convicción que tiene a partir de principios que avanzan, que no se detienen y que están templados por la razón que asiste a un pueblo que decide qué quiere y con quién quiere estar y de eso no hay la menor duda y eso es nuestro axioma en positivo.

Un axioma en negativo, que en realidad es más para quienes lo encarnan, es que hay, una porción o reducto microscópicamente visible, hablando “miércoles”, pero desde afuera y son esos que por traidores merecieron ser desnacionalizados e insisten en sus campañas, reducidas a las llamadas redes sociales, en negar la realidad que los nicaragüenses felizmente tenemos aquí y para sus efectos, sin más cancha protagónica que sus propios egos.

El axioma de los tontos útiles de los que hablo es que nosotros los ignoramos y no los determinamos y lo peor es que les pasa lo mismos con aquellos que viéndolos como perros un día les dijeron ¡Ucho,Ucho! y terminaron ladrando apagadamente y sin dientes porque nunca mordieron a nadie.

Sin embargo entre ellos mismos sí han probado la fiereza caníbal que los distingue a cuál más y les es imposible resistir la tentación de destriparse entre sí, pero no es solo por la insaciable sed de protagonismo que les caracteriza a fin de afianzarse en el negocio oposicionista desde la cucarachera de Miami, desde España dónde son súbditos, desde Costa Rica o donde se encuentren, sino porque saben que están conminados a vivir el destierro que el amo imperial les hizo sudar y con el agregado de saberse detestados por al menos el 80% de los nicaragüenses que sí tenemos patria para albergarla y defenderla en nuestro corazón, pero además para seguir amándola desde cada semilla que todos los días sembramos en ella para verla como lo grande que es y jamás como el botín que es lo único que pretendieron esos salvajes que en el 2018 lo quisieron asaltar y asesinar.
Hablemos claro;

· ¿Por qué los detestamos?
· ¿Por qué no los queremos ni en pintura?
· ¿Por qué celebramos que estén lejos?
· ¿Por qué no son nicaragüenses?
· ¿Por que son asesinos y terroristas?
· ¿Por qué nos ofenden?

Simplemente porque son invivibles. Son semillas muertas, estériles, que no producen nada; son los Atila que por donde pasan arrasan, son langostas depredadoras que no conocen la misericordia y devastan todo lo que encuentran en el camino y si acaso representan algo es la paz de los cementerios y es a partir de esa realidad, de ese axioma, que nada de lo generado por ese serpentero lo podamos olvidar y que vivan, pero lejos de aquí, porque después de las oportunidades que la tolerancia les brindó, incluso, cierta del grado de criminalidad que mostró el terrorismo, se les perdonó, pero volvieron a lo mismo y se enredaron cuando tocaron al toro con vara corta o cuando le tocaron los huevos al tigre porque los que se fueron son ellos y cómodamente en un avión porque siempre fueron y serán pocos.

Tiene razón el presidente Daniel Ortega en recordar que eso, que en carne propia sufrimos como una diabólica pesadilla y tan satánicamente que bendecida y dirigida algunos obispos y sacerdotes, que eran del averno y no del Reino y que ya no están aquí, es algo que ¡NO SE DEBE NI PUEDE OLVIDAR!

Aquellas imágenes detestables y aborrecibles de ciudadanos que por ser sandinistas eran ofendidos con insultos irrepetibles, pintados de azul y blanco, soltados a correr al desnudo en medio de una lluvia de morteros sobre alguna calle céntrica en plaza pública, fueron parte de un terrorismo que jamás entendió la magnitud de la indignación nacional que su bestialidad criminal causó porque hablamos de algo que no solo fue un crimen de odio sino de un hecho inédito, que jamás se había dado en ninguna circunstancia de nuestros conflictos internos y que solo puede compararse con los del fascismo nazi y eso lo remojamos o le seguimos poniendo el dedo sobre la llaga, le echamos limón a la herida o sal al baboso o a la babosa, para que sepan que estamos despiertos y que nuestro axioma es que sabemos pelear y vencer.

Es fácil deducir que el odio cancerígeno y terminal que padecen las miserias humanas, ahora lejos de aquí, es producto de la frustración, de la incapacidad, de la desunión, de sus propias contradicciones y del reconocimiento del inmenso rechazo que tienen de parte del pueblo nicaragüense, no a sus errores y desaciertos sino a la marcada estupidez que les caracteriza porque quisieron imponer no convencer, insultar no conversar, agredir no competir y nada de eso ni ayer, ni hoy ni nunca estuvo, está o estará en el radar de la paz y a eso pónganle sello como dijo que alguien, un cronista deportivo dislocado, que no importaba la mandar a morir a tres millones de nicaragüenses, si él por supuesto, estaba bien, imagínense estará loco ese sujeto?

Esta gentuza nunca tuvo la capacidad de entender que somos mansos no mensos; que el que odien a Daniel Ortega porque está más fresco que una lechuga y que además está en las preferencias de todos los nicaragüenses, lo dicen repetidamente las encuestas, pero se percibe en el pueblo, no solo por lo que es sino por lo que ha hecho, no les confiere ni derecho ni razón para asesinar a Nicaragua y a los nicaragüenses.

Las constantes brutalidades que al final se devolvieron contra ellos, que bien que siga siendo así, pues los conduce al suicidio sin que tengamos que mover un solo dedo para que se tiran al abismo, son para esos coces contra el aguijón y para nosotros ver desde palco cómo nuestro axioma o nuestra verdad nos hace invencibles.

Aquí siempre hablaremos de tolerancia y por ella pusimos una y otra vez la mejía y hablo en pretérito porque no volverá a pasar; Nuestras rogativas seguirán siendo por la paz y de la misma manera por la reflexión de los que viven en guerra hasta contra ellos mismos, y en ese plan nos mantenemos a pesar del cinismo de quienes destruyeron al país; nuestra mirada desde el presente ha sido hacia adelante; a pesar de las piedras en el camino no vemos hacia atrás para no convertirnos en estatuas de sal; a las calumnias, difamaciones y canalladas, salidas hasta de algunos obispos y sacerdotes, nuestra respuesta ha sido la de seguir construyendo, la de privilegiar, en medio de las limitaciones presupuestarias la seguridad social del país y todo eso nos ha dado un resultado tan evidente y palpable que los enemigos de Nicaragua se revuelcan de rabia, echan espuma por sus fauces, sus propias maldiciones los poseen y como nada les sale bien entonces quieren probar si nuestra tolerancia, la de aquellos nicaragüenses que aborrecemos al terrorismo, llegaría al extremo de dejarnos matar por quienes son el origen del mal causado, por quienes creen que la democracia es que se les permita destruir el país solo para hacerse de un poder que quiere ver a Nicaragua como una estrella colgada en la bandera del Tío Sam y eso no pasará ¡JAMAS!

Estas miserias humanas creyeron burlarse del inmenso espíritu de tolerancia que tenemos los que sí amamos a este país con la mirada puesta en un futuro que sea de todos y para todos, sin distingo de colores políticos o ideológicos, pero estos exhibieron en el teatro absurdo, una brutalidad única, que no tiene competencia histórica, que rebasa todos los límites de la estupidez y que vale para ser estudiada como la evidencia más palpable de la degradación humana.

Nunca nadie les dijo que no tenían derecho a protestar o a ser opositores, pero de eso a convertirse en la mano criminal que destruyó hospitales, saqueó centros comerciales, robó medicinas a los enfermos o la merienda escolar de los niños y niñas que reciben la educación gratuita es otra cosa. Que sean enemigos del gobierno y odien a Daniel Ortega porque cívica y electoralmente no puedan contra él es una cosa, pero otra es que por eso hayan cerrado las calles, negaran el derecho constitucional del pueblo a circular por donde se le pegue la gana y que por lo mismo se les ocurrió hacer de las universidades cuarteles terroristas desde donde torturaron y coordinaron el asesinato masivo contra militantes, simpatizantes o aliados sandinistas como si estar del lado correcto de la historia fuera un pecado ante la asonada destructiva contra el país que quemó instituciones estatales y privadas que dejaron a cienes de miles en el desempleo, gracias a esos supuestos empresarios de aquello que fue el COSEP, todos hipócritas, que fueron los culpables de la pérdida de 27 mil millones de dólares.

Estos salvajes siguen en las mismas desde sus debilitades plataformas internáuticas creyéndose en el derecho de destruir al país y ahora más descaradamente que antes pidiendo se intensifiquen las sanciones y agresiones contra nuestro país, pero saben qué ahora que continúen diciendo “miércoles” desde sus nuevas nacionalidades porque desde adentro ya no podrán hacer nada porque no pertenecen aquí, sino que son parte de una cucarachera en Miami que no está dispuesta a mantener vividores de la politiquería que no representan a nadie y que deberían buscar cómo trabajar, por primeva vez en su vida, porque la mayoría de esos supuestos “salvadores y libertadores” se la pasaron o pegados a la teta presupuestaria del estado o a la teta financista de la embajada americana que antes les daba de comer, pero que ahora aquí no es más que un cajón de concreto.

Esa miserias humanas que se pintan valientitas, pero que con cualquier mirada se deshidratan, imaginaron absurdamente que nuestra era miedo y debilidad y nunca sospecharon que la inmensa magnanimidad que caracteriza a los que somos parte de esta propuesta social, la revolución, duélale a quien le duela, que nuestro axioma es que abrazamos una nación resurgida como el Ave Fénix después de haber sido arrasada por esos que siguen en las mismas sin entender aquella máxima de que cada quien cosecha lo que siembra y que, quien a hierro mata a hierro muere y recuerde “ESO NO SE DEBE OLVIDAR”.

DIOS BENDIGA A NICARAGUA.