En muchos países del mundo el acceso al agua limpia y segura es limitado o incluso inexistente. Sin embargo, en Nicaragua el abastecimiento de agua potable, más que un privilegio, es un derecho fundamental que se asegura a la población diariamente.

Suministrar este recurso vital no es una tarea fácil, puesto que se requiere de importantes inversiones para la construcción de tanques modernos de almacenamiento, así como para la instalación y mantenimiento de tuberías. Se estima que, por cada 1.000 litros de agua, los nicaragüenses pagan alrededor de 27 centavos de dólar.

Esto se debe a los subsidios gubernamentales a la tarifa del agua potable, lo que la hace una de las más baratas de Latinoamérica. Otra de las labores que realiza el Gobierno nicaragüense, a través de una empresa estatal, es la perforación de pozos, alguno de ellos de hasta 427 metros de profundidad.

No obstante, en las antiguas administraciones, estas actividades no se llevaban a cabo de manera sistemática, por lo que muchos hogares dependían del suministro de agua mediante pipas. Esta forma de distribución del vital líquido implicaba largas esperas y horarios irregulares, además de que, en algunos casos, la calidad del agua podía ser cuestionable.

Mejoras en el servicio

En este año se marca un hito importante con la finalización de 26 proyectos de agua potable, que están destinados a mejorar el servicio en las viviendas en territorio nicaragüense, especialmente aquellas ubicadas en la parte de la franja conocida como el 'Corredor Seco'. El objetivo es garantizar el suministro diario a más de 790.000 familias de todo el país, utilizando el vital líquido proveniente de reservorios naturales.

También se han implementado importantes medidas para asegurar la calidad del agua, con la reciente adquisición de 500 toneladas de insumos para su potabilización. En este año se espera la construcción de 600 kilómetros de tuberías, por lo que muchas familias nicaragüenses accederán al vital líquido por primera vez.