Millones de personas iniciaron su arribo a la Basílica de Guadalupe de Ciudad de México, donde protagonizarán una vigilia durante todo este miércoles, esperando la llegada del 12 de diciembre, fecha en la que se conmemora la aparición de la deidad más venerada por el pueblo mexicano.

Las autoridades del Distrito Federal estiman que este año cerca de seis millones de personas participarán en la tradicional procesión hasta el santuario erigido en honor a la Virgen de Guadalupe, uno de los peregrinajes más importantes en América Latina.

En ese sentido, el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, aseguró que “la Ciudad de México está preparada para recibirlos a todos”, gracias al despliegue de un operativo que involucra a casi 19 mil agentes de seguridad locales y ocho mil efectivos federales.

En ese sentido, desde hace varios días, sindicatos, organismos no gubernamentales, taxistas y motociclistas, comerciantes y miembros de las diferentes parroquias desfilan ante la Virgen mexicana para agradecerle favores y pedir por su bienestar y el de sus familiares.

Igualmente, las autoridades han destinado 300 médicos que trabajarán durante 24 horas para atender a los peregrinos, y se contará con puestos de ayuda para asistir a quienes acuden a la Basílica.

Para la medianoche de este miércoles se espera, al ritmo de la canción mexicana Las mañanitas, que comience la vigilia para celebrar los 482 años de las apariciones de la Virgen a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac.

La Virgen de Guadalupe es considerada por muchos como la patrona de América, ya que es venerada desde Estados Unidos hasta Argentina y cada 12 de diciembre existen peregrinaciones en todo el continente.

De acuerdo con la tradición católica, la figura religiosa se le presentó en cuatro ocasiones al indígena Juan Diego en el año 1531, cerca del lugar en el que se erige el santuario en la actualidad y donde cada año asisten unos 18 millones de personas.

En su cuarta aparición, ocurrida el 12 de diciembre, ordenó al nativo que fuera a ver al primer obispo de México, Juan de Zumárraga, ante quien Juan Diego dejó al descubierto la imagen de la Virgen María, morena y con rasgos mestizos.