Nicaragua indudablemente va creciendo. Los reportes sobre las muchas cosas que se hacen se originan desde lo más profundo de nuestro territorio y nos alegran siempre las noticias que anuncian todos los días nuevas obras y estructuras de alta envergadura que implican inversión, circulante monetario, empleo, comercio, industria, economía y tantas cosas que son las que precisamente requerimos como armas para enfrentar la única guerra que debemos combatir a muerte; La pobreza.

Cuando de crecimiento es porque lo hemos de sur a norte, de este a oeste y desde el centro hacia los lados a una velocidad insospechada porque hace unos 40 o 30 años atrás pensábamos que nada de lo que hoy vemos llegaría a ser posible y esa es una bendición de Dios de la que debemos empoderarnos porque nuestro techo es el infinito.

Por supuesto que por ser Managua, nuestra capital, lo que no significa que ella sea Nicaragua, es uno de los polos -sin duda el mayor- de más crecimiento porque es la concentra el núcleo del gobierno, sus instituciones y poderes del estado y que a propósito esta semana pasada ha cumplido 172 años de haber sido elevada a categoría de capital, pasando de ser una villa con un pequeño poblado a la orilla del Lago Xolotlán, sin energía eléctrica, sin agua potable y apenas unas cuantas calles.

Hoy sin embargo podemos ver una Managua más moderna, una Managua bonita, una Managua con una imagen e identidad que ha dado pasos seguros hacia el bello futuro que le sonríe pero creciendo y desarrollándose desde el respeto que ha tenido hacia su casco histórico que devastado por la naturaleza en 1931 y 1972 apuesta por una cultura arquitectónica tan amable que atrapa por las múltiples particularidades que le distinguen entre la coexistencia de lo viejo finamente restaurado y lo contemporáneamente nuevo.

La Managua de hoy se desarrolla sobre la base de un plan nacional de lucha contra la pobreza y para el desarrollo humano con planes estratégicos que su municipio tiene muy claramente definidos y que están dando un paso fundamental, agigantado y determinante con la nueva pista Juan Pablo II, que en mi opinión debería recuperar su nombre original, Pista de la resistencia.

Managua se levanta desde 800 barrios, tiene más de un millón 400 habitantes, residiendo en 7 distritos y desde ellos tiene un plan de desarrollo urbano que moderniza la ciudad con diseños atractivos, novedosos y osados donde el centro histórico patrimonial, que antes estaba abandonado, hoy es una fuente donde nacen cosas mágicas, estéticamente bellas, originalmente concebidas para que la fusión urbanística cree una romántica relación con la naturaleza de manera que hoy somos una de las capitales más arborizadas del mundo, una de las ciudades más verdes del planeta y eso debe conducirnos a la reflexión sobre lo que tenemos.

En mi opinión tenemos que hacer más por Managua y afectar lo que se tenga que afectar por embellecerla, por dignificarla, pero también por ordenarla, cuyo esfuerzo es tenaz, es sostenido, pero choca muchas veces por nuestra propia falta de educación y de interés por ser más colaboradores de su desarrollo, prestancia y sobre todo de orden. Hay aspectos que cuando hablamos de desorden y anarquía a nuestra capital no le gana nadie porque aquí cualquiera quiere hacer lo que le venga en gana y a la hora que quiera sin que la ley asome para imponerse ante quienes representan la imagen integral de la ciudad o de las ciudades porque como repito Managua no es Nicaragua.

Ahora mismo mucho domina en los medios de comunicación el asunto del transporte con los inter mortales que provocan accidentes y muertes en las carreteras al violar todas las normas de tránsito o de los polémicos UBER al que se oponen las cooperativas de taxis porque dicen que esto es una competencia desleal, pero sin que esas mismas cooperativas en muchos casos se preocupen por superar el pésimo servicio que prestan y eso apenas es una minúscula prueba de la anarquía institucionalizada que padecemos.

Para introducirme formalmente al tema debo plantear que el fenómeno que nos niega ver a una Nicaragua más ordenada y particularmente a una Managua con un verdadero rostro capitalino es la pobreza que es nuestro principal enemigo El empleo informal se expresa en cada esquina, en cada semáforo, en cada acera. Hay muchas partes donde ornamentalmente nuestra capital se pretende exhibir con aspiraciones de metrópolis, pero hasta en esos lugares a cualquiera se le ocurre poner un caramanchel, para vender cualquier cosa y no pasa nada, porque quien lo hizo se sembró, echó raíces, creció y hasta se multiplicó de manera que muchas partes que deberían lucir bonitas más bien parecen mercados y lo peor es que nosotros contribuimos a eso, aunque nos quejemos del desorden y de esa forma se eslabonan otros para hacer lo mismo lo que desde todo punto de vista no contribuye a la aspiración de hacer de la capital una puerta de entrada elegante, visualmente apetecible y amigable, aunque nada de esto signifique que esté en contra de que la gente se gane la vida, pero repito para todo debe haber un orden.

No sé qué afecta la personalidad del nicaragüense, pero hay un mar de contradicciones entre lo que exigimos, lo que nos satisfacen y el producto que finalmente acabado lo terminamos maldiciendo porque en lo personal nos incomodó, aunque haya favoreció a otros miles y miles. Por ejemplo, tenemos un enorme problema vial y cuando vienen las ampliaciones los verbos no se hacen esperar por aquellos que invadieron previamente el derecho de vía, arman el zaperoco porque demandan indemnizaciones porque los movieron de un lugar donde tenían años de comerciar, pero en realidad de donde jamás debieron estar; Hacen pasos a desnivel como el de Rubenia, el siete sur y los que están por venir como los de la Pista Juan Pablo II y empieza la tambarria por el puente que por no existir expone a la gente a ser atropellada por cruzar la autopista y entonces cuando se le construye siguen haciendo lo mismo y hasta destruyendo como el que tenía el de Rubenia para los discapacitados hasta que lo arruinaron.

La Alcaldía de Managua se viene preocupando desde hace años por dignificar las paradas de buses. Que humano ver que las personas se pueden proteger por la inclemencia del sol, por los aguaceros y tormentas eléctricas dentro de un espacio donde hasta bancas hay para sentarse. Hoy uno pasa por esas paradas de día y descubre que la gente está fuera de ellas porque algunos se apoderaron de lo que se concibió como parada de buses, pero de la que hicieron un pequeño mercado o uno pasa de noche y ve aquellas paradas bajo la más total y absoluta oscuridad porque el bárbaro llegó y se robó la bujía, el cepo y los alambres y ya no digamos los ladrones que medran buscando cómo hacer el día a costa de un inocente.

Si de los semáforos de trata un accidente es una lotería que cualquiera se puede sacar. Para empezar, hay que hacer maniobras de alta pericia para esquivar a todo tipo de gente que te vende mangos asoleados y sudados por el sol que cuando los muerdes están cocidos, calientes y en proceso de descomposición lo que ya representa una amenaza para la salud pública. Pero además de eso y en el mismo lugar vendedores de lentes con unos enormes cartones que te quitan visión, otros con más cartones con accesorios para celulares, otros vendedores de bolsas de agua que según ellos te las rempujan como de fuente pura y así los que te ofrecen semillas de marañón y suspiros y están los que te piden porque se están muriendo y para demostrarlo te muestran recetas amarillentas con fechas de hace 10 años y de igual manera los que en silla de ruedas dicen estar inválidos y cuando llega la noche paran un taxi, se ponen de pie y ellos mismos meten la silla a la valijera o los payasitos o maromeros que han proliferado los circos por todas partes o los más fatídicos de todos los limpia vidrios que les decís que no y por capricho omiten tu resistencia y entonces te ensucian el carro que acabas de lavar y si no les das te mencionan a tu madre y te amenazan con dañarte el vehículo.

La necesidad obliga a la sobrevivencia y entiendo que entre esa gran cantidad de buhoneros hay realmente personas que tienen hijos que alimentar, pero también hay delincuentes y drogadictos que te asaltan si andas con las ventanas bajas o arrancan los emblemas de los carros o los rallan por maldad si no sucumbes a sus caprichos y esos saben quiénes son los limpia parabrisas y los más peligrosos están en el semáforo de ENEL donde más de un conductor ha retenido su ira para no responder a las vulgaridades de estos salvajes.

La Alcaldía de Managua y la policía nacional deben tomar decisiones que podrán ser dolorosas, pero son impostergables para la seguridad ciudadana. Una de esas decisiones es ordenar los mercados y principalmente el Oriental y esto del Oriental es un tema tan delicado que preferiré próximamente abordarlo en lo particular porque siendo el centro comercial más grande del país y seguramente de Centroamérica lo que representa es metafóricamente una bomba atómica que cuando detone verán rodar muchísimas cabezas por no haber tomado con valentía las decisiones que valen para hoy no para mañana sin que signifique esto que no se haya echa nada sino que no tiene límites y ahora mismo si usted pasa por donde era el RUCFA, por la parte trasera de la Funeraria La Católica ahí ya se están levantando módulos improvisados en ristra.

Si la Policía Nacional quiere aportar a la recaudación tributaria del país por la vía de las multas entonces que lo haga masivamente y sus mejores clientes serán los taxis que hacen lo que quieren, se paran dónde quieren, violan todas las normas de tránsito y hasta las que no existen y para colmo aun transitan una cantidad de chatarras que afean la capital y son las que a través de sus cooperativas se oponen a mejorar, a que sus conductores o cadetes se vistan decentemente, a que traten con respeto a sus pasajeros, a que si el pasajero le dice apague esa música que me saca de quicio lo haga, que no sea abusivo con las damas, que tenga el mínimo de profesionalismo y limpie la cacharpa a la que uno se monta limpio y se baja lleno de tierra, que no solo no fumen sino que son tan salvajes que le echan el humo al que llevan al lado, que no sean ladrones a la hora de cobrar, que si ven a un pasajero que los detiene y este lleve maletas que se bajen y se las monten sino que ahora además de cobrar por la carrera te cobran también la carga y te le dicen al pobre cliente, que puede ser una anciana, móntela y esos son los mismos que no quieren a los UBER.

El MTI por el gobierno central y la Alcaldía de Managua, a través del IRTRAMMA deben tratar este asunto de los taxis y meterlos en cintura y apretarlos duro en una operación que debe ser extendida sin compasión contra las caponeras, motonetas, triciclos y hasta bicicletas qué sin placas, con autorización o sin ella deberían solo desplazarse por los barrios, pero andan también por las calles, avenidas o por donde se les ocurra llenas de gente a las que exponen a la muerte o para ser causa de accidentes que terminan por estrangular el tráfico vehicular.

Que bien los pasos a desnivel en las Piedrecitas, el siete sur, la rotonda de los periodistas, la Rubén Dario, Cristo Redentor, Plásticos Robelo, la ampliación de la Avenida Juan Pablo II, el By Pass de Nejapa a Ticuantepe, el nuevo estadio nacional, todas las nuevas instalaciones deportivas, los parques, el Salvador Allende, el Paseo Xolotlán, el Mirador de Tiscapa y su circuito, las calles para el pueblo y muchísimas obras más que están en ejecución, todo eso está más que magnífico, pero hay que restablecer el orden, hay que imponer el orden y hay que evitar que en esos lugares surjan los mercados improvisados porque entonces no estamos contribuyendo a que nos aprecien como un país con una imagen distinta porque el orden y la limpieza son también tareas a cumplir.

La mentalidad de cambio no es solo responsabilidad de las instituciones del gobierno y de las municipalidades. En gran medida ese peso recae en nosotros. Si así lo decidimos podemos lograrlo contribuyendo con granitos de arena tan aparentemente insignificantes pero que suman enormemente como no tirar basura donde no se debe, asumiendo nuestra condición de peatón, no invadiendo ni tomando espacios que no nos corresponden, respetando el derecho de los demás, no parqueándonos donde no debemos, no robando las luminarias públicas, dando a cada cosa el valor que tiene, no echando a otros la basura que cargamos como problemas, siendo amables y colaboradores de quien lo necesita.

¿Es difícil eso? Creo que no. Solo requiere voluntad.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.