Las elecciones de Honduras concluyeron tras una jornada en calma y con alta participación de votantes, pese a los temores de fraude y de brotes de violencia.

"Ha sido una fiesta histórica la que hemos vivo. La fiesta cívica ha sido en paz. Se cierra la votación", anunció el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), David Matamoros, quien afirmó que la jornada tuvo "una participación enorme en todo el país".

Los hondureños votaron en calma y con nutrida afluencia en unas reñidas elecciones entre la derecha y la izquierda, que amenaza con quebrar el centenario bipartidismo que ha gobernado este país, el segundo más pobre de América y el más violento del mundo.

El Tribunal Supremo Electoral de Honduras prorrogó por una hora el cierre de las elecciones generales.

La decisión fue adoptada debido a la masiva afluencia de electores a los centros de votación, explicó el presidente del TSE, David Matamoros, a través de la cadena oficial de radio y televisión.

Fuertemente armados, miles de militares y policías patrullan en todo el país y resguardan los 5.400 centros electorales, en muchos de los cuales aún había filas de electores cuando resta poco tiempo para el cierre de la jornada de votación.

Unos 5,4 millones de hondureños fueron llamados a elegir al relevo de Porfirio Lobo de entre ocho candidatos, con el derechista Juan Orlando Hernández, del gobernante Partido Nacional (PN), y la izquierdista Xiomara Castro, de Libertad de Refundación (Libre), como favoritos y en empate técnico, según la última encuesta.

Honduras celebra estas elecciones con una sociedad polarizada y una fragilidad institucional heredadas del golpe que militares, empresarios y políticos derechista asestaron el 28 de junio de 2009 al presidente Manuel Zelaya, esposo de Castro, luego de que su gobierno liberal girara a la izquierda.

"Comienza una nueva historia para todos los hondureños (...). Ya hay una decisión, el pueblo quiere un cambio", dijo la exprimera dama de 54 años, al votar junto con Zelaya en Catacamas, 200 km al este de Tegucigalpa, departamento de Olancho, cuna del ex mandatario.

Tras sufragar en su natal Gracias, 300 km al oeste de Tegucigalpa, Hernández, abogado de 45 años y presidente del Congreso, abogó por la unidad "para sacar adelante al país" y se dijo confiado en el triunfo.

"No importa quién sea. Lo importante es que sea el pueblo el que elija, de derecha o de izquierda", dijo Ángel Godoy, de 60 años, tras votar en un colegio del este de Tegucigalpa, aludiendo a temores de fraude que enrarecieron el clima previo de la votación.

Al abrir la votación, el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), David Matamoros, calificó las elecciones como "históricas" para el país y llamó a votar en pos de la "reconciliación".

"Ante la comunidad internacional queremos proclamar que Honduras marcha a depositar (el voto) con el deseo ferviente de que aquellas heridas puedan de una vez por todas sanarse", manifestó el magistrado.

Los analistas pronostican un resultado reñido. Por más de un siglo han gobernado, con los militares, el PN y el Partido Liberal (PL, derecha) -tercero en los sondeos-, pero esta es la primera vez que hay un choque frontal entre la derecha y la izquierda.

Estos comicios, sin segunda vuelta y en el que también se elegirán 128 diputados y 298 alcaldes para los próximos cuatro años, marcan el retorno de Zelaya, asesor de Castro, fundador y coordinador de Libre, que aspira a una curul en el Congreso. "Hoy es el día que el pueblo lucha por ser LIBRE", escribió en Twitter.

"¡Esto ya no se aguanta!"

Castro, pretende impulsar un "socialismo democrático a la hondureña", mientras que Hernández, mano derecha del gobierno de Lobo aunque procuró zafarse de sus fracasos, continuaría el modelo neoliberal.

"Espero que el hondureño vaya tomando conciencia para poder seleccionar a los gobernantes que nos van a sacar o mantener donde estamos. Esto ya no se aguanta", dijo a la AFP Randal Godoy, vendedor de equipos audiovisuales.

El futuro presidente asumirá un país, el segundo más pobre de América después de Haití, con un 71% de sus 8,5 millones de habitantes en pobreza y una economía calamitosa, con un déficit fiscal del 6% y una deuda externa de 5.500 millones de dólares.

Pero la gravedad de la pobreza quedó en segundo plano ante los niveles alarmantes de la violencia del narcotráfico y las pandillas, que tienen al país con el triste récord mundial de homicidios, 85,5 por cada 100.000 habitantes.

"El mayor problema es la violencia, causada por el desempleo. La gente se ha acostumbrado a ganar dinero matando", dijo tras votar Pedro Garay, un economista retirado de 72 años.

Hernández promete mano dura contra el crimen organizado con una fuerza de 5.000 policías militares, y Castro propone tener a los soldados en las fronteras en la lucha antidrogas y con una policía comunitaria enfrentar a las pandillas.

La polarización política y la violencia motivó el despliegue de unos 25.000 policías y militares para los comicios, en tanto que más de 800 observadores internacionales vigilan la votación.

Las autoridades han reportado incidentes aislados de violencia, como un tiroteo cerca de un centro electoral que dejó cinco muertos en la Mosquitia -una remota zona controlada por narcotraficantes- y casos de nombres de fallecidos que figuran en el padrón electoral.

"Esta elección es trascendental porque va a permitir a Honduras recuperar su normalidad plena. Están compitiendo todos los actores políticos que se dividieron trágicamente con el golpe de estado", declaró el jefe de la misión de la OEA, Enrique Correa.