Justicia histórica para nuestra Costa Caribe. Pasaron muchos gobiernos, años y siglos y por fin nuestra Constitución Política empieza a aterrizar: no solo recupera, sino le da a Nicaragua su verdadera y vasta dimensión caribeña.

De la letra al espíritu. Se debe hacer un cambio hasta de mentalidad, porque en el Consciente Colectivo --- y no solo en la población, sino en los académicos, las universidades y los líderes políticos---, se habla de “Atlántico”.

Se deberá admitir que es una reivindicación que enlaza al Frente Sandinista con los orígenes de la propia lucha sandinista, en la persona del general Augusto C. Sandino. Del fundamental apoyo de unas caribeñas que lograron rescatarle al patriota, 30 fusiles y 7 mil cartuchos de casi todo “el armamento de la revolución liberal” que los marines yanquis hundieron en el mar. A partir de ahí, en Puerto Cabezas, ideal en mano, el héroe empezó a remontar el rumbo incierto de Nicaragua.

Quizás en el paquete de reformas constitucionales, muchos, sobre todo la clase política, lo vean como “adorno”, pero es la abstracta superestructura la que ha sido un bello ornamento importado. Se trata de la incorporación plena y formal de un territorio al que el Pacífico redujo a huracanes, Palo de Mayo, peloteros, confinamiento para opositores a Somoza y, sobre todo, abandono.

Cuando en la literatura y libros de otras disciplinas, en ensayos y discursos, la propia Ley de Autonomía y en la expresión popular nos referimos a “Atlántico”, pasamos arrasando casi la mitad de la extensión territorial de Nicaragua. Pero más que territorio, anulamos el patrimonio cultural afrodescendiente, miskito, rama y mayangna.

Si un pueblo pierde su nombre, extravía su historia. No se podía, en esta centuria, continuar con la separación del Caribe. Desde los tiempos de los conquistadores españoles se desdibujó nuestro mapa étnico. La rebeldía de los pueblos originarios no permitió la conquista de esa inmensidad de vida que nuestro país no ha logrado aprovechar en su pálida historia.

Nunca fuimos Atlántico. Nunca alcanzaron nuestras costas una gota del gran Océano. Siempre hemos sido parte del Mar Caribe. Pero, al pensar en “Atlántico”, no logramos interiorizar siquiera los fallos de la Corte Internacional de Justicia, porque el Alto Tribunal invoca el nombre Caribe. Y nos suena lejanísimo, y por eso sentencia y sustancia quedan a la buena letra de nuestros juristas.

Caribe nuestro

Al proponer el gobierno del presidente Daniel Ortega y la escritora Rosario Murillo “Constitucionalizar las sentencias de la CIJ del 8 de octubre de 2007 y del 19 de noviembre de 2012, referente a los límites marítimos, el mar territorial de Nicaragua en el Mar Caribe”, se extiende esa justicia al insertarla en el corazón de donde emana el ordenamiento jurídico del país.

Se da un paso trascendental cuando en la propuesta se subraya: “Se cambia en toda la Constitución Política el término de Costa Atlántica, por Costa Caribe, ya que Nicaragua es un país caribeño, con costas en el Mar Caribe”.

Este componente de las reformas constitucionales marca la integridad territorial, plurinacional y multicultural de nuestro país. Es un dejar atrás el oscurantismo y las consideraciones que nos divorcian del siglo XXI. Es reconocer que como los güises y zenzontles del Guadalupano; pijules, zanates y pocoyos, chichiltotes, saltapiñuelas y alcaravanes, junto con el macuá, Nicaragua sin sus dos alas, el Pacífico y el Caribe, nunca alzará vuelo hacia el desarrollo.

Es aceptar que constituimos una de las regiones del planeta más creativas, espléndidas e invaluables; un arcoíris de riquezas que ha dado luz y ritmo, belleza y vida, ciencia e historia. ¿Qué sería de la humanidad sin el Caribe? Dios lo puso ahí: es nuestro. Por algo Inglaterra sojuzgó la región nicaragüense desde mediados del siglo XVII hasta finales del XIX, el 20 de noviembre de 1894, ¡apenas hace 119 años!

Será la primera vez que se termina con la Nicaragua mono oceánica. La Nicaragua de un solo mar. La Nicaragua de espalda a su enorme futuro. Y, por supuesto, no hay Gran Canal, sin Caribe.

El desencuentro es tan dramático que no solo se le desconocía como área de Nicaragua, sino que --- ahora hablamos del Inconsciente Colectivo---, no se aceptaba su composición racial. La negritud era solo un capítulo humano de la “Costa Atlántica”, y nada tenía que ver con nosotros, “libros completos”. Las poblaciones caribeñas eran “los otros”. Allá estaban los “indios” y aquí “los españoles”.

Sin embargo, no es sino con las investigaciones ejecutadas por el doctor Germán Romero ---, cuyos hallazgos han enriquecido las líneas de trabajo de distintos historiadores---, que hay un cambio sustantivo en la historiografía nacional. Nicaragua si fue nación de pueblos originarios, españoles luego, ladinos después, también es una continuidad étnica, histórica, cultural y extra continental de África. ¡Masaya, la cuna del folclore, hace bailar a la nación al son de la Marimba bantú!

Los bantúes, durante el inhumano tráfico de esclavos, partieron del río Congo o Zaire, principal zona exportadora de esclavos, señalan ensayistas de la Universidad de Cienfuegos "Carlos Rafael Rodríguez", Cuba.

Hermandad racial

Nicaragua es negra, mestiza, ladina, parda, mulata y zamba. Y sin aceptarlo muchos, por ignorancia o por los prejuicios que se encargó de reproducir la oligarquía granadina, heredera de la Colonia de España, hay una hermandad racial en nuestro código genético. Incluido “los blanquitos” de la Calle Atravesada.

No podemos hablar, como algunos desde la artificiosa distancia de la “pureza de sangre”, de los “negros” del “Atlántico”, porque el valioso pringue africano corre, con o sin permiso, por nuestras venas. La criminal despoblación nativa del Pacífico obligó a los europeos a reponerla con mano esclava africana.

El historiador Rafael Casanova nos dijo: “Algunas de las grandes familias, tanto en Granada como en León, incluyeron lazos con descendientes de esclavos y de la clase media alta, tal es caso de la familia Cuadra y de los Buitrago, respectivamente”.

“Sin embargo, eran presentados como blancos para poder optar a algún cargo, aun cuando era evidente su aspecto negroide. De esta estirpe proviene Cuadra Pasos, y, por ende, el poeta Pablo Antonio Cuadra”, relató Casanova.

La historiadora Frances Kinloch, citando al doctor Vargas, refuerza a Casanova: “Algunos mulatos incluso lograron vincularse con las principales familias criollas, como fue el caso de Juana Agustina Montenegro, quien nació esclava pero fue manumitida (dar libertad a un esclavo) a los 13 años de edad y casó con don Miguel de la Cuadra; su nieto Vicente Cuadra llegaría a ser Presidente de Nicaragua de 1871 a 1875”. (Historia de Nicaragua)

Toda nuestra tierra nace de la Placa tectónica del Caribe: lo único del Pacífico es su Océano. Tan arraigados estamos al suelo caribeño que incluso, por mucho que se mueva la Placa Coco, por nuestra misma envidiable posición, jamás nos vendrá un terremoto del mar. Tal es la tesis geológica del doctor William Martínez.

La realidad, pues, se encarga de reformar la Constitución: el Caribe indocumentado por fin entrará por la puerta grande. Ya era hora…