Por una regla inquebrantable de los adictos a la discordia, la guerra que tanto hablan y alientan, promueven y embaucan, nunca la han vivido. Pueden admirar sus instrumentos letales e incluso, verlos hasta “hermosos”.

Es muy probable que quienes deseen con más pasión esos conflictos, mientras estén a salvo en hoteles extranjeros, sea por una inconsciente envidia a las insignias y galones militares que en sus vidas fueron incapaces de ganárselos en el campo de batalla. Tal vez por eso, demasiados conscientes hoy, denigren al Ejército Nacional.

Son los que nunca estarían dispuesto ni a lanzar un cachiflín. Son los que en todas las épocas, en todas las historias, en todas las civilizaciones, han lanzado a morir a otros. Predican muy cómodos las hostilidades, desde sus seguros espacios. Y siempre habrá más de algunos que torpemente, por carecer de experiencias en la vida, por candidez e ignorancia, les hará caso. O por pescar en el río revuelto de falsedades y balazos, la propiedad que a otros les costó el digno laurel del trabajo.

Para unos en Nicaragua, la política ha degradado en politiquería como vehículo del odio. Son los organizadores del pasado, los que intentan detener a nuestro país en tanto no sean ellos los que lo dirijan.

Esa apuesta por el retraso, esa insistencia en prefabricar ambientes de conflagración que solo están en las cabezas de los más extremistas, ese comportamiento al peor estilo de la Mujer de Lot, viendo con sospechosa nostalgia lo que atrás quedó, nos remite al siglo de las guerras decimonónicas, ganadas por un bando y perdidas, en territorio y desarrollo, por una sola nación.

El Obispo Mata ha declarado que los que él llama “alzados contra el gobierno” no cuentan con base social. De hecho, su base es mediática y, vaya “casualidad”, quienes afirman que “tienen motivaciones políticas” como Eliseo Núñez, pertenecen a la extrema derecha que falsea la imagen real de Nicaragua.

Calumnian sobre la “falta de libertad de prensa”, y son los que se reparten con la cuchara grande la Libertad de Expresión, para darse el gustazo de sustituirla por la Libertad de Alucinación. Difaman con supuestas confiscaciones, cuando hay un fluido entendimiento entre los empresarios y el Gobierno del Sandinismo Histórico del presidente Daniel Ortega, la escritora Rosario Murillo y el eficaz enlace del comandante Bayardo Arce.

Alucinan con “Primavera Árabe”

Hablan de “dictadura” y nadie ha podido ver un prisionero político de carne y huesos. Ponen en altares de papel a “héroes” en las montañas, cuando en Honduras, confesó Mata, “nos dimos cuenta que lo tenían (a Marvin Figueroa) circulado de un asesinato frustrado”.

El incisivo interés de ensalzar a estos individuos llega al colmo de decir cualquier cosa, con tal de urdir para el consumo internacional un país en estado de “Primavera Árabe”, donde el único desierto a la vista es la oposición con su conato de “Hermandad Liberal” que trató de pastorear de la Ceca a la Meca, el “neutral” señor Mata.

No es muy responsable tampoco que el religioso considere que un elemento abatido en años anteriores “fue el primero que empezó a dar los golpes fuertes de una nueva guerra, o más que guerras, escaramuzas”.

El diccionario de la Real Academia Española define en su segunda acepción el término Guerra: “Lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación”.

Escaramuza, dice la RAE: “Refriega de poca importancia sostenida especialmente por las avanzadas de los ejércitos”. “Riña, disputa o contienda de poca importancia”.

Esta relación insalubre con la verdad empuja a la derecha conservadora a ocupar la distorsión como su principal materia prima para enlatar y rotular perversamente a Nicaragua como un producto nocivo para la salud del mundo.

Si ya confunden Escaramuza con “Guerra” y algo de Poca Importancia con “Golpes Fuertes”, no es raro que terminen mirando “héroes” donde los datos policiales de Nicaragua y Honduras registran “asesinato frustrado”.

La Divina Palabra, en Mateo 5:9 dice: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados Hijos de Dios”.

Y no se pacifica inventando guerras.