La historia de San Siro siempre complica la vida a los rivales, sea el Milan uno de los mejores de Europa, o un conjunto venido a menos, como es éste. La visita al estadio italiano siempre resulta un arduo ejercicio incluso para el Barça de Tata Martino, que aunque contaba sus partidos por victoria en Europa, esta noche no pasó del empate (1-1) ante un equipo que no asusta más que por su músculo y por Mario Balotelli, suplente en esta ocasión.

Ante un rival muy defensivo, los de Martino no tuvieron claridad en el último pase, como en Pamplona, y sí muchos problemas, sobre todo al principio, en la retaguardia ante unos rejuvenecidos Kaká y Robinho. Mientras, Messi, aunque fue el autor del empate, todavía no tiene el punto de explosividad que le hace ser el mejor del mundo. Su desequilibrio parece imprescindible para partidos en los que los rivales se cierran sobremanera.

Además el Barça tuvo un inicio muy pobre. Quizás por la dimensión del escenario o por la defensa adelantada y la presión que ejerció el Milan, los de Martino salieron más espesos de lo normal. Y más sorprendente todavía, la dupla Kaká-Robinho se movía a sus anchas por el frente de ataque sin que Alves, Piqué y Mascherano pudieran controlarlos.

Tal era la falta de intensidad en todo el equipo, que de ello se contagió Mascherano para cometer un error en un balón en principio sencillo de gestionar. Robinho lo aprovechó para hacer la pared con Kaká, y marcar el primero para delirio de la grada. En la carrera con Robinho quedó patente que Piqué no atraviesa su mejor momento. El brasileño le ganó la partida en el cuerpo a cuerpo, algo difícil de entender.

Tardó unos veinte minutos el Barça en concentrarse y hacer el fútbol que quería. El Milan, ya encerrado, se dedicaba a salir a la contra con velocidad y potencia. Kaká era un problema constante por el lado de Alves y Robinho seguía buscando a Piqué. El Milan impedía los balones largos del Barça y no le quedaba otra que tocar y tocar. Nada de mezcla, como le gusta Martino.

Todo por la vía del pase corto. Desmenuzando concienzudamente el entramado defensivo tejido por Allegri. Y presionando la salida de los italianos para poder tener opciones de contragolpe. Y precisamente de ahí surgió el gol del empate. Un robo de un incombustible Busquets lo aprovechó Iniesta para asistir a Messi dentro del área. El argentino no logró fabricar una acción muy vistosa pero si efectiva. Con su pierna izquierda hizo el empate para tranquilidad de Martino.

El jugador argentino no se sintió cómodo por el centro y jugó casi todo el encuentro partiendo desde la derecha para intentar sorprender, pero pocas veces lo lograría. Tampoco Neymar, que dispuso de un par de buenas ocasiones para marcar, pero que ni en la banda ni por dentro encontró la forma de sorprender.

A la reanudación Robinho volvió a asustar con un no remate a lo Pelé cuando estaba solo ante Valdés. Respondió el Barça con otro mano a mano que no acertó a rematar Iniesta en gol. Xavi con un tiro lejano y Messi con una volea desde la frontal lo probaron sin fortuna también.

El rival ya no quería jugar más y el Barça lo intentaba de todas las formas posibles. Pero con el tiempo llegó el momento de controlar las contras rivales. El empate servía a ambos, aunque dejaba al Barça con mal sabor de boca antes del clásico. De nuevo el Milan y de nuevo San Siro que enreda al Barça, un campo que por lo que sea no sienta bien a la altura futbolística alzulgrana.