Nicaragua se ha consolidado en los últimos años como un productor de cacao de altísima calidad, concentrándose dicha producción en miles de pequeños agricultores.

El departamento de Río San Juan, por sus condiciones climáticas, se está convirtiendo poco a poco en uno de los polos de este cultivo, del cual un porcentaje se comercializa a pequeña escala en el mercado local, mientras que el resto se exporta –vía la empresa Ritter Sport- a Europa para la fabricación del chocolate.

Para los agricultores de Río San Juan, donde se ubica una de las tres reservas de Biósfera de Nicaragua, dedicarse a este cultivo además de una necesidad económica, también es un asunto de conciencia ambiental, ya que el cacao a diferencia de otros rubros, necesita de un manejo forestal que prioriza el cuido del bosque.

“Nosotros vivimos en una zona especial, una zona protegida, por lo tanto no se pueden hacer otro tipo de cultivos como en la zona de Chontales donde hay agricultura y ganadería extensiva”, refirió Ángel Alfonso Tapia, presidente de la Cooperativa de Desarrollo del San Juan (Coodeprosa), ubicada en el municipio de El Castillo.

En todo el departamento hay 4 cooperativas, una asociación, y 470 productores individuales de cacao que están en proceso de conformarse en cooperativas.

Genera buenos ingresos

Una cacaotera bien manejada puede empezar a rendir sus primeros frutos después de tres años de instalada.

“Cada 15 días nosotros hacemos una corta. La época alta de cacao comienza de octubre a diciembre y la otra época es en febrero, marzo y abril”, manifestó Tapia.

La cooperativa nació en el año 2008 y sus 32 socios poco a poco se han dado cuenta de las ventajas que representa el cacao para sus ingresos familiares, ya que un quintal en baba tiene un costo de 700 córdobas, mientras que ya seco asciende a los 4 mil 200 córdobas.

El cacao en Nicaragua se cultiva en tres variedades, el trinitario, el criollo y el forastero. De estos el trinitario posee los mayores niveles productivos, pero su sabor es muy ácido, al contrario del criollo que produce menos pero que goza de mayor demanda para fabricar chocolate de calidad.

Cultivo amigable con el ambiente

Juan José Canales, socio de Coodeprosa, señaló que el seguimiento a la producción es fundamental para obtener buenos rendimientos, pues el ciclo ronda los seis meses desde que nace la flor hasta que el fruto está listo para el corte.

“Una planta productora tiene que producir arriba de 80 mazorcas al año. Eso va en dependencia de la asistencia, la deschuponada y el manejo de la plantación. Este es un trabajo diario donde uno tiene que estar pendiente siempre de la planta”, aseguró.

Un elemento muy importante a tomar en cuenta es que el cacao necesita de la sombra para poder prosperar durante los primeros años, pero cuando sus ramas ya se han extendido necesita una mayor radiación solar.

Para los socios de Coodeprosa la producción orgánica del cacao es fundamental, ya que además de no poner en riesgo su salud con la exposición a elementos químicos, también les garantiza un buen mercado.

“Aunque uno no tenga la certificación tiene que producir de manera orgánica con el compost y no echándole químicos a las plantas, porque así cuidamos el medio ambiente y nuestra salud”, dijo Juan José Canales.

La calidad garantiza un buen mercado

Sin embargo, todo el proceso no queda en el cultivo, sino que luego de ello se pasa a un trabajo no menos arduo y exigente en el centro de acopio de la cooperativa.

Allí José Demetrio Pérez, como un catador experimentado, lo recibe de la mano de los demás productores, no sin antes garantizar que el cacao sea de máxima calidad.

“Se hace una selección de semilla porque aquí lo que se busca es calidad. La almendra tiene que venir limpia, sin suciedad, que no venga cortada o con granos negros”, aseguró.

Si el cacao cumple estas condiciones pasa a los túneles de fermento durante 4 o 6 días y luego a los túneles de secado. Finalizado esto, se echa en sacos y se lleva al pequeño puerto de El Castillo donde es embarcado hasta Los Sábalos, río arriba. Estando en este último lugar se traslada por tierra hasta Matagalpa donde se vende finalmente a la empresa alemana Ritter Sport.

Chocolate La Fortaleza

Si bien la prioridad de los productores es sacar cacao de la más alta calidad, hace dos años un grupo de mujeres miembros de la cooperativa decidió experimentar con algo: producir su propio chocolate.

Una piedra de moler, un puñado de cacao, un poco de leche, y otro tanto de azúcar y canela dieron el punto al primer chocolate. Con el paso del tiempo este primer intento dio origen a lo que hoy se conoce como “Chocolate La Fortaleza”, cotizado por los turistas extranjeros que visitan Río San Juan y degustado diariamente por los habitantes de la zona.

Este chocolate se fabrica en el mismo centro de acopio y permite a 8 socias, que se hacen llamar Las Hijas del Cacao, generar ingresos extras a sus familias.

“Aquí nosotros sacamos chocolate con leche, semiamargo y con sabor a naranja”, explicó Dolores Talavera, mientras fabrica una pequeña muestra de estos.

Talavera recordó que en un inicio la gente del pueblo no lo acogió de muy buena manera, al contrario de los turistas extranjeros a quienes siempre les ha encantado.

“La población lo ha acogido bien, aunque al principio no, porque están acostumbrados a los chocolates de afuera (importando del extranjero), pero poco a poco ha venido comprándolo más. En cuanto a los extranjeros a ellos desde un inicio les gustó y lo compran bastante.

María Mayela Canales, otra de las socias, aseguró que la producción no es muy grande pues producen al mes entre 300 y 500 chocolates.

“Nosotros pensamos en un futuro hacer chocolate con café que es muy rico”, señaló María, posando en sus manos una bolsa de chocolates cuyo costo es de apenas 15 córdobas, un precio realmente bajo si se toma en cuenta que está producido con uno de los mejores granos de cacao del mundo.