Hay una persistente línea de ataque nacida de la mera matriz ideológica derechista: la obstinación de fabricar un ambiente pre insurreccional en el norte con lo que hallen a mano, aunque sean delincuentes, y ensuciar al único Ejército limpio y profesional que ha contado Nicaragua en toda su historia.

En los últimos días de ofensiva mediática, se proyectó prácticamente un “estallido” en las montañas del norte, y, de “pronto”, tales medios hablan de “irregulares”, “guerrilleros”, “rearmados”, “alzados”, pero evitan ofrecer la película completa.

Antes, “vieron” multitudes en las calles, en rechazo al Canal Interoceánico: a duras penas unas 200 personas que, por supuesto, tienen derecho a oponerse, pero no decir que son “el pueblo”. Antes, “miraron” “clientelismo” en los programas sociales. La FAO más bien lo consideró ejemplo para otros países. Años atrás, que el FSLN confiscaría las remesas a las familias nicaragüenses; que les quitaría las empresas a sus dueños, y un largo Halloween de etcéteras.

El último artificio

Fabricar un rostro de “descontento”, de “protesta”, en la ciudad, o de “guerrilleros” y “grupo armado en la montaña” como gusta decir a cierto jerarca católico, es parte de atizar odios extremos para llevar adelante una agenda política, no importa si se daña la nueva imagen de Nicaragua que tanto ha costado construir.

Si no existiera el popurrí de falacia partidaria sonado por sus medios, como los casos antes citados, podría haber, por lo menos, alguna duda sobre los informes oficiales del Ejército.

Pero después de dar como “hechos” las falsedades que en sus propias oficinas se cocina, partiendo de no reconocer su propio fracaso en las elecciones pasadas, ratificados posteriormente por las encuestas y la falta de convocatoria popular en sus cruzadas antisandinistas --- que deberían leerse como referéndum reprobatorio a sus mínimos líderes---, sería irresponsable dar crédito a tan sistemáticas patrañas.

Desde hace varios años, una de las instituciones de mayor credibilidad, prestigio y respeto en la sociedad nicaragüense, comprobado por sus pares en otras naciones, y por firmas encuestadoras locales y extranjeras, es precisamente el Ejército. Al contrario, los rechazados por la opinión pública lo constituyen las siglas de la extrema infamia.

Hay una feroz insistencia en deteriorar, en el alma del nicaragüense, su confianza en la institución castrense. No le perdonan su origen. En su día, le quitaron el sombrero, el nombre de Sandino y mandaron a retiro a muchos hombres y mujeres. Ahora van por su reputación para luego pasar al tema de las armas. Por eso es que tratan de poner a las Fuerzas Armadas a la par de individuos que después de industriales ingestas de licor, asesinan a campesinos indefensos y roban. En esa lógica siniestra, de irrespeto a la institucionalidad, lo que informe el Ejército no es creíble y cualquier cosa que digan los forajidos es la “verdad”.

En el caso de dar propaganda a presuntos “alzados” contra el gobierno, hay un juego pernicioso para ocultar los sucesos, contaminándolos con el discurso de actores políticos de tal forma que el dato cierto difícil de obviar, al final se perciba irrelevante en el manejo sesgado de la “noticia”. Por ejemplo: los voceros no exponen todas las piezas, sino las que les convienen con sus medias verdades, que al final se convierten en mentiras completas.

El Ejército, en sus partes, le atribuye a la banda de “El Flaco”, los asesinatos del productor Nahúm de Jesús Cruz López y del secretario político del FSLN en Kilambé, Javier Moreno, tras ser torturado salvajemente para luego matarlo a tiros. Pero, a nivel mediático, la muerte violenta que sufrió Cruz López se invisibiliza. Y solo publican la del dirigente sandinista, para inducir un matiz político a los individuos que actúan fuera de la ley.

Y más manipulación

Cuando algunos de los altos funcionarios de los programas de la ONU han destacado los esfuerzos del presidente Daniel Ortega en la lucha contra el hambre, la pobreza, el cumplimiento adelantado de algunos de los Objetivos del Milenio, las portadas no están disponibles.

Sin embargo, una circular interna de las Naciones Unidas en Nicaragua alcanza la escandalosa primera plana, porque “alerta a sus empleados que en vista que ha recibido información sobre un tiroteo entre fuerzas combinadas del Ejército, la Policía Nacional…” y, léase bien: “un grupo armado delincuencial en la comunidad del Corozal, municipio de Pantasma”.

Todo mundo sabe que los propietarios de las regiones productoras siempre han solicitado el apoyo del Ejército para sofocar a las bandas delincuenciales por el robo, el abigeato, el asalto.

Como siempre, para darle “seriedad” al tema, surge por enésima vez la figura del obispo Juan Abelardo Mata. Aunque haya tenido un activismo político beligerante, llegando a promover la “tan ansiada unidad” de Eduardo Montealegre y Arnoldo Alemán, ante el “altar liberal”, los medios conservadores se las arreglan para presentarlo como “apolítico”, “neutral”, sin “motivaciones partidarias”. Mata ahora es la “palabra revelada” que habla de un Armagedón rural. Luego, los activistas de derechos humanos se encargarán de los efectos especiales y “temporales” de semejantes “profecías”.

El jefe del VI Comando Militar Regional del Ejército de Nicaragua, coronel José Dolores Hernández, rechaza que las tropas cometan atropellos contra la población en Santa María de Pantasma.

Censura

Las declaraciones del jefe militar no fueron reproducidas en su totalidad porque entorpece el relato de la derecha. No obstante, otros periodistas reportaron: “Lo que pasó ahí (en Pantasma) es que la población nos manifestó que ya no aguantaban a una banda delincuencial que extorsionaba a los habitantes de la zona y cometía abigeatos constantemente, por lo que dispusimos de una fuerza de 20 efectivos militares para enfrentar al grupo delincuencial”. (El Nuevo Diario).

Ocupando todos los mecanismos de la desinformación, el partido impreso pone casi al final lo que viene a desinflar la burbuja del “alzamiento”, en las propias declaraciones del alcalde de Pantasma, Oscar Gadea: “Hay que ser cauteloso con estos señalamientos de si son o no alzados en armas en contra del Gobierno; cada quien tiene su percepción sobre eso acá, pero hay que tener cautela”.

Y dijo más: que los repentinos “héroes” mataron “a un señor, Trino Cano, que no se metía en nada. No tenía cargo político. La información que tengo es que fueron unos ladrones, pero no sé si se trata del mismo grupo de ‘El Flaco’”.

Si el jefe de la comuna estuviera convencido de que el tal “Flaco” es el mítico guerrillero que sectores interesados pintan desde Managua, lo hubiera absuelto de plano de semejante crimen. Empero, lo ubica en el mismo nivel de otros delincuentes que asolan la zona. El coronel Hernández confirmó las sospechas: “los hombres que lo mataron pertenecen al grupo de ‘El Flaco’”.

La Policía informó que los asesinos, elevados por algunos opositores a la categoría de “grupos armados en las montañas”, inflando un ambiente de guerra inexistente, “se encontraban ingiriendo licor” en la propiedad del desafortunado ciudadano.

El señor Gadea, muy honesto, certificó la calidad moral de las tropas comandadas por el General de Ejército, Julio César Avilés: “… sigue desplegado en todas las comunidades y municipios de Pantasma. Es lógico que haya un poco de nerviosismo por ver a tanto militar armado en la zona, pero más allá de eso sería mentirte si te dijera que acá se han reportado abusos en contra de la población; no hemos tenido nada de eso”.

Si tanto dicen defender la Constitución, los extremistas conservadores, deben también defender aquellos artículos que más les causan escozor. Por ejemplo, por qué no empezar con el artículo 95: “No pueden existir más cuerpos armados en el territorio nacional, ni rangos militares que los establecidos por la ley”.

La verdad, no hay alzados, solo ensalzados por la extrema derecha.