En este ensayo, El Diplomático Rubén Darío se concreta el recorrido de la vocación diplomática del magno poeta modernista a través de sus artículos y correspondencia, como también de otros textos poco conocidos y citados. Así se detallan los destinos oficiales que le fueron acreditados en España, Argentina, Francia y Brasil, representando a los gobiernos de Nicaragua, Colombia y Paraguay.

Sin duda, Rubén Darío ejerció la diplomacia con auténtico interés. Lamentablemente, esta experiencia no le resultó tan grata como esperaba. Sin embargo, vale la pena recordarla y reconstruirla a la luz de nuevos documentos.

Nicaragua aportó lo que se podía para formar y forjar al creador. En la Biblioteca Nacional, inaugurada por el presidente Joaquín Zavala, el Darío adolescente laboró, leyó y asimiló a plenitud; fue empleado de la presidencia de Adán Cárdenas, quien le pagó el pasaje marítimo a Chile; el gobierno de Evaristo Carazo le editó su primer libro: Epístolas y poemas; y el de Roberto Sacasa lo comisionó para representar al país en la celebración en España del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América.

Mas fue José Santos Zelaya el gobernante a quien Darío estuvo más ligado. La administración del reformador liberal lo nombró cónsul en París, delegado en Madrid a la cuestión limítrofe entre Nicaragua y Honduras, secretario de la delegación nicaragüense a la Tercera Conferencia Panamericana en Río de Janeiro y ministro residente en Madrid ante la Corte de Alfonso XIII. Sin embargo, correspondió al gobierno de Colombia —y a su amigo el expresidente y poeta Rafael Núñez— conferirle el cargo más significativo para su carrera (y el más cuantioso): cónsul general de Colombia en Buenos Aires.