Tuve más tiempo en estas vacaciones, de las que gracias a Dios regresamos, para navegar en las tales redes sociales, que como siempre he dicho de sociales no tienen nada y por supuesto no dejé de encontrarme con esas personas -les voy a llamar así para no comenzar demasiado mordaz este año- que comentaban mis escritos amargadamente y entre los más ácidos reclamos me increpaban el por qué yo insistía en defender a este régimen si con el Nicaragua perdía. 

Por supuesto que aquello solo fue para mi lectura y jamás para contestar porque cuando esas cosas pasan y vienen envueltas en insultos y groserías lo que hago automáticamente como si fuese un robot es bloquear al vulgar y además con profunda satisfacción porque uno no debe descender al mundo donde habita la ignorancia, por el contrario, debemos aspirar siempre a mantenernos en los altos planos del valor y de la descendencia.

Eso sin embargo me planteó un muy buen tema de arranque para este 2023 porque efectivamente no es que Nicaragua esté perdiendo, es que Nicaragua ya perdió mucho y a eso hay que ponerle un punto final y es hora de un nuevo comienzo, de escribir una nueva historia, de imponer el imperio del orden y el respeto en una nación que refundada en un modelo de convivencia humana no tenga más retorno al pasado y eso implica que estamos hablando de una nueva república. 

La república es una forma de organización del Estado. En la república, la máxima autoridad es elegida por los ciudadanos ya sea de manera directa o a través del Parlamento, cuyos integrantes también son elegidos por la población. El principal canal de participación ciudadana en la república es el voto secreto en elecciones libres donde la participación sea sin presiones ni condicionamientos. 

En la república presidencialista es el pueblo quien elige al presidente o jefe del estado y en las parlamentarias es el parlamento quien lo elige. En unas y en otras los poderes del presidente son distintos.

El héroe nacional, conceptuado como el "Mártir de las libertades públicas", el periodista y conservador Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, hoy 10 de enero, cumple 45 años de haber sido asesinado y esta fecha tan conmemorativa se destina a la toma de posesión de los presidentes electos de nuestro país y hoy de las autoridades edilicias de los 153 municipios victoriosamente ganados por la Alianza Unida Nicaragua Triunfa, que encabeza el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Pues bien, a propósito de la fecha tan conmemorativa, recordamos que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal proclamó que “Nicaragua volvería a ser República” en un acto realizado por la Unión Democrática de Liberación (UDEL), en Chinandega, uno de los movimientos políticos anti somocistas más beligerantes surgidos en los últimos años de la dictadura somocista y fundado en 1974. 

Aquel grito de que “Nicaragua volverá a ser república” ha sido esgrimido y retomado a lo largo del tiempo por cualquier cantidad de políticos y por cualquier cantidad de siglas que contra cualquier gobierno hubo en Nicaragua desde la revolución de 1979 porque es fácil recordar como los somocistas lo gritaban, cómo los unionistas de 1990 lo repetían ante el gobierno de la viuda de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Violeta Barrios; cómo los pronalistas de Antonio Lacayo, lo espetaban a Arnoldo Alemán y cómo los liberales lo exigían a Enrique Bolaños. 

Ese mismo grito tampoco lo dejó de escuchar Daniel Ortega Saavedra desde la boca de cualquier tipo de cosa en la que se hayan convertido hasta nuestros días los somocistas, los pronalistas, los llamados liberales, la nueva era, los libertadores, salvadores, obispos, sacerdotes o los empresarios de maletín que desde sus respectivos archipiélagos en un momento fueron juntados por el imperio norteamericano para destruir a Nicaragua en el 2018. 

La percepción que yo tengo de la Nicaragua republicana que se preconiza desde hace 50 años es que esta realmente se comenzó a cimentar en serio y por primera vez desde el 2018 cuando al fracasar el golpe de estado y se dispuso liberar al país de las garras que lo secuestraban llegó el orden, prevaleció la ley y se recuperó la estabilidad y la seguridad por la vía de lo que manda nuestra constitución que es la que finalmente nos permite estar donde estamos en un punto de partida de fortaleza interna para avanzar hacia la paz y la reconciliación y de grandes perspectivas externas a través de nuevas relaciones internacionales que hoy nos permiten conjurar cualquier tipo de agresión imperial. 

Nicaragua ahora sí es una república porque es un país donde el gobernante lo determina su pueblo, dónde los poderes del estado armonizan y no compiten porque cada cual hace lo que le corresponde, dónde las fuerzas armadas, el ejército y la policía, resguardan la soberanía y protegen a la ciudadanía, dónde las instituciones del estado funcionan a su máxima capacidad con el apoyo requerido, dónde el pueblo, indistintamente de su posición política o ideológica, es merecedor de un robusto sistema de salud y de una alta educación que recibe gratuitamente, además de gozar de una inmensa cantidad de beneficios que surgen de una gigantesca visión social que es producto de una voluntad política que representa la fuerza de quienes somos los constructores de prosperidad y progreso para el país y para todos los ciudadanos. 

Esbozo lo anterior en lo general y no en lo particular porque desde el 10 de enero de 2007 a esta parte, 16 años atrás, el proceso de lo que fue la Nicaragua saqueada a lo que es la Nicaragua republicana se comenzó a tejer con obras grandes todos los días y hoy a pesar del golpe, de la pandemia y la naturaleza, estamos en la línea de salida que como meta nos conducirá sin duda alguna al mejor país que hemos tenido a lo largo de todos los tiempos. 

Fui claro desde el arranque en poner los puntos sobre las íes al decir que el asunto no es que Nicaragua pierde con un “régimen” como el de Daniel Ortega Saavedra, así le llaman los plumarios, sino que Nicaragua ya perdió con todos esos desgobiernos del pasado en los que solo los mandamases estaban bien y el resto, el pueblo, nunca importó que estuviera mal y de ahí que haya llegado el momento de golpear la mesa y decir con fuerza que Nicaragua ni volverá a perder y que llegó el momento de verla resucitada, ganando, venciendo, con la frente en alto, enorgullecida de sus logros y por encima de todo agradecida de Dios.

Ser temporal o ave de paso es lo peor que le pude suceder a cualquier político y si usted revisa la historia se encontrará que entre designados de gobierno, presidentes auto impuestos como Willian Walker, sucesiones familiares, militares que asumieron por golpes de estado, triunviratos, juntas de gobierno y presidentes electos podrá contar seguramente a más de 60 gobernantes o cogobernantes desde nuestra independencia, pero ninguno de ellos fue perecedero en sus obras, ninguno de ellos fue constructor, ninguno de ellos creó modelos propios, ninguno de ellos integró al país y en consecuencia ninguno de ellos hizo de Nicaragua la república que hoy tenemos. 

Amigos Nicaragua ya perdió en el pasado y lo más valioso que perdió, más allá de los territorios que nos desmembró Honduras y Costa Rica y lo que insiste en robarnos Colombia, del asalto que a través de la historia nos hicieron los que nos gobernaron hasta el 2007, lo que más ha perdido nuestro país es el tiempo y debemos estar convencidos que cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada semana, cada año que pasa es un tiempo que no tiene retorno y no podemos seguir ni perdiéndolo ni seguir en las mismas.

Ya aburre, ya cansa, ya nos resulta detestable seguir escuchando las maldiciones y malos presagios de aquellos fracasados que pudiendo hacer no hicieron cuando les tocó y que cuando ven que el país sí crece de la mano de los que ellos siguen considerando son sus enemigos entonces se revuelcan de envidia y recurren a la traición de aliarse con el agresor para ver si por la vía del amo extranjero vuelven a tomar el poder no para hacer mejor las cosas sino para seguir robando y para mantenernos en el atraso y esa gente debe entender que se quedaron sin tiempo, que el de ellos ya pasó y que de ninguna manera volverán jamás, al menos no los mismos. 

Nicaragua y los nicaragüenses que la amamos, sin duda alguna la inmensa mayoría, entendemos, que, partiendo de lo que la historia nos enseña, del antes y después del 2007, del antes y después del 2018 y del antes y después del 7 de noviembre del 2021, lo que se nos viene es una nueva configuración de la sociedad política, económica, social y cultural del país y si lo quieren más claro es hasta un parte aguas de la configuración espiritual porque incluso el “efecto-daño” que sufrimos es una factura que ya está pagando la iglesia católica de Nicaragua contra la que cristianamente tenemos un profundo reclamo, pues en esencia es la causa de un mal causado, porque bendijeron a nombre de Dios los asesinatos, violaciones, secuestros, torturas, quemas y el estrangulamiento de una economía que ya vamos recuperando y por los miles y miles de nicaragüenses desempleados por causa de la politiquería de algunos obispos y sacerdotes que siguen como que si nada y a los que se les ha ocurrido que están por encima de la paz, de la decencia, de la estabilidad, del orden y que llegaron a pensar que estaban más allá del bien y del mal y en consecuencia fuera del alcance de la ley. 

Que requerimos la existencia de una oposición en el país, sí, la necesitamos, porque de la misma manera que no es conveniente que el hombre esté solo, porque en esa situación es proclive a desbocarse y en consecuencia requiere de la ayuda idónea de la esposa o de la compañera para juntos andar en el camino, de la misma manera el gobierno requiere tener un contra peso, requiere a gentes que desde la acera de enfrente aporten, que enriquezcan, que se incorporen con una visión auténtica de progreso y desarrollo a lo grande que viene y no se dediquen solamente a criticar, a estorbar, a ser muros, restas o divisiones porque eso es lo más fácil de hacer y lo que al final es lo que termina cobrando un pueblo en las elecciones porque hasta el más bruto se da cuenta que no es negocio acercarse o escuchar a la fatalidad. 

Vean todo lo que hemos andado en los últimos 16 años. La transformación de Nicaragua es innegable, siempre estamos hablando de las obras por la visión con que fueron construidas desde lo estratégico que son, pero además de la calidad con que fueron hechas para su durabilidad y la visión estética que tienen para los que nos gusta vivir bonito. 

Pues bien, hay una mala noticia que tengo que dar a los “yeta”, a esos que son sinónimo de mala suerte, de desgracias, esos a los que nadie se les quiere acercar porque apestan a tragedias y es que vienen grandes cosas para Nicaragua y todas aquellas miserias humanas que la quisieron ver como una estrella en la bandera del imperio van a tener que hacer dos cosas o revolcarse en la miasma que putrefactamente producen sus cuerpos o gozar de los beneficios, aunque no los merezcan.

Aquí se oyen pasos de cosas gigantes que se nos vienen y esas pisadas sonoras nadie las para, Él Único que podría es el Creador, pero siento que indudablemente está con nosotros, porque ha permitido en Daniel Ortega y Rosario Murillo la existencia y frescura de una visión mágica y encantadora que no puede ser invisibilizada por nada y es una bendición porque con poco hemos hecho muchísimo y tanto que de pronto sentimos que encarnamos en aquella escena milagrosa de la multiplicación de los panes que fueron suma y multiplicación para un pueblo que tenía hambre y fue saciado.