De muchas formas y en diferentes circunstancias, utilizamos expresiones, a propósito de lo generoso y amplio que es la riqueza de nuestro castellano, para hacernos entender integralmente y de la mejor manera posible sobre temas que en el detalle y las apariencias proyectan cosas pequeñas, pero en el fondo aspectos inmensamente grandes.

Cuantas veces hemos dicho o escuchado, en el campo político o mediático la frase “eso es solo la punta del iceberg” en lo personal la he usado y me la han referido cantidades de veces para profundizar sobre un determinado tema y dar a entender que de lo que se habla es solo una ínfima parte de lo que realmente es cuando se destapa un escándalo sobre el cual se sabe con certidumbre que tras el mismo hay una trama mucho más importante, más grande, más putrefacta que el afectado o los afectados desesperadamente buscan cómo ocultar de la opinión pública.

Utilizamos el concepto de la punta del iceberg porque esta es una muestra infinitamente pequeña que sobresale como masa flotante de hielo en la superficie del mar, pero que esconde, sumergida bajo el agua la mayor parte de lo que realmente es y que puede perfectamente bien ser diez, veinte, treinta veces más grande de lo que apenas nada arriba. Dicho de otra forma, cuando referimos lo de “la punta del iceberg” es para hablar sobre lo que realmente no se ve, de lo que está por abajo o de lo que verdaderamente se esconde o se trata de esconder.

Para que tengamos una idea de lo que puede ser un iceberg y de lo que su punta puede esconder solo recordemos la tragedia del Titanic la noche del 14 al 15 de abril de 1912, exactamente 110 años atrás, cuando el trasatlántico británico, realizaba su viaje inaugural que no concluyó porque chocó con una enorme y supuesta masa de hielo de la que solo sobresalía en el mar una aparente puntita frente a las costas de Terranova en el Atlántico Norte, pero que por abajo escondía a un genocida.

A bordo de aquel barco, del que su constructor llegó a decir que ni Dios lo hundía, viajaban unas 2,200 personas, entre tripulación y pasajeros, de las cuales solo sobrevivieron 700 porque el barco se hundió totalmente y no tenía suficientes botes salvavidas.

Otra frase que igualmente mucho refiero es aquella inmortalizada por José Martí que reza; “En política lo real es lo que no se ve”. La frase, llena de una verdad absoluta, la entiendo, la asimilo y la abrazo más, en la medida que las experiencias recorridas me permiten ahora realizar análisis que van más allá de lo evidente, que están más allá de la noticia, y donde no necesariamente 2+2 es igual a 4.

La política es el mecanismo a través del cual toda sociedad logra conciliar sus diferencias para enfrentar conflictos en procura de decisiones pragmáticas que nada tiene que ver con los disparates que algunos habladores repiten mediáticamente para que los perciban como los grandes gurús de este arte cuando en realidad son los que más distantes están de los escenarios donde de verdad se encuentran las salidas.

Todos esos individuos que muchas veces uno ve, escucha o lee en esos medios de comunicación que son pregoneros únicamente de mentiras y creadores de mamparas, despotricando, diciendo cualquier estupidez o vendiéndose como los John Rambo de la película, son en realidad perros rabiosos que son mandados a ladrar, muchas veces sin que ellos mismos lo sepan, para aparentar posiciones de una fuerza que no tienen, pero que son finalmente instrumentos que manipulan a otros mucho más ignorantes y a los que siembran imaginarios que de todas formas siempre se estrellan con la realidad inexorable de que siempre la mentira termina abandonada porque es un fardo aquí y en cualquier parte que nadie está dispuesto a cargar.

La labor de los políticos entonces es encontrar la cuadratura al círculo, es hacer posible lo imposible y esa labor es para políticos de carrera no para políticos a la carrera, es para gente que calcula y mide los tiempos, que tiene los pies puestos en la tierra y no especula, que hace de lo pragmático su mejor arma y que solo chamarrea cuando solo sabe que puede.

Los interesados en hacer politiquería y no política dentro o fuera de nuestro país, que han actuado como terroristas no como opositores, en la generalidad están languideciendo y disolviéndose en el olvido porque aquí nadie los determina, porque no tienen peso, ni arrastre, ni liderazgo ni nada. Por el contrario, ven cómo pasan los días sin poder hacer nada porque la realidad de estos es la del cangrejo andar para atrás y ahora a paso doble porque los terroristas mediáticos que hasta ahora han estado pegados a la mazorca presupuestaria de la Fundación Arias en Costa Rica o de las agencias imperiales en la gusanera de Miami comenzaron a cerrar el flujo financiero a esos microfoneros que por un tiempo hicieron de la mentira su principal fuente de vida y, además, vida palaciega.

¿Por qué todo este decir alrededor de la frase sobre la punta del iceberg y de que en política lo real es lo que no se ve, como decía el Apóstol José Martí?

¿A quiénes quiero exponer y evidenciar en esta lucha cotidiana para que nos demos cuenta de que la mentira tienen patas cortas?

Comenzó a circular un escrito de despedida por Facebook de un sujeto que, diciéndose periodista, que se evidencia como prófugo de delitos, que aquí lo esperan para que responda por ellos, en el que agradecía la “atención e interés” de aquellos que le acompañaron desde una “plataforma mediática” que el montó para según él informar sobre lo que dice es la realidad de Nicaragua.

Este sujeto, más mentiroso que la mentira, vergüenza absoluta para el periodismo, es indudablemente un consumado vende patria, mercenario a cual más, que se reconoce en la nota de despedida como otro fracasado del sicariato mediático que desde ticolandia o de la gusanera de miami el imperio norteamericano ha venido financiando sin resultado alguno para hundir la democracia que la inmensa mayoría de los nicaragüenses hemos construido aquí con nuestras propias manos y por decisión libre y soberana de los nacidos aquí.

¿Ahora bien esta nota de despedida, que busca la piedad ajena para ver quien le tira un hueso de salvación, es en singular o plural?

Hasta dónde yo veo, no la punta del iceberg, sino la gigantesca masa, el desfile de mentirosos abandonados continúa viéndose expulsado de la mazorca financiera de la que como vampiros se habían pegado y de la que aún quedan adheridos algunos falaces que aunque, considerándose, ellos, tiburones, les llegará el turno de ser tan sardinas como esos tapudos que hoy andan estirando la mano para ver quien se apiada de ellos porque fuera de mentir no saben ni lavar inodoros.

El presidente Ortega desespera al oposicionismo porque ignora a los fracasados que lo habitan. No los menciona, no los determina, no es contestatario a cada locura o a la mano que alzada contra la paz del país pretenda hundirlo, sino que ha hecho desde el verdadero fundamento de la política una acción cotidiana para apoyar la vida y entender la vida, es quien consolida, con pasos seguros la paz que tenemos contra la amargura de aquellos que dan coces contra el aguijón para estabilizar plenamente la Nicaragua que hoy está en un proceso de recuperación y que saldrá adelante con pragmatismo político.

La desesperación del oposicionismo dentro de Nicaragua y fuera de ella, expresada por la mentira del terrorismo mediático que fracasó totalmente, es porque sabe que no pudo ni podrá y que su reacción, motivada por un derrota que cada día es más evidente, ha sido la de lanzar piedras al árbol que está dando frutos para la mayoría de los nicaragüenses y esa es una anti propuesta y actitud perniciosa que los jefes del oposicionismo en Washington la conocen y por eso el imperio comienza a tijeretear los jugosos emolumentos que algunos tiburones recibían y que dejaron de recibir las sardinas que hoy se denuncian abandonadas porque jamás entendieron que Estados Unidos no tiene amigos sino intereses y que ahora el Tío Sam, en lo único que está interesado, es en que no le sigan viendo la cara de tonto, aunque la tenga. Mientras aquí el oposicionismo cobra por pedir más sanciones contra el país, el imperio que es quien se las concede, se da cuenta que aquí no funcionan, que en la legítima defensa el gobierno de Nicaragua sabe responder a ellas y hace lo que soberanamente debe hacer para evadir lo que en realidad es una agresión contra su pueblo y su territorialidad.

Mientras los peleles creen que hacer política es mentir sobre lo que pasa en Nicaragua, el mundo ha dejado de creer en esas infamias y dejado de tener en su agenda una posición más agresiva hacia nuestro país, pero, solo porque ha sido más contundente y fehaciente nuestra verdad que todas las patrañas juntas de quienes nos quisieron descarrilar únicamente para tomar el poder a través del fallido golpe de estado.

Esa verdad expresada en la frase de que en política lo real es lo que no se ve, como dice José Martí, es demasiado grande en su fondo para que la ignorancia del oposicionismo y el terrorismo mediático la pueda ver. Nunca la politiquería podrá darse cuenta de lo que realmente habita en el espíritu del nicaragüense que ama a su país y si acaso lo hace de todas formas será tarde, los que levantaron la mano contra el país indistintamente se vencieron al no entender aquello de que las Águilas no comen moscas.