Cuando el Director del Gobierno Provisorio, Francisco Castellón, y Máximo Jerez, llevados por intereses políticos celebraron un contrato con Byron Cole, el 27 de diciembre de 1854, Nicaragua entraba a una de sus primeras “páginas fatales de la historia”, como las llamó Rubén Darío.

Había y aún hoy, en los descendientes de los contratistas de Cole, una salida “fácil”: recurrir a la Metrópolis para solventar cualquier desavenencia. Hacer “ruido” para atraer su atención.

Construir la nacionalidad no es asunto de “pan comido”. Aprender a vivir entre nosotros mismos no fue nunca parte del imperio español que si bien concluyó oficialmente hace 192 años, sus cadenas se volvieron, primero, linaje e ideología, y después, el mismísimo atraso organizado en algunos partidos. Lo mejor de España no pesó tanto en la balanza del funesto relevo.

Fuimos entrenados para la división, diestros en la siembra de fronteras y hábiles en cosechar odios provincianos. Guerras que empequeñecieron moral, espiritual y territorialmente a Nicaragua.

Por estos tiempos de septiembre, históricamente echamos todas las culpas a William Walker, pero el aventurero de cinco pies de alto, “frente angosta y mirada torva”, según la descripción del Ilustrated Times, del 31 de mayo de 1856, anotada por José Dolores Gámez, no vino porque “así lo quiso Dios”.

Castellón y Jerez querían a un jefe filibustero que les ayudara a romper el empate de hostilidades con Granada. Walker fue un “invitado especial”, no un “colado” en la Historia.

El historiador Gámez escribe: “Un día, leyendo el libro que sobre Nicaragua había escrito Mr. (Efraín) Squier, (Walker) se sintió enamorado de este país. Sabía que había en él guerras civiles y trató con algunos amigos de ir a darle ayuda a cualquiera de los bandos políticos, para apoderarse por este medio del país”.

No todos quieren septiembre

Hoy no hay bandos en pugna. Sí hay un pueblo que todos los días es atacado por una contada minoría que conspira contra la construcción de una sociedad más justa. Y este pueblo es el que en las plazas, las calles, las encuestas y en las urnas, puso en su lugar a los partidos del pasado que desde su seudodemocracia ---- ellos que hipócritamente hablan de institucionalidad---, no reconocen el primer principio de la Democracia: respetar al soberano. Por eso, tales políticos suenan las campanas a rebato para el consumo exterior, a fin de exportar un país “dividido” y “en conflicto”, e importar a los Cole y los Walker.

Cuando nuestro país urge del sentimiento unánime y patriótico ante la posición de Colombia de “no aplicabilidad” del fallo de La Haya, un sector aún más pequeño quiere restarle autoridad desde la extrema derecha al Presidente Constitucional de la República, Daniel Ortega, desconociendo la legitimidad de su cargo.

Así, tratan de favorecer las pretensiones de ciertos personajes de Colombia, al juntar desde nuestro país las pasiones inferiores de exacerbados políticos que nunca reconocieron su fracaso electoral, con la agitación propia de la campaña presidencial del país sudamericano.

Es claro que la unidad nacional protagonizada por las fuerzas vivas de la nación no se podrá lograr con algunos que tratan de suplantar la realidad con su verborrea seudodemocrática, toda vez que buscan con su falacia mediática adelantar una Falange a lo Byron Cole.

El presidente Ortega lo dijo clarísimo en el acto de conmemoración al presidente Salvador Allende, víctima de un sangriento Golpe de Estado: “Independientemente de que logremos como Gobierno acercar posiciones con diferentes sectores de la sociedad nicaragüense, empresario/as, trabajadore/as, hay grupos políticos que todos conocemos, que ya quisieran que sucediera en Nicaragua lo mismo que sucedió en Chile, hace 40 años.

“Gente que no le tiene ningún Amor a Nicaragua. Gente que quisiera que Colombia se quedara con ese mar, o que Colombia nos invadiera y nos agrediera. Existe esa gente, son una minoría pero existen, y reciben financiamiento…”.

A la espera de Cole y Walker

No es una mera percepción del comandante Ortega de que “hay fuerzas que conspiran” y “urden planes a diario” contra los intereses de la nación. El propio representante del sector privado en el Banco Central de Nicaragua, Freddy Blandón, en un artículo publicado en “La Prensa”, cuestiona a los “líderes” minoritarios que arremeten contra los empresarios por dialogar con el Gobierno Sandinista y apoyar la institucionalización de los encuentros.

“Lo cierto --- puntualiza Blandón--- es que esa “diatriba” se utiliza mediáticamente para presionar al sector privado para que “genere la cuota inevitable de inestabilidad” que ellos le exigen para que contribuya a debilitar al Gobierno; lo cual es un planteamiento temerario e irresponsable, ya que la inestabilidad sabemos todos los nicaragüenses, solamente acarrea atraso, miseria y sufrimiento”.

Para los que sueñan ver a Nicaragua como dejó Walker a la Ciudad Colonial, “Here was Granada”, la mejor respuesta es la de los hechos. El Empresario del Año 2013, galardonado por el Consejo Superior de la Empresa Privada, Cosep, el guatemalteco Julio Herrera dijo a El Nuevo Diario:

“La semana pasada me impresioné con la sofisticación y cultura de diálogo de los empresarios con el gobierno. No he visto el respeto a la institucionalidad en otros países centroamericanos, y atribuyo esto a la búsqueda de consenso a la comunicación y seguridad efectiva en Nicaragua”.

Así se construye la Independencia. Y se hace Patria.