Escritor y periodista, el argentino Hernán Casciari sorprendió la víspera cuando sostuvo que a él no le importa si los libros se leen en formato impreso o digital; la convivencia de ambos, la muerte de los dos, o incluso el fomento a la lectura.

Lo que realmente le ocupa y le preocupa, alertó, es que ‘la tecnología está destrozando nuestra concentración como lectores, autores o escuchas’ y las consecuencias que ello tiene en la vida actual.

Al participar la víspera en el Tercer Simposio Internacional sobre Libro Electrónico, el ex columnista de ‘El País’ y director de la revista ‘Orsai’, llamó la atención sobre este problema que parece pasar inadvertido sobre la falta de concentración, al no poder escuchar, escribir o leer por más de 30 minutos, sin distraerse con la tecnología.

En el auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología, recordó que en el siglo XX, cuando más joven, podía concentrarse sin problemas, ‘leer como un desesperado’, lo mismo le ocurría al escribir. Podía ir a conferencias, concentrarse y escuchar a una persona sin distraerse’.

En este siglo algo paso, dijo, al principio sin importancia, pero ahora ‘no puedo escribir media hora sin mirar el celular, mi cabeza empieza a divagar. A los 20 minutos se está activando el celular con cualquier pretexto. Queremos tener la pantalla prendida, nos relaja saber que estamos conectados a otra cosa, miramos el mail, el Twitter, nuestra concentración viene y se va’, señaló.

Indicó que su hija, por ejemplo, es una nativa digital absoluta, por lo que tiene una ausencia de melancolía por el libro tradicional.
‘Ella está más tiempo viendo videos en YouTube, en aplicaciones del iPad. Hasta hace un tiempo me preguntaba si esa fragmentación le permitirá, en el futuro, concentrarse’, reconoció en su conferencia magistral, de la cual da cuenta un comunicado del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

En una ocasión, comentó, al leerle un cuento, en el momento climático del relato, ella dijo, ‘no importa, que le hable por el celular.
Descubrí que mi hija no tiene una noción de la vida ajena a la telefonía, a las tabletas, la computación y me dije: ´que espantosa sería la literatura si el teléfono hubiera existido´’.

Eso lo hizo reflexionar sobre cómo historias clásicas como Macbeth, Pinocho, Romeo y Julieta, hubieran perdido su mundo dramático de haber existido la telefonía celular.

El ganador del primer Premio de Novela en la Bienal de Arte de Buenos Aires (1991) pidió a los asistentes que pensaran en una historia fantástica y pónganle al protagonista un aparato de los actuales, con conexión. Cualquier personaje se hubiera mandado mensajes’.

Así que la tecnología no sólo está destrozando la concentración como lectores, sino que además hace añicos las historias que se quieren contar a los nativos digitales.
‘Con el teléfono, la caperucita alerta a la abuelita, con un teléfono el coronel sí tiene quien le escriba. Una gran cantidad de historias escritas tuvieron su principal fuente de conflicto en la distancia, el desencuentro y la incomunicación, a la enorme concentración de sus autores y a la usencia de mecanismos electrónicos’.

Entonce, lo tecnológico empieza a entorpecer las historias que se cuentan y las historias que se quieren contar haciéndolas airadas y predecibles, concluyó el argentino quien se preguntó finalmente si ¿nos estaremos privando de aventuras novelescas por culpa de la conexión permanente?