“Pues no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz”.
Lucas 8:17

I

Nadie dio la cara por el Golpe de Estado.

Ninguno de sus dueños. Porque las máscaras nativas aparecieron.

Y sobraron los traidores, incluido empedernidos “marxistas”. Tan “iluminados” que hasta poses de Lenin mostraban cuando se aprovechaban a más no poder de la Revolución (1979-1990). “Duchos” en la “interpretación materialista de la historia”, recitaban hasta el cansancio: “¡Sin marxismo-leninismo no hay sandinismo!”. “¡Muerte al imperialismo yanqui!”

Judas autoritarios, de alto y bajo rango. Cuadrados más que cuadros “ideológicos”. Represores de la libertad de expresión. Comisarios políticos que vociferaban contra el capitalismo. Comandantes que soñaban en público en colgar de los postes de luz a los “empresarios vendepatrias” o atemorizaban a los trabajadores del campo con cortarles las manos si se les ocurría organizar una huelga. Estos y otros deleznables etcéteras aparecieron convertidos en primaverales “demócratas”.

Y pontificaron sobre la libertad y la tolerancia. Y hablaron de que en Nicaragua había una “dictadura”.

Nada nuevo bajo el sol, como dijo el Sabio Salomón.

A falta de una causa para ser creíbles, quisieron pintarrajearse de colores patrios. Infectar la Bandera de rencores otoñales, embadurnarla de odios nuevos bien remunerados, y ensuciarla con lamentables biografías retocadas por la canalla mediática con el esmero pagado de las funerarias hacia sus difuntos clientes.

En abril de 2018 los golpistas demostraron que eran tan “originales” que por primera vez el mundo conoció la palabra compuesta “autoconvocados”.

La derecha internacional además los nombró “estudiantes”. La prensa al servicio de los poderes hegemónicos los bautizó “manifestantes pacíficos”. Algunos demonios dizque de “izquierda” hasta vieron una teofanía: eran “ángeles”. Los países que se precian de “democráticos” con masacres semanales, altos índices de inseguridad ciudadana, violaciones sistemáticas de los derechos humanos, bodegas del narcotráfico y asesinatos de líderes sociales, etiquetaron el zarpazo a la Constitución de “rebelión cívica”.

La OEA condensó todo el miasma.

Y los regímenes insalubres de muchos Estados en descomposición se apresuraron a echar en la hoguera de sus fuegos fatuos a la saludable Nicaragua.

“Dictadura” y “régimen” fueron las cáusticas leyendas al pie de aquella “revolución” postiza: una “primavera” a las brasas manufacturada para calcinar un país.

Con ese infierno importado se procuraría evaporar la brisa agradable de la paz, enrarecer el aire fresco del desarrollo y reducir a cenizas la ardua tarea de volver tangible el Estado Democrático Social de Derecho en el ambiente cotidiano de las familias nicaragüenses.

No soportaban que con pocos recursos los sandinistas hicieran tanto por los desfavorecidos en menos de 15 años que lo alcanzado jamás por las prosapias bicentenarias que institucionalizaron, desde 1821, la mediocridad, el prevaricato, la expoliación y la incuria.

Productora además de atraso, dependencia, exclusión y miseria, a la oligarquía se le debe: el fracaso de la República, la “patriótica” reducción de su extensa Geografía Nacional, estrechando sus fronteras al máximo hasta empequeñecer el mapa a sus dimensiones actuales; las páginas fatales de la Historia, el triunfo del subdesarrollo y el rentable hábito de la traición.

Y se diseñó un incendiario Golpe de Estado en toda la línea, pero sin el formato prehistórico de los gorilas, bombardeando centros importantes para minar la Casa Presidencial de Guatemala en 1954, o directamente el Palacio de la Moneda en Chile, en 1973.

En vez de provenir de la Sociedad Militar, sus ejecutores se acuartelaron con antelación y alevosía en la Sociedad Civil.

El perpetrado contra Nicaragua siempre se hizo respetando meticulosamente el canon, la tradición y sobre todo su “pureza”: arrasar las democracias mal portadas por atreverse a elegir presidentes sin pedir permiso alguno y, lo “peor”, comportarse como auténticos Estados Soberanos en el concierto de las naciones.

Como ya es norma, el Golpe contó con toda clase de simios: primates de alta investidura medieval que no se andaban por las ramas de la misericordia; monos cara blanca y hasta orangutanas queriendo ser el Macho Alfa de la manada. Ah, y los infaltables monos aulladores o “independientes”.

Aun en su mutación de “Sociedad Civil” y variantes oenegeras, resultaron tan letales como su cepa de quepis y charreteras: bien amaestrados con las aplicaciones del siglo XXI, ficcionales, virtuales y literales, y su respectivo volumen de ego, plomo, sadismo y veneno.

Sin embargo, el 8 de julio fue extinguida aquella criminal llamarada sin calor humano.

II

No fue hasta cuatro meses después, al no triunfar el plan de salir del Gobierno Constitucional de Nicaragua, que John Bolton reveló el texto del contexto.

El entonces asesor de Seguridad Nacional del presidente Donald Trump, infamó, el primero de noviembre de 2018, que Nicaragua formaba parte de una “troika de la tiranía en este hemisferio”, que completaban, según sus elucubraciones, Cuba y Venezuela.

Claro, los monos habían sido derrotados con todo y el monólogo exógeno de exigir la rendición del Gobierno legítimo de Nicaragua. El país resultó abatido, pero como León, nunca vencido.

Bolton no tuvo más remedio que adelantar su película, incluido el espóiler: “Bajo el mando del presidente Trump, Estados Unidos va a tomar acciones directas contra estos tres regímenes para defender el imperio de la ley, la libertad, la decencia humana mínima en nuestra región”.

Veamos en qué consiste esa ardiente defensa de la “democracia”:

“El imperio de la ley” de pegarle fuego a “Radio Ya” con todo su personal periodístico, administrativo, artístico y técnico dentro de sus instalaciones.

“La libertad” de un sacerdote que ordena borrar las evidencias en una letrina, tras participar en el abominable asesinato de quemar vivo al joven policía Gabriel de Jesús Vado, en el tranque de Mebasa, Masaya.

Y “la decencia humana” de torturar a un hombre que no le hizo daño a nadie, indefenso, ya entrado en años, y abuelo por más señas, llamado Bismark Martínez. Ultrajado en el tranque San José de Jinotepe, fue desmembrado en vida. Su cadáver ocultado en una fosa.

Para el 12 de julio de 2018 ya no había duda de quiénes estaban detrás del Golpe de los ángeles-estudiantes-manifestantes-pacíficos-cívicos.
No hacían falta las confesiones del exasesor. Más si se conoce la larga y trágica historia del país.

Pero para los que se las dan de “izquierda”, “progresistas”, “intelectuales comprometidos” y similares, hizo falta que pasaran cuatro años para saber (y aún no darse por enterado) lo que Nicaragua supo y denunció desde el comienzo. Supo y deshizo lo que iba en contra de los principios de la Soberanía Nacional, la Autodeterminación y la Constitución de la República…

Fue el triunfo de una Conciencia Nacional viva sobre la miseria humana: los destinos de Nicaragua se deciden en Managua. Y que no es con las armas, sino con las urnas cómo se construye la Nueva Historia.

III

El 12 de julio de 2022 Bolton admitió campantemente que era un experto en dedicarse a exportar Golpes de Estados. Por si todavía quedaban algunas dudas de lo que sucedió en Nicaragua.

No lo dijo y no hacía falta que citara a la patria del General Augusto César Sandino. Lo había dicho y repetido tantas veces, en foros, entrevistas y diatribas. Para muestra un Bolton de noviembre de 2018: “…mientras no haya elecciones libres en ese país y se restaure la democracia, el régimen de Daniel Ortega va a sentir ‘el peso total’”.

Si alguien se declara un entusiasta fabricante de Golpes de Estado para asolar a una nación, ¿con qué moral da cátedras de “elecciones libres” y “democracia”?
“Como alguien que ha ayudado a planear golpes de Estado –no aquí pero, ya sabes, en otros lugares– puedo decir que requiere de mucho trabajo”, confirmó Bolton a CNN.

Se dice fácil, pero no es lo mismo jactarse de ser coach de Golpes de Estados que serlo de un equipo de béisbol. Se está hablando de “ayudar” a derramar la sangre que implica y salpica todo atentado contra la paz y estabilidad de un país soberano.

Un Golpe provoca muertes, destrucción y devastación económica.

Por supuesto, se “requiere de mucho trabajo” desenfundar toda la trama infame para incendiar Nicaragua, tal como el filibustero Charles Henninseng carbonizó la Gran Sultana, el 14 de diciembre de 1856.

Inspirado por las llamas, este pirómano tatarabuelo de los golpistas, escribió un bárbaro rótulo que conmovió a su jefe, William Walker:
“Here was Granada”.

Pero gracias a Dios los tataranietos no pudieron disfrutar del espectáculo mayor que tanto querían ver: las ruinas humeantes de la República. Tampoco el Altísimo les permitió darse el gustazo de colocar el infernal letrero:
“Here was Nicaragua”.

¿Dónde están, pues, esos que acusan al Frente Sandinista y al Presidente Constitucional, Daniel Ortega, del doloroso 2018? Son iguales a Nerón que con ira, lira y mentira en mano, culpaba a los cristianos de incendiar Roma.
Nada nuevo bajo el sol.

Haber derrotado a una sanguinaria dictadura de 45 años, entregar el gobierno de una Revolución armada en 1990, volver al poder sin un solo tiro en 2007, desarrollar Nicaragua como nunca antes, y haber apagado, 39 años después de aquel 19 de julio de 1979, la aterradora pira del Golpe en otro mes de julio, son hechos que no caben en todas las páginas escritas por Marx, Engels y Lenin.

¿Dónde, pues, se encontrará una explicación para tantos hitos en los anales nicaragüenses, protagonizados por el pueblo y el Comandante Daniel Ortega? ¿En la sabiduría de los hombres o en la Palabra de Dios?

Nada ni nadie podría abarcar ni descifrar esos acontecimientos y desenlaces en la Historia de Nicaragua como lo dilucida un Salmo de apenas 26 palabras:
“Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia” (127:1).

Solamente la Verdad Eterna en el corazón de los hombres alumbra en la penumbra de los dogmas, la levedad de las lealtades y la grosura de los odios y los resentimientos.

Alumbra los tiempos… Por sombríos que sean.