Manifestaciones de miles de egipcios por la restitución en el poder de Mohamed Morsi caracterizan hoy el tercer viernes de disenso entre partidarios y opositores del presidente constitucional depuesto el 3 de julio pasado.

Las protestas contra la decisión de los militares de quitar al jefe de estado y colocar en su lugar a un gobierno interino hasta la celebración de elecciones entraron hoy en su cuarta semana con la reiteración oficial de enfrentar cualquier acto violento.

Agrupaciones de musulmanes se concentraron a la salida de mezquitas capitalinas luego de concluido el gran rezo semanal, mientras otras protestas se reportaban en parte de las 27 provincias, en 14 de las cuales prevalece el toque de queda.

Los choques de militares contra islamistas y simpatizantes de la Hermandad Musulmana (HM), que mantiene sus convocatorias a manifestarse, comenzaron el 14 de agosto último con el desalojo de dos acampadas en favor de Morsi y mantienen su intensidad.

Fuerzas combinadas de policías y soldados fueron autorizados por el Gobierno regido por la junta castrense a disparar "con munición real" contra eventuales actos de hostilidad hacia esa fuerza por parte de radicales de la HM.

Ambas partes continúan también con mutuas acusaciones respecto a presuntos "actos terroristas" de cada una de ellas, mientras medios políticos y de prensa testimonian sobre acciones violentas tanto del Ejército como de la organización islámica.

El Gobierno alega que los manifestantes emplean al menos armas cortas y coctel Molotov contra las fuerzas del orden y los islamistas declaran que sus manifestaciones son dispersadas por la fuerza con balance de cientos de muertos y heridos.

La situación se agravó este jueves con un intento para matar con explosivos al ministro del Interior, Mohamed Ibrahim, sobre quien se piensa que dirigió la maniobra de desactivación de las acampadas del 14 de agosto.

Tras el atentado contra el titular, quien salió ileso de la acción con coche bomba en el barrio cairota Ciudad Naser, donde hubo 24 heridos, el gobierno reiteró que responderá "con mano dura" ante cualquier "amenaza a la seguridad nacional".

Los enfrentamientos iniciados el 14 de agosto acumulan ya unos mil muertos, miles de heridos y alrededor de dos mil detenidos, estos últimos en su mayoría miembros de la HM, que lidera una coalición de 30 grupos islamistas partidarios de Morsi.

La organización musulmana, que según distintas fuentes disminuye cada vez más su capacidad de movilización, acusó al gobierno de que los arrestos constituyen una maniobra para descabezar su dirección.

Otro hecho significativo en las últimas horas fue el trascendido de que el ejecutivo había suprimido a la HM del registro oficial de ONG, estatus que obtuvo tras el derrocamiento del presidente Hosni Mubarak por las revueltas de 2011.

Los militares han acusado a la organización islamista de usar su sede en El Cairo como almacén para armas, explosivos y otros pertrechos de guerra, lo que legalmente puede ser un argumento contra la legalidad del grupo, según analistas.