La práctica ancestral de tejido utilizada por los antepasados de los habitantes de El Chile, en San Dionisio, Matagalpa, devolvió la esperanza a un grupo de mujeres que han retomado la práctica para ganarse la vida de manera digna.

Las mujeres, que han logrado un buen mercado vendiendo sus artículos con buena calidad y a precios competitivos, afirman que nunca imaginaron llegar al punto de recibir importantes pedidos y producir un promedio de 200 piezas al mes.

La historia de las tejedoras indígenas actuales inició en 1985, cuando Martha Ruiz, una ciudadana argentina que se trasladó a Nicaragua, apoyó a las pocas ancianas que conservaban los conocimientos del tejido tradicional, para luego formar una nueva generación.

En El Chile, el único lugar en el país donde los nativos practicaban este proceso, todavía son dos de esas mujeres las que dirigen las máquinas tejedoras que dan como resultado hermosas piezas como carteras, bolsos y mochilas.

“Nosotros en ese tiempo sólo hacíamos el tejido, no tenía mucha demanda porque solo era blanco, porque lo hacíamos tejido de hilo de algodón, que era en el tiempo de las algodoneras que habían. En el tiempo de Somoza quemaron todas las algodoneras entonces ya no había algodón para hacer el hilo”, recordó Francisca Zamora.

Al pasar de los años, relata, consiguieron hilo procedente del exterior, se capacitaron en costura y empezaron a confeccionar la gama de artículos que hoy ofrecen.

“A veces a uno estando en la casa se le hace difícil trabajar en otro lugar. Aquí la mayoría de las mujeres se va al pueblo a trabajar de empleadas para poder criar a sus hijos, pero nosotros gracias a Dios tenemos este trabajo y yo por mi parte con eso mantengo a mis hijos”, expresó.

En ese sentido, manifestó que han generado empleos para otras mujeres de su localidad y a sus hijas. Además, reconocen el aporte que hacen al desarrollo de su comunidad, donde todas las mujeres que tienen esa práctica han logrado edificar las viviendas a las que aspiraron durante toda su vida.

Con una experiencia de 25 años elaborando tejidos, María Virginia Sánchez ha visto su crecimiento y recuerda el trabajo que tuvo que pasar para adquirir este conocimiento que hoy garantiza la estabilidad económica de su familia.

“El trabajo que nosotros hacemos es a beneficio de nosotros. Para echar a clase a los niños, para comprar todo lo que a uno le hace falta y bastante nos ayudamos con este trabajo que nosotros hacemos”, explicó.

Reconoció asimismo que su trabajo tiene gran demanda, sobre todo para los extranjeros que las visitan y ha iniciado a su pequeña hija de 15 años en esta práctica.

La expectativa de estas humildes mujeres, es crecer aún más y que sus hijas retomen su práctica, para preservar la tradición y tener una fuente de empleo.