En la mejor entrada en el Camp Nou en toda la temporada (94.000), el Barça salió al terreno de juego con el ímpetu suficiente para pasar por encima de su rival. Pese a los nervios y las imprecisiones iniciales, que a punto estuvieron de causarle un problema a la zaga azulgrana, el Barça quiso atacar desde el inicio, con la intención de cerrar la eliminatoria cuanto antes.

Pero el Milan es un equipo experto, un perro viejo que sabe jugar con el ritmo del partido como ningún otro. Siempre que el Barça parecía dominar el encuentro, los de Allegri anestesiaron a los azulgranas, y en medio de una extraña sensación de superioridad asestaron un zarpazo tras otro.

Guardiola había hecho lo prometido. Apostó por la defensa de tres con Cuenca y Alves en las alas, y los bajitos por dentro. Pero defensivamente su equipo sufrió como nunca con las arrancadas de Boateng, Seeforf y Robinho. Busquets parecía desorientado y el equipo reculaba en exceso hasta plantarse en el área, el reino de Ibrahimovic.

El sueco lo intentó de todas las maneras posibles. Fue el mayor peligro del Milan durante todo el encuentro, pero por arriba Piqué y sobre todo por abajo Mascherano, 'casi' lograron desactivar al espigado delantero. Ibra sólo necesitó un balón perdido en la frontal para habilitar a Nocerino. Ante Valdés el italiano no perdonó y neutralizó un gol de penalti de Messi.

El Barça había encontrado premio a sus esfuerzos tras un derribo de Antonini sobre el argentino. Después de fallar dos mano a mano ante Abbiati, 'la pulga' no perdonó la pena máxima, la primera de las dos que chutó y anotó el máximo goleador del torneo, que además alcanza con 14 tantos el récord de Altafini en una edición.

Messi no se cansa de batir récords. Sus ganas de llegar más arriba, de lograr más goles es infinita. Tanto que en ocasiones sus excesos no llevan a buen puerto al conjunto, aunque a la siguiente oportunidad siempre demuestre que su convencimiento mueve montañas, rivales y lo que haga falta. Ante el Milan encaró en varias ocasiones hasta a cuatro rivales. Algo de lo que sólo es capaz él. Aunque no sea capaz de ver puerta en esos eslaloms el fútbol parece agradecérselo constantemente.

El empate sembraba dudas en un Barça nervioso en la primera parte. La defensa de tres desestabilizó al equipo, al que le costaba salir con la pelota controlada. Los de Guardiola construían a partir del robo en tres cuartos de campo. El Milan, al trote, no era capaz de ensayar tres pases seguidos pero era un rival incómodo y mantenía a raya a los azulgrana en la frontal del área.

Otro penalti daría ventaja al Barça. Este más protestado por los jugadores del Milan. Como pasara en la ida en Italia, un central del Milan agarró a un jugador azulgrana al saque de un córner. Esta vez fue Nesta el infractor y Busquets la victima. No siempre se señalan, pero siempre son.

Con ventaja en el marcador volvió la defensa de cuatro y la estabilidad. El Barça volvió a sentirse seguro en sus formas, en sus mecanismos de presión y de salida de balón. Todo ello ayudó a que al comienzo del segundo tiempo un rechazo tras un chut de Messi habilitase a Iniesta. El manchego esperó todo lo que pudo para poder superar la salida de Abbiati antes de golpear un balón que daría la clasificación para las semifinales.

El Milan fue un rival incómodo siempre. Dio la cara como se esperaba y también como se esperaba, el barça lo superó con creces, gracias a gran un esfuerzo físico y mental. El Barça logra un hito en su historia dirigido por Messi y su quinta: La de los Xavi, Iniesta, Puyol, Piqué, Cesc... Una serie de jugadores que se empeñan en alargar la mejor serie de resultados de la historia de su club.