El pasado 10 de enero de 2022 en la Plaza de la Revolución de la ciudad de Managua, Nicaragua, se realizó la ceremonia de juramentación del comandante Daniel Ortega y de Rosario Murillo como Presidente y Vicepresidente de la República de Nicaragua. Acudimos a un acto impresionante por su organización, su contenido político, su trascendencia mundial y su proyección.

El imperialismo yanqui,liderando a los conservadores nicaragüenses e influyendo u obligando a sus adeptos de la Unión Europea y de América Latina, desató una brutal campaña mediática tratando de deslegitimar y de ridiculizar las elecciones nicaragüenses bajo el absolutamente insostenible argumento de que sólo son legítimas las elecciones cuando así lo deciden, no los pueblos en las urnas, si no las fuerzas imperialistas de América y Europa. Es obvio que nunca van a aceptar la decisión aplastante del pueblo nicaragüense que con casi el 76 por ciento de los votos ratificó al Frente Sandinista de Liberación Nacional como partido gobernante y a Daniel Ortega como presidente.

El berrinche, porque no le queda otra cosa al sistema del maltrecho presidente Biden, lo desquita “sancionando” a funcionarios del gobierno de Nicaragua a su antojo e inventando “delitos” y “faltas”, asumiendo una política ilegal, arbitraria y contraria al derecho internacional puesto que nadie le ha dado derecho de asumir el papel de “juez” y de “castigar” a funcionarios, embajadores, políticos y hasta haciendo publicidad contra el Presidente Daniel Ortega pensando, el régimen estadunidense, que aún se vive en época “hollywoodense del oeste” cuando publicita que: “se busca a Daniel Ortega”.

La derrota yanqui y de la reacción de Nicaragua es abrumadora porque el Frente Sandinista ha sabido defender la Revolución y porque ha sabido dividir y despedazar a una oposición reaccionaria y conservadora que, aliada a Estados Unidos pretende recuperar el poder, como en 1990. Pero estamos en 2022 y el crecimiento económico de Nicaragua fue, según la CEPAL, de 7.4 % en 2021. Ese es el secreto de la victoria. Contundente.

El modelo nicaragüense es único. Singular. Propio del país de Augusto César Sandino. No se lo ha copiado a nadie. Lo han creado los militantes del FSLN y el pueblo que los respalda. Antes del derrumbe del socialismo en Europa los partidarios de la derecha mundial decían que los países que democráticamente decidían avanzar hacia la izquierda eran satélites de los “rusos”. Émulos de los “rojos”. ¿Y ahora? ¿Qué dicen? "El presidente es el pueblo” dijo Daniel Ortega y entregó simbólicamente al pueblo la banda azul y blanco que le impuso el Poder Legislativo ante Brenda Rocha, del Consejo Supremo Electoral.

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