Una juez militar ha condenado hoy al soldado Bradley Manning a 35 años de prisión por entregar más de 700.000 documentos del Pentágono y el Departamento de Estado a la organización Wikileaks. Manning, de 25 años, tendrá que cumplir un tercio de la sentencia para poder aspirar a la libertad vigilada.

Mientras estaba destinado en Iraq en el 2010, el soldado fue responsable de la mayor filtración de la historia de Estados Unidos. Héroe de la transparencia y la libertad de expresión para una multitud de seguidores en todo el mundo, traidor para muchos en EE.UU., el caso Manning se ha resuelto en pleno debate sobre otro filtrador, el exempleado de la CIA Edward Snowden, ahora refugiado en Rusia y requerido por las autoridades norteamericanas.

La sentencia se queda a medio camino de lo que había exigido los fiscales, una pena de 60 años. Y quizá permitirá a Manning, como su abogado había pedido, rehacer su vida si, dentro de once años y medio, cuando tenga 36, puede optar a salir de prisión. En julio la juez Denise Lind declaró culpable a Manning por violar la Ley de Espionaje y por robar propiedad gubernamental, entre otros cargos, pero lo exoneró del más grave que requería el Gobierno de EE.UU., ayudar al enemigo. El caso se traslada ahora al Tribunal de Apelaciones Militares del Ejército.

El juicio militar a Manning empezó en junio en la base de Fort Meade (Maryland), tras más de un año de audiencias previas. En Fort Meade, cerca de Washington, se encuentra también la sede la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el servicio de espionaje electrónico cuyos documentos secretos reveló Snowden a principios de junio. Ambos casos, el de Snowden, de 30 años, y el de Manning, son paralelos: dos jóvenes que trabajaban en rangos inferiores del aparato de seguridad de la primera potencia y que colocaron a la Administración Obama en una posición embarazosa al destapar documentos confidenciales o secretos.

Uno de los argumentos que los simpatizantes de Snowden han esgrimido para justificar que no se entregue a EE.UU. es el tratamiento que este país ha dispensado a Manning. La sentencia es suave si se compara con lo que podría haber sido, hasta 90 años: en 1987 el analista de inteligencia Jonathan Pollard, por ejemplo, fue sentenciado a cadena perpetua por entregar documentos secretos a Israel. Pero es severa si se compara con otros antecedentes.

Manning, aunque acusado de violar la Ley de Espionaje, no es un espía. Sus simpatizantes --no la Adminstración Obama-- le consideran, como a Snowden, un 'whistle-blower', la palabra inglesa que define a quienes denuncian irregularidades gubernamentales. El 'whistle-blower' más conocido, Daniel Ellsberg, que a principios de los años setenta reveló los papeles del Pentágono (una historia secreta de la guerra de Vietnam), escapó a la cárcel por irregularidades en el juicio.

Durante el juicio a Manning, el fiscal militar, el capitán Joe Morrow, argumentó que el acusado merecía una sentencia severa porque, además de traicionar a su país, era necesario disuadir a otros soldados que contemplasen "robar" información clasificada. El abogado de Manning, David Coombs, alegó en su defensa que, en el momento de la filtración, el soldado era un muchacho ingenuo y confuso, en parte por su identidad sexual. La semana pasada, Manning pidió perdón y dijo que lamentaba que sus actos hubieses dañado a EE.UU.

De los 35 años a los que ha sido condenado, Manning podrá restar los tres que ya lleva en prisión y 112 días que la juez le redujo por el tratto que recibió durante los primeros meses de detencion.