La Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó una declaración contundente e histórica de rechazo a la ofensiva, descarada y servil actitud del Secretario General de la O.E.A, Luis Almagro, que dispuso convertir al deteriorado y agónico organismo hemisférico en un satélite al servicio de los intereses intervencionista e invasivos del imperio norteamericano.

La declaración rechaza las continuas acciones injerencistas de la Organización de los Estados Americanos (OEA), solicita a los demás Poderes del Estado a pronunciarse para defender juntos la soberanía y dignidad del país e insta al Presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, a denunciar la carta constitutiva de ese organismo regional que es un procedimiento establecido en su artículo 143 y que reza que la carta en referencia podrá ser denunciada por cualquiera de los Estados miembros, mediante comunicación escrita a la Secretaría General, la cual comunicará en cada caso a los demás las notificaciones de denuncia que reciba.

Transcurridos dos años a partir de la fecha en que la Secretaría General reciba una notificación de denuncia, la Carta cesará en sus efectos respecto del Estado denunciante, y éste quedará desligado de la Organización después de haber cumplido con las obligaciones establecidas por la OEA, lo que en cristiano significa que si el presidente de Nicaragua considera conveniente la salida del país de ese organismo hemisférico el camino está allanado.

El organismo hemisférico de nuestro continente, la O.E.A, se hunde. Su actual Secretario General, Luis Almagro, tipo dual y políticamente dúctil y flexible a los hilos con que lo maneja el marionetero imperial, perforó el casco de la nave que conducía cuando hizo de la Organización de Estados Americanos un instrumento de la política exterior de los Estados Unidos para lanzarse contra la soberanía y determinación de pueblos que se decidieron por gobiernos que hicieran de sus plataformas identidades afines con una visión social que piensa en los que menos tienen para devolverles una dignidad que les fue arrebatada por los que tienen más y que generalmente son y serán siempre las caras bonitas de Washington ayer, hoy, mañana, pasado mañana y siempre.

Estas caras bonitas, rosaditos y de buen vestir, aunque no tengan nada en la cabeza, son los únicos que tienen la atención en la OEA porque son los autorizados para hacer de sus mentiras verdades pues al fin y al cabo con tal de llegar al poder lo que ofrecen es abrir las arcas de nuestras riquezas al imperio siempre y cuando ellos ganen.

La OEA, no solo de Luis Almagro sino de cualquier otro secretario general que le haya precedido, se jacta de ser un organismo libre, independiente y autónomo, pero en la práctica, es total y absolutamente sumiso a quien le sirve de anfitrión y patrocinador y además a todos aquellos estados que tienen por representación de gobiernos a quienes han sido formados en el imperio, para que sirvan al imperio y para que sus naciones sean saqueadas y depredadas por un imperio que hizo de la democracia un pretexto para justificar sus actos de piratería en cualquier parte del mundo.

Entre sus cláusulas más importantes están la defensa de la libertad, del pensamiento, de los derechos humanos, de credo, religión etc, pero si estos derechos son vulnerados a pueblos que han sido víctimas de una política intervencionista e invasiva por parte de la Casa Blanca entonces se convierten en paradigmas libertarios a promocionar no solo porque la sede de la O.E.A está en Washington sino porque además, de hacerse lo contrario, la O.E.A se queda sin recursos para seguir desestabilizando a la gran porción terrenal de un hemisferio que desde sus pueblos es rebelde porque rechaza con dignidad natural, nacionalismo y patriotismo que Washington siga considerando que américa latina, sea su patio trasero para que desde él los que hemos sido heridos por las garras del Águila Imperial terminemos cuidando los intereses de quien nos ha saqueado históricamente nuestras riquezas.

Lamentablemente la Organización de Estados Americanos no defiende países ni ciudadanos, obedece al imperio y se vende al mejor postor para hacerlo y ese es Estados Unidos que destruye países y ultraja ciudadanos. La OEA es una organización prostituida que ha perdido legitimidad y que carece de los mecanismos estructurales para hacer cumplir sus disposiciones, requisitos y exigencias como que ningún estado puede estar sobre otro, que su posición debe ser la de amable componedor y no la de ponerse al lado del verdugo, sobre todo cuando el verdugo tiene un tamaño descomunal que se lanza contra naciones pequeñas como Nicaragua a la que no le perdona que haya parido generales graduados militarmente por el pueblo, a los que terminaron asesinando y torturando físicamente, pero no a sus ideas, que se mantienen intactas en todo lo que nos representa Benjamín Zeledón y Augusto C. Sandino que se levantaron y resistieron indignados porque Estados Unidos a través de William Walker quiso poner a Nicaragua colgada de su cada vez más odiada bandera.

Luis Almagro, Secretario General de la O.E.A, está mentalmente desequilibrado y pretende colectivizar la obsesión que tiene contra Cuba, Venezuela y Nicaragua porque es quien suda la calentura del ahora presidente de los Estados Unidos, Joe Biden y para sus efectos su actitud es tan rastreramente asquerosa que sugirió la posibilidad de intervenir militarmente a Venezuela y quiere imponer a Nicaragua un diálogos que el mismo contaminó con la gran mentira teatral que montó a través de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos que no investigó lo que le dijeron que aquí sucedió sino que creo las falsedades que se le ocurrió ventilar para vilipendiar la realidad nicaragüense.

Yo me pregunto y para qué sirve la O.E.A en una América Latina convulsa por el manoseo de Washington en un continente que es más nuestro que del imperio porque al fin y al cabo ellos son lo que son porque surgieron de nuestra migración, fueron nuestros antepasados los que parieron a Estados Unidos.

Me pregunto:

¿Dónde estuvo la OEA a la hora del golpe de estado en Honduras?

¿Cómo se les ocurrió pensar que adelantaríamos las elecciones que se celebraron el pasado 7 de noviembre solo porque él Tío Sam le dijo al bufón de Luis Almagro que así lo demandara?

¿Cómo obviar que la única agenda de la OEA sea Nicaragua y hasta por encima de Venezuela y Cuba cuando convocan a los cancilleres del continente, cada vez que Estados Unidos ordena al tristemente célebre de Luis Almagro, a sesionar para condenar una y otra vez a nuestro país por crímenes que no ha cometido pero sin decir nada contra los sí han cometido contra él?

Y cómo no preguntar para qué sirve la O.E.A si se queda callada con el éxodo de miles de centroamericanos que se han sumado al impresionante volumen de hondureños que migran hacia Estados Unidos, que a sabiendas que en el fondo es el culpable, dejó sin ayuda a los países que permitieron el tránsito por sus territorios de tantas gentes desesperadas que fueron recibidas en las puertas del imperio con la guardia nacional o los marines con fusiles de poner con bala en boca y sin seguro.

Y cómo no preguntar para qué sirve la O.E.A si no dice nada amenaza a los centroamericanos con terminar toda asistencia léase migajas a la región si nuestros gobiernos deciden aliarse con China.

Qué clase de Secretario General de la O.E.A es Luis Almagro cuando es incapaz de distinguir lo que es una reacción espontánea de los pueblos contra sus explotadores, donde sus ciudadanos se lanzan contra sistemas opresivos que los asfixian, mientras en contraste instigó aquello que pasó en Nicaragua en 2018, donde ciudadanos nicaragüenses que optamos por la paz fueron asesinados, torturados, secuestrados y aterrorizados por la voluntad de Estados Unidos, en contubernio con lacayos internos que siempre serán capaces de vender hasta su propia madre por estar no solo bien, sino por alcanzar el poder, pero solo por el poder mismo.

Los nicaragüenses tenemos mil razones para identificar quienes son los buenos y quiénes son los malos en toda esta película de horror y sin duda alguna, desde mi opinión personal, Luis Almagro, es un demonio que la O.E.A debería exorcizar, pero como eso no es posible porque el demonio que la posee es Estados Unidos, entonces mejor salgámonos.

Nada hacemos ahí, es una vergüenza habitar ese mundo, es una ofensa a la dignidad que nos muestra la historia continuar revolviéndonos promiscuamente con aquellos que se atan al enemigo de la humanidad que es el que al final decide cada ofensa contra nuestras naciones.

Que orgullo sentí ayer siendo uno más que se puso de pie para aplaudir la declaración de la Asamblea Nacional de Nicaragua contra el mico y payaso de Luis Almagro y contra una OEA mancillada, violada y abusada por un imperio que contrario al Rey Midas, que todo lo que tocaba lo convertía en oro, el emperador Joe Biden y todos sus antecesores todo lo que tocaron y continúan tocando, lo han convertido en estiércol.

Pero claro esta patria de Diriangén, de Rubén, de Zeledón, de Sandino, siempre ha sido la diferencia y continuará así sobre todo porque venimos de reafirmar este pasado 7 de noviembre que seguimos siendo libres, soberanos e independientes.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.