Vivimos un mundo indudablemente acelerado, vertiginoso, lleno de circunstancias muy variables cargadas de violencia y amenazas, que empujan a enconcharnos, a reducirnos en nuestro propio interior y cuando nos movemos al exterior donde millones de ojos y jueces nos califican entonces, como si se tratase de un mecanismo de auto defensa, nos comportamos huraños, tímidos, recelosos o cualquier otra actitud que generalmente contrasta con la falta de educación. La educación describe a las personas destacadas por un comportamiento integral, reflejado en su actitud, en su proceder y en los comentarios que hacen y cómo los hacen y esto no tiene nada que ver con lo que se aprende en la escuela, pero sí con nuestra existencia como ser humano, porque como si se tratase de una esponja, recogemos mucho del mundo que habitamos y créanme que esa educación es mucho más importante que cualquier otra área porque es la base fundamental para alcanzar sitiales que son la base de todo crecimiento.

La educación y los buenos modales son un espejo de nuestro patrimonio interior, de nuestros valores como personas y no de nuestra apariencia y bienes materiales. Yo conozco a gente que se ufana de tener diplomas, trofeos, placas, pergaminos y medallas colgadas en sus paredes y las exhiben lógicamente con mucho orgullo y tiene tantos reconocimientos que si después de haber estado colgados los quitan, se les cae la casa porque de tanto que clavaron para ponerlos la debilitaron y saben qué a pesar de que toda esa galería de preseas, pudieron ser bien merecidas, ninguna de ellas fue capaz de hacerlos gentes o ser una persona educada y menos un ser humano.

Esos mismos individuos que se vanaglorian por ser reconocidos, porque los conceptúan como grandes cerebros en el campo intelectual o cualquier otro, empujados por las conquistas colgadas en las paredes de sus casas salen a sus actividades y a sus actos protocolarios impecablemente vestidos, de saco y corbata, bien olorosos, muy sonrientes y hasta caminando raro para que los perciban de una manera que en realidad nada tienen que ver con lo que realmente son.

Para estos tipos hay un refrán que reza; “Candil de la calle y oscuridad de su casa” porque son como esos sepulcros blanqueados, nítidos por fuera, pero podridos con muertos por dentro. En nuestras familias, en la empresa, entre los compañeros de trabajo, en la iglesia, en todas partes vemos a individuos que calzan bien con esta descripción y cuando uno los llega a conocer como lo que verdaderamente son, porque lo constatamos, porque en los círculos más estrechos de convivencia, salieron del closet, para mostrar su verdadero rostro, la impresión que queda es la de un total desencanto porque nos topamos con un hipócrita, con un farsante, cuya supuesta educación era una gran mentira y es cuando pasan a habitar el mundo de los ordinarios.

La educación no puede ser impostada porque está más allá del nivel económico o de la posición social de una persona. Esta puede tener un habitad muy favorable, puede tener muchas posibilidades en el entorno donde se desenvuelve para que lo observen como alguien con buenos modales y con mucha educación, pero no es eso lo que te hace educado porque serlo no es una imagen sino una actitud.

La apariencia, la ropa costosa, la ostentación de lujos y comodidades nada tienen que ver con lo educado si se actúa de modo incorrecto, sin ética ni principios, sin consideración ni respeto por los demás. La persona educada no es la refinada que solamente sabe cómo utilizar varios cubiertos y copas en una mesa protocolar, sino la que se comporta en forma decentemente en todo momento, frente a cualquiera, en cualquier lugar y ante quien sea que tenga por delante. Es alguien que sabe sonreír, respetar, saludar, escuchar, controlar sus palabras y sus emociones en toda situación sin herir a los demás.

Alguien educado cuida sus palabras pues sabe que una vez disparadas no tienen retorno como aquellas que salieron del albañal de Juancho Chamorro, recuerdan, que creyó que por tener apellido tiene educación y además derecho a humillar a un vende helado que con toda dignidad se la devolvió y en grande porque le dijo que más come miércoles era el que lo insultaba. Las palabras pueden consolar, agradar, contener, dar alegría, contagiar entusiasmo, pero también son armas filosas que pueden hacer mucho daño una vez pronunciadas.

Un ser humano educado lo es en todo momento, ya que no se puede ser educado sólo según la conveniencia o solo según el entorno. Ser educado es una responsabilidad frente a los demás, ya que sirve de ejemplo para otros que te observan y de ahí aquella máxima de vida: Compórtate en tu casa como si estuvieses en un palacio, para que cuando te encuentres en un palacio, puedas comportarte como en tu casa”.

Nuestra sociedad crecería más si todos los días nos propusiéramos ser más educados. Es importantísimo el preescolar, la primaria, la secundaria, la universidad y todo lo que tenga que ver con lo que nos prepara para la vida, pero la principal esencia de la educación está en el hogar, está en el lugar específico donde vivimos, donde crecemos, donde está la relación directa con nuestros padres o nuestros tutores, eso lo que nos preparará conscientemente para todo lo que nos viene si lo que deseamos es el éxito personal y también el éxito de los demás porque algo que debemos aprender también como una regla básica de educación es que si los demás están bien en lo personal tendré más garantía de estarlo también yo y con estabilidad sostenida.

La mala educación se debe en realidad a la “falta” de respeto y civismo que no solo los niños y adolescentes la padecen sino también nosotros los adultos que sudamos malos modales y comportamientos poco éticos.

La mala educación y la falta de modales no tienen edad. No es cuestión de niños ni de adolescentes, transitando por esa etapa a menudo reaccionaria y problemática. En nuestro día a día podemos ver reacciones inapropiadas y comportamientos poco éticos en personas con experiencia, en hombres y mujeres que, con sus malos hábitos, hacen muy complicada la vida de todos. Hablo de profesionales de la fe que te bendicen el odio y te lanzan a la muerte; de empresarios que destruyen la economía; de políticos que actúan como terroristas; de estudiantes que son delincuentes; de perseguidos políticos que son asesinos de mujeres; de “libertadores” que torturaban en los tranques; de nicas que venden a su patria; de nacionales que piden sanciones contra el pueblo; de periodistas que son pregoneros de la fatalidad y de oposicionistas que no se soportan ni entre ellos mismos y que quieren hundir al país junto con ellos solo porque no son ellos los gobernantes.

Cuando la mala educación se toma nuestros escenarios sociales, laborales, políticos y hasta culturales siempre terminamos preguntando por qué sucede, por qué ocurre y entonces decimos es que la educación en los centros escolares la deficitaria, pero para rematar acentuamos que es la educación pública cuando la verdad es que las criaturitas estas de los colegios privados de alto tupé son las peores de toda la comunidad educativa porque generalmente ahí están los hijitos de papa, los consentidos, que arman cualquier escándalo o cualquier bochinche en cualquier parte y si acaso le quitan las llaves del carro por un día por portarse mal, es muchísimo.

Sobre el tema uno puede sobre abundar en el enfoque porque hay tanta mala educación en nuestro entorno que las buenas gentes pueden ser hasta mal percibidas tratando de ser educadas porque la buena educación es una especie en extinción. Por ejemplo, la cortesía es tan escasa y tan poco frecuente que algunos ignorantes llegan a creer que es coqueteo; vemos a un anciano que atraviesa la calle arrastrando los pies y lo insultamos porque por no poder él ir más rápido nos hace llegar tarde al bacanal que vamos.

Llegamos al centro de trabajo y no somos dignos ni de decir buenos días que no cuesta nada; vas en el bus y no le das el asiento a la embarazada; llegas a la iglesia a ver y criticar a fulano o sótano y te duermes y roncas a la hora del sermón o la prédica; prestas dinero, pero no pagas; ensuciaste, limpia; encendiste apaga; quieres que te vean don bondad entonces sé bondadoso, no actúes serlo; estas en una cena familiar o en una reunión, conversando con alguien, deja en paz el celular; quieres que te atiendan bien sabe pedir las cosas y de igual manera aquel que está para atender a la gente que lo haga con amabilidad; no hables con la boca llena; te comprometiste con algo o alguien cumplí; te hicieron un favor agradece.

Al final la máxima de la buena educación la encontrarás cuando respetes porque serás respetado y si te faltan al respeto ignóralos porque lo peor que puedes hacer es descender al nivel involutivo del necio. Cuando entendamos eso y lo apliquemos todos terminaremos comprendiendo cómo es que los países pequeños se convirtieron en naciones desarrolladas, económicamente sólidas, en súper potencias.

Hay naciones que son mucho más pequeñas que esta nuestra tierra bendita y no tienen ni siquiera el uno por ciento de nuestras riquezas naturales y son inmensamente grandes en sus políticas de beneficios sociales para sus ciudadanos. Lo lograron siendo educados, siendo humildes, siendo fundamentalmente gentes.

Desde la historia más antigua de nuestro país, a pesar de haber sido desmembrados territorialmente cada vez y cuando nuestra mala educación nos dividió y nos empujó a reyertas estériles, siempre el pueblo quiso habitar y construir una patria grande, pero desgraciadamente la pésima educación de los apellidos de abolengo se impuso para amargarnos el presente y las proyecciones de futuro.

No vayamos tan lejos y observemos que fueron los Pellas, los Chamorro, los Gurdián, los Zamora, los Lacayo, los Healy y no los Pérez ni los López los que en 2018 se coludieron para desbaratar un país que caminaba bonito, que ofrecía mucho y generaba esperanzas en el ciudadano y el campesino que por primera vez se miraba incluido como protagonista. Por supuesto que no estoy planteando aquí luchas de clases por asuntos de abolengo o de condición económica, sino que lo que expreso, a propósito de la educación, es que a los que más les hace falta es a los que más tienen, a los supuestos cerebritos que por estudiar, dicen ellos el Yale o Harvard, aunque algunos dieron a hacer sus títulos en la Xerox, como el mentiroso de Felix Maradiaga, se las dan de las o los super “Ladies and Gentlemen” cuando en realidad sus actos los descubren como las más ordinarias bagatelas que uno puede imaginar.

Aquí sabemos de qué hablamos porque cuando eres hijo o hija de papi no hay educación en el hogar porque todo está centrado en la comodidad, en el consumo y en el lujo, no hay educación en escuela donde llegan a presumir lo que tienen, ni hay educación social porque no pasan de círculos élites donde las amistades se construyen en función de castas y apellidos y es ahí cuando nace la irresponsabilidad de creer que por tenerlo todo entonces me hace falta el poder, que es lo que llevó a unos cuantos que piensan y hablan en inglés, a destruir al país poniéndose al servicio del imperio.

La mayor falta de educación es creer que el dinero lo compra todo. La mejor respuesta a ese pensamiento tan dislocado la encontramos el 7 de noviembre pasado porque nada de la supuesta influencia que trató de inocular la mentira del dinero impidió la correcta decisión del nicaragüense por saberse bien en el presente y por pretender mañana estar mejor.

Nicaragua y su pueblo inter relacionadamente nos estamos educando a base de interpretar nuestra historia y de leerla con el lente de la dignidad. Todos los días tomamos lecciones de lo que con esfuerzo construimos porque hacer, tener propósitos, fijarnos metas, transferir esperanzas y sembrar valores es educarnos para ser verdaderamente grandes.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.