Las elecciones del pasado 7 de noviembre, como siempre lo expresé y hoy más que nunca lo sostengo, fueron no necesariamente contra el oposicionismo sino contra Estados Unidos, el enemigo de la humanidad.

Como popularmente se dice, hablando a calzón quitado, internamente el Frente Sandinista jamás tuvo competencia, incluso, si por competencia algunos creen son esos terroristas presos por traición a la patria porque además de nunca haber sido candidatos de nada tampoco nunca llegaron a tener un vehículo electoral que les permitiera materializar las promesas o los programas de gobierno que nunca hicieron o que nunca tuvieron porque esos, que ni cercanamente fueron líderes de algo -ni siquiera en sus hogares- solo fueron suspirantes de una ilusión presidencial que el imperio les susurró en el oído solo para lanzarse contra un sandinismo que venció una vez más.

No nos engañemos o más bien no se engañen esos que creen que estamos sorprendidos por la reacción de algunos sectores que desde afuera suenan estridentemente llamando al desconocimiento de lo que los nicaragüenses decidimos, de lo que los nicaragüenses queremos y de lo que los nicaragüenses queremos seguir teniendo.

Esa campaña internacional, que busca estimular internamente en Nicaragua las condiciones para la reedición de un nuevo golpe de estado, pasando por encima de la voluntad de quienes ya elegimos por la dignidad nacional, no nos sorprende y la conocimos tanto que nos adelantamos a su venida y dijimos en su momento que llegaría arrastrando un discurso repetitivo, interventor, invasivo y abusivo, que si antes no hizo mella en la decisión reafirmada por la inmensa mayoría de los nicaragüenses el pasado 7 de noviembre, menos que lo haga a posteriori, porque ahora hasta aquellos que lo ponían en duda se convencieron que el líder, su partido, la alianza que logró y la propuesta política que representa, es la de un sandinismo mucho más fuerte que antes.

Los nicaragüenses, que votamos el pasado 7 de noviembre y que entre otras cosas y como aspecto fundamental lo hicimos para decirle al mundo que este es nuestro país y que sobre él solo nosotros decidimos, debemos estar claros que nos es que el mundo está contra nosotros, sino que el que mueve esta campaña es el aborrecido imperio norteamericano que como gran marionetero es el que mueve los hilos de los títeres que gobierna a voluntad partir de los chantajes que sobre ellos ejerce.

Partiendo de la más grande carpa de circo, que resguarda al más pintado de los payasos que nos adversan, debemos sorprendernos por la guasonadas de Luis Almugre, el gran traidor de amárica latina; debemos sorprendernos por la posición de Argentina embargada por el Fondo Monetario Internacional; nos vamos a cortar los pulsos por la devastada democracia chilena que se encuentra en el curso de destituir por la vía parlamentaria a Sebastián Piñera por probados casos de corrupción; vamos a llorar porque Francisco Castillo de Perú con todo y sombrero se plegó al imperio porque tiene un problema serio de gobernabilidad porque no tiene mayoría en el congreso; Debemos asustarnos por lo que diga el criminal de Ivan Duque, cabecilla del narco estado colombiano que se mantiene en el poder gracias a las bases militares del imperio en un país donde las masacres están a la orden del día; Nos debería extrañar cualquier estupidez salida de las fauces de Bolsonaro de Brasil si consideramos que es el mismo Trump destruyendo la vida de los cariocas; Nos vamos a desvelar porque el saliente inquilino de la Casa Mamón de San José Costa Rica, el títere e impopular Carlos Alvarado cuestione nuestra sólida democracia cuando la suya está despedazada por la enchorizada corrupción que hizo añicos aquello de la Suiza centroamericana o Bukele de El Salvador que se la ha pasado intentando replicar lo que desde aquí hemos decidido nosotros y de la misma manera todos aquellos que en su momento fueron electos por sus propios connacionales y que ahora en un enorme contra sentido nos quieren negar a los nicaragüenses el derecho que tenemos a decidir por lo nuestro, por lo que nos corresponde, por lo que queremos, por lo que nos favorece y nos ha resultado a lo largo de toda nuestra historia lo más conveniente.

Todas esas reacciones, que no importa lo que hagamos continuaran porque el imperio lo que quiere es negar al sandinismo un gobierno encabezado por sandinistas, son de lo más hipócrita inimaginable. Todos esos pobres títeres que se pliegan a decir que aquí las elecciones no fueron legítimas mejor deberían callar porque saben qué Alberto Fernández de Argentina fue electo con el 38% de su electorado; Joe Biden de Estados Unidos con el 35%; Manuel López Obrador de México con el 34%, Jair Bolsonaro de Brasil con el 33%; Mario Abdo de Paraguay con el 28%; Luis Lacalle de Uruguay con el 25%; Justin Trudeau de Canadá con el 22%; Ivan Duque de Colombia con el 21%; Pedro Sánchez de España con el 18%; Sebastián Piñeira de Chile con el 17%; Carlos Alvarado de Costa Rica con el 14% y Pedro Castillo del Perú con el 11% y todos ellos quieren cuestionar a un Daniel Ortega electo con el 75.87%% de los nicaragüenses que lo queremos por cinco años más por lo que ha hecho en beneficio de nuestro país y que ninguno de esos que desde afuera nos quieren decir cómo elegir y a quien elegir ha hecho por esos países donde hay pueblos que los aborrecen por incapaces.

Esas mismas caricaturas que dicen ser gobernantes de países donde hay pueblos avergonzados que saben que en realidad son mandados desde la Casa Blanca nos quieren decir desde la O.E.A, que tiene al frente a un payaso como Luis Almugre, que no son legítimas porque no vinieron los observadores que en Bolivia propiciaron un golpe de estado que terminó deponiendo del poder a un Evo Morales que de calle había ganado su reelección y se molesta la Bachelet desde la ONU porque no se permitió sabiamente aquí que vinieran esos falsos medios independientes a decir las mismas mentiras que pagadas por el imperio han construido una falsa imagen de lo que en realidad vivimos aquí los nicaragüenses.

Hace falta ser estúpido para admitir y dar por cierto que los extranjeros van a decidir en esta Nicaragua lo que a nosotros nos corresponde hacer. Nosotros ya sufrimos la marca que dejó la colonización que con la Cruz en alto nos esclavizó. A nosotros nadie nos puede contar el cuento de lo que significa la intervención o invasión de los marines norteamericanos porque nos desbarataron el cuerpo a balazos y nos impusieron las dinastías de los Chamorro y los Somoza que siempre fueron y serán la misma cosa y que por años nos robaron y asesinaron.

Lo más cómico de todo esto es que aquí hay mercenarios detrás de algunos medios de comunicación que están que brincan de felicidad en una pata por las agresiones que ya se escuchan contra todo el pueblo de Nicaragua, aquel que mayoritariamente es sandinista, aquel que siendo independiente decidió votar por lo mejor que como gobierno hemos tenido en nuestra historia y también esa minoría que manipulada por el odio de aquellos cabecillas que dicen representarla, no quedara al margen de las consecuencias a sufrir.

Todos esos que se confabulan con el enemigo de la humanidad, el imperio norteamericano y sus marionetas para agredirnos, son unos verdaderos “HIJOS DE P” y como “HIJOS DE P” que son, así como Franklin Delano Roosevelt llamaba a Somoza, deben ser tratados y la más grande humillación que estos pueden tener es desnacionalizarlos moralmente porque esos bichos, que ahora son menos que miserias humanas, deben saber que aquí hay dignidad y que esas conductas aborreciblemente mercenarias tienen castigo y fue eso lo que vimos expresado en las urnas el pasado 7 de noviembre donde aquellos que apostamos por la paz consumamos la más satisfactoria de las venganzas, haber sido cada uno de los que votamos en la casilla 2 misiles de nacionalidad disparando al corazón del odio y la perversidad.

QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.