Con motivo de la celebración del V centenario de la caída de Tenochtitlan durante la batalla por la conquista de México bajo la arrolladora fuerza opresora de los españoles dirigidos por Hernán Cortés, se hizo evidente la actitud traidora de muchos mexicanos que se unieron al invasor, en vez de buscar el entendimiento entre los pueblos mexicanos. No tardaron en arrepentirse de su actitud traidora, malinche, pero ya era tarde. Rodaron cabezas, el emperador Moctezuma asesinado, los templos fueron destruidos, los dioses tirados al suelo y despedazados, las creencias sacadas de la cabeza de los indígenas a fuerza de torturas increíblemente salvajes, incluida la de echarles vivos en las hogueras. Pero ya era tarde, como nos lo advirtió Bertolt Brecht.

Lo terrible de todo esto es que algunos no han aprendido la lección y el malinchismo sigue vigente como una doctrina de aquellos que han configurado una patria falsa, una patria a la que hay que saquear y expoliar; a la que hay que entregar a los conquistadores modernos para que nos arrebaten todas las riquezas del pueblo con sus habitantes y las del suelo con sus recursos naturales. Francisco Morazán definió, con exactitud precisa, estas dos patrias: la de los malinches y la del pueblo en su Manifiesto de David.

Morazán y Bolívar fueron víctimas de estos traidores. Morazán no pudo consolidar la Unidad Centroamericana y los bandidos se repartieron los pedazos en que convirtieron las Provincias Unidas de Centro América, entregadas a bandidos y tiranos que han mantenido a los pueblos en una larga noche de 200 años de sometimiento, tiranía y entrega traidora a los intereses del imperialismo, la pandemia que azota con más virulencia a las naciones de la Nuestra América que amaba el dulce poeta José Martí.

Simón Bolívar, El Libertador de seis naciones, tras 20 años de combate desigual en contra de las fuerzas coloniales, tuvo que batirse, luego de derrotar a los amos españoles, para enfrentarse a los malinches traidores del patio. No pudo en contra de ellos y tuvo que abandonar, derrotado y enfermo, a Bogotá para refugiarse en Santa Marta en donde falleció sin ver cumplido su ideal de una América al Sur del Río Bravo convertida en una sola nación unida, fuerte y soberana.

Estos malinches todavía conspiran en contra de la unidad y en contra de cualquier avance de algún pueblo en la conquista de su independencia definitiva para reivindicar los ideales que movieron a los padres de nuestras patrias hace 200 años. Estos traidores doblaron la cerviz ante el amo norteamericano para invadir y aplastar a Guatemala –antes habían asistido al parto maléfico de la OEA-, fueron partícipes de los criminales actos terroristas para derrocar al gobierno revolucionario de Cuba y no pudieron y durante largas décadas se unieron, sin vergüenza alguna, al criminal bloqueo en contra de la Isla, acompañaron a EEUU en la invasión a Dominicana para aplastar los ideales libertarios del pueblo dominicano, impusieron criminales dictaduras en Chile, Argentina, Uruguay y Brasil, masacraron a los panameños y causaron destrucción para capturar a Noriega porque se negó a devolver el Canal a los yankees, hacen lo indecible para ahogar en dificultades a los bolivarianos venezolanos y para derrocar el gobierno revolucionario, usaron un traidor para traicionar la revolución ciudadana de Ecuador, protagonizaron un golpe de Estado en Bolivia con el apoyo amoral de Moreno, Macri y Bolsonaro; encarcelaron a Lula para impedirle participar en las elecciones y descalificaron judicialmente –vaya justicia- a Correa y a Evo con el mismo fin, mantienen gobiernos antipopulares en Colombia, Guatemala y Honduras.

En este momento el interés norteamericano en atajar las aspiraciones libertarias de América Nuestra están con el ojo puesto en Nicaragua. Han reclutado a los traidores que piensan que el país es su pertenencia, como en verdad lo era antes de la Revolución Sandinista: con el dinero saqueado a nuestros pueblos, USA ha organizado Organismos No Gubernamentales, que son especie de quinta columnas encabezadas por traidores a la patria que sueñan con recuperar el control de la Nicaragua sandinista para volver a usufructuar las migajas que les dejarían caer los verdaderos amos, los yankees que los utilizan para sus fines monroístas.

Más, por suerte, el pueblo de Nicaragua ya no atiende a los llamados de sirenas. Han consolidado su revolución con importantes avances en el área social, en el combate a la pobreza, en la construcción de importante infraestructura. Sin dejar de señalar que, entre el pueblo nicaragüense, se ha consolidado una nueva conciencia revolucionaria que fortalece los avances de la revolución y que se constituye en un muro firme en contra de los deseos malinchistas de la contra que sigue viva y coleando pero herida de muerte, y en contra del amo de ellos, ubicado en Washington. Eso quedó demostrado cuando desmontaron el intento de golpe de Estado que quisieron ejecutar para liquidar a la revolución y volver a entregar a Nicaragua a la voluntad yankee.

Por suerte ahora Morazán, Bolívar, Martí, Sandino, El Che, Fidel y Chávez conducen el resurgimiento de una nueva era que impulsan Cuba, Venezuela, Bolivia, México, Argentina, Perú y los pueblos de las demás naciones que luchan sin cuartel por hacer realidad los ideales de libertad, independencia y soberanía que proclamaron los padres de la Patria Grande y que se materializan con pasos agigantados. En ese camino avanza Nicaragua sandinista con firmeza. Los malinchistas nicas no tienen ninguna posibilidad de pasar. La patria de los malinches nicas es el somocismo; la de los revolucionarios, el sandinismo liberador.

 

Tegucigalpa, 18 de agosto de 2021.