De una espina atravesada en la garganta y una bala que le perforó la cabeza salvó Santo Domingo de Guzmán a Evangelina del Carmen Castro. Parecieran historias de un libro de ficción, pero a sus 89 años, aún sigue sorprendida de los milagros que hoy la mantienen viva y llena de devoción.

Evangelina, quien desde su infancia ha vivido en Las Sierritas de Managua, atribuye estos impresionantes milagros por heredar y llevar en sus venas la sangre de Vicente Aburto, aquel humilde carbonero que encontró en 1885 la diminuta imagen de Santo Domingo dentro de un árbol.

“Un hijo mío me había regalado un pescado, entonces se me atravesó una espina en la garganta. Estuve mucho tiempo en estado de asfixia, pensé que me iba a morir, estuve hasta sacando lágrimas, llorando”, recordó la promesante, quien aseguró que al elevar sus oraciones a Minguito, se alivió casi de forma inmediata.

“¡Bendito sea Dios, Santo Domingo me ha salvado! Mi tatachucito Santo Domingo y la Sangre de Cristo me salvaron la vida -dije. Al día siguiente, empezarían las fiestas a Santo Domingo, entonces me comencé a sumar a estas procesiones”, refirió la fiel devota.

Asimismo, recordó aquel triste episodio cuando una bala pérdida, disparada por error por un guarda de seguridad, cuando éste se encontraba limpiando su arma, penetró directamente en su cráneo.

“Yo tenía 45 años; quien tiró la bala fue un guarda de seguridad cerca de estos terrenos; él estaba limpiando el arma, y esta se le disparó. Yo pensé que me habían tirado una pedrada; pero me llevaron al cuartel, y me sacaron la bala, quedé por mucho tiempo pelona y con la cabeza inflamada, y por tres meses perdí el habla, fue entonces cuando mi familia pidió a Santo Domingo, y entonces por gracia de Dios, hoy estoy viva y hablando hasta más de la cuenta”, relató entre risas.

De cómo eran antes las fiestas de Santo Domingo

Evangelina, quien es un acervo de historias, recuerda que hasta hace treinta años atrás, las fiestas de Santo Domingo eran apenas la sombra de lo que son ahora.

“Yo me acuerdo que iba al Coloquio del Santo, el cual era un rito donde ponían a Minguito sobre una mesa y uno le iba a saludar, era algo más religioso. Ahora existen muchos bailes, y hasta sueltan a los toros, y eso no se veía antes, porque la procesión era más tranquila, era más sano”, rememoró.

También refirió que hace más de tres décadas, todavía sobrevivía la tradición de preparar riquísimas comidas en los patios de las casas de Las Sierritas, cuando todo el pueblo hacía la vigilia del santo y hacían nacatamales, indio viejo, tortillas, cafecito y hasta rosquillas.

“¡Alegre era la comedera!, pero lo más importante, era la fe que tiene uno cuando celebraba estas fechas importantes. Porque, lo que me gusta de celebrar a Santo Domingo es que es un momento muy bonito para ir a la iglesia a orar con devoción”, explicó.

Luis Alberto Aburto, a sus 76 años, recordó que antes, en Las Sierritas, los muros de las casas estaban hechos de barro y los techos eran de viejas tejas, por lo que las familias eran pocas y muy humildes, que a Santo Domingo lo festejaban con una religiosidad y devoción especial, recordando la maravillosa historia de su abuelo, Vicente Aburto, quien fue el que encontró a Minguito en aquellos lugares.

“Yo recuerdo que en 1950 la Iglesia de Las Sierritas era una capillita nada más, y todo era alrededor monte; y los padres de mi mamá contaban que cerca de esa capilla, había un leñador, entonces él iba a tumbar palos con su hacha para luego hacer carbón, pero en una de esas que voló un palo de madera grueso, cuando iba a la mitad, el hacha le rebotó, entonces él siguió dando con su hacha, y fue entonces cuando encontró dentro de este árbol a la milagrosa imagen”, detalló.

De cómo apareció Minguito en Las Sierritas

Luis Alberto explicó que su abuelo llevó al santo a la iglesia de Veracruz, ubicada en los escombros de Managua, pero al día siguiente el santo volvió a aparecer en el árbol donde lo había encontrado.

“El santo estaba en el palo de regreso. Entonces el padre de la iglesia le dijo que se lo llevara y que le hiciera una capillita donde lo encontró, y como aquel era día domingo, entonces le pusieron Dominguito, y luego este suceso se fue extendiendo en la comunidad”, expuso.

El promesante, sostuvo que su devoción se intensificó hasta hace apenas 3 años, cuando estuvo supuestamente enfermo de un cáncer prostático; y los doctores le hicieron exámenes, pero tras revisarse varias veces, y pedirle con gran fervor a Santo Domingo, se descartó que estuviera afectado con esta enfermedad.

“¡Fue un verdadero milagro! Me hicieron varios exámenes, me tuvieron mucho tiempo internado, y por último me mandaron a Costa Rica a hacerme unos exámenes. Entonces luego me hicieron una revisión completa, y a eso de las 12 del día, el médico dijo que yo no tenía nada. Nos venimos a Managua, y los doctores de aquí se asustaron que yo estaba bien”, relató.

Sobre la bondad y desprendimiento de la imagen

Luis Aburto, hijo de Luis Alberto, quien también funge como Presidente de la Asociación-Comité Cultural Juvenil de Las Sierritas, indicó que la imagen de Santo Domingo fue encontrada donde ahora está la ermita.

“Cuando se encuentra a la venerada imagen, Vicente Aburto y Cirila García, su esposa, se van a la Iglesia de Veracruz para consultarle al sacerdote que se habían encontrado un ‘muñequito’, según ellos; posteriormente, la iglesia hace sus averiguaciones, y dan a conocer que era Santo Domingo de Guzmán, y que provenía de una familia noble, de una familia con dinero, hijo de reyes con bastante plata, y que este santo había entregado toda su vida al Señor, al punto de haber renunciado a sus riquezas y regalárselas al más pobre”, reseñó.

Luis detalló que a Minguito lo acompaña un perrito, el cual, en aquellos tiempos, cuando no existía la luz eléctrica, es el que alumbraba con una antorcha en la boca el camino por donde Santo Domingo pasaba para llevar la palabra de Dios. Además, la imagen carga con el Rosario y las Sagradas Escrituras, y en su cabeza aún conserva una herradura, que fue donde Vicente Aburto, al cortar el árbol, le dio un hachazo por accidente.

“A Santo Domingo también lo acompaña el lirio, que significa el poder que Dios le daba como se lo dio a Moisés, y su vestimenta era del Orden Dominico”, precisó Aburto, quien al finalizar entrevista, sostuvo que “lo más importante en estas fiestas, es que las familias participen con verdadero amor, con verdadera devoción, llenos de fe, llenos de entusiasmo para que puedan servirle al Señor a través de su misma palabra llevando el mensaje hasta los últimos rincones de Nicaragua”.