Celebrando el Aniversario

El 19 de julio de 1979 marcó un hito en la historia reciente de Nicaragua y América Latina. La entrada en Managua, hace 42 años de las columnas guerrilleras del Frente Sandinista de Liberación Nacional, exterminaron una de las dictaduras más feroces de nuestro continente, que había entregado al arsenal militar, político y económico de Estados Unidos el destino de un pueblo reducido a la pobreza extrema, al servilismo, obligado a pagar con sus vidas la guerra por su liberación.

Siendo, además, el punto de partida de un proyecto revolucionario fundado en la solidaridad, la autodeterminación, la soberanía y heroísmo de nuestro pueblo. Para la construcción de una nación cimentada en la justicia e inclusión social, fuera del paradigma liberal y servil. 

Nuestra historia revolucionaria no es una leyenda, así como tampoco lo son las revoluciones cubana y venezolana.

Nuestros valientes pueblos siempre han hecho frente a nuevos desafíos, sin perder su rumbo, preservando la dignidad ante las agresiones ilegales de un sistema decadente, que aún pretende dominar el mundo, anteponiendo la solidaridad a la indecencia mercenaria y cultivando el sueño de una patria libre, independiente y soberana.

Hoy Nicaragua celebra en sus calles y plazas 42 años de lucha, recuperación, retos y grandes logros, conscientes de la deriva de la derecha autoritaria. Y a pesar de la nueva amenaza imperialista y seudo-colonialista de Estados Unidos y la Unión Europea, que quieren imponer una vez más su yugo sobre el pueblo sandinista.

Nos encaminamos hacia un nuevo objetivo, las elecciones, unidos y confiados, ante una derecha, sin ningún proyecto de país, que clama la censura y represión, así como demanda con tonos histéricos sanciones contra nuestro pueblo. 

Una derecha que emplea ONGs, fabricadas ad hoc como arcas a fondo perdido, para desestabilizar el país, manipular la opinión pública internacional y poner en práctica sus planes terroristas. Soñando con devolver a Nicaragua a la "democracia" de William Walker, de Somoza, de la Contra y, hoy, de los conspiradores golpistas.

Ya en el 2018 intentaron interrumpir la labor de nuestro Gobierno, que había con pragmatismo logrado sanar y recuperar a Nicaragua del desastre político, económico y social heredado de los gobiernos neoliberales, que habían privatizado los derechos humanos primarios y que se habían apoderado de la riqueza del país.

El intento de golpe de Estado se dio justo cuando el país, con un crecimiento económico extraordinario y continuo, vio’ la mejora decisiva de todos sus estándares socioeconómicos.

Ningún análisis, ni siquiera el más ciego y manipulador, puede obviar los números y los resultados obtenidos por el gobierno sandinista durante los últimos 14 años.

Logros extraordinarios, como la reducción del 50% de pobreza extrema y del 48% de pobreza relativa, la autonomía alimentaria y energética, así como el sistema de salud pública completamente gratuito más sólido de toda Centroamérica, la educación gratuita, el apoyo a cooperativas agrícolas, casas construidas por el gobierno, para familias necesitadas con la asignación de sus respectivos títulos de propiedad. 

El pueblo nicaragüense actualmente controla el 80% de las empresas, la micro y mediana empresa produce más del 70% del PIB, a pesar del golpe, los huracanes y la pandemia, la perseverancia del Gobierno ha empujado a buscar tenazmente una salida impecable de la crisis actual. 

Se han puesto en marcha medidas audaces, que han impulsado las exportaciones con un crecimiento del 30.4 %, en comparación con el año anterior, un crecimiento económico de 3.4 por ciento durante el primer trimestre.

También se ha fortalecido el plan de salud, para contener la propagación del covid y se está trabajando, en un plan que garantice un desarrollo económico y social sostenible, para los próximos cinco años.

Es evidente que, ante la deriva infructuosa y la imposibilidad de la derecha a formular un programa de gobierno, el camino del caos, de la desestabilización, de la mentira, se ha convertido en el único camino a seguir: el imperativo es descalificar una de las expresiones vitales de la democracia como las elecciones. Prácticas ya puestas en uso en Venezuela y Bolivia.

Nicaragua se prepara legal y legítimamente, como lo establece la Constitución, para llevar a cabo elecciones el 7 de noviembre. Si los Estados Unidos y la UE piensan que estaremos dispuestos a derogar nuestra Carta Constitucional, nuestras leyes y la institucionalidad del país, están muy equivocados.

Chocarán con un país libre, soberano e independiente, que desarrolla su crecimiento político, económico y social sin necesidad del permiso de Washington.

Las encuestas, al unísono, incluidas las de Estados Unidos, indican al comandante Ortega como el ganador de las próximas elecciones. Sería conveniente que los Estados Unidos tomaran nota del fracaso de su política de agresión, que no logra más que un consenso cada vez mayor hacia el gobierno sandinista.

En Nicaragua votarán los nicaragüenses y serán los nicaragüenses los que decidirán  su futuro. Independientemente si cumple o no con la agenda de la Casa Blanca, el proyecto sandinista seguirá’ confirmando a los amigos y a los enemigos que la democracia  nicaragüense es popular y ya no más en las manos de la elites.

Mónica Robelo, Embajadora de Nicaragua en Italia.