El papa Francisco se reunirá hoy jóvenes reclusos en el palacio arzobispal San Joaquín y asistirá al Vía Crucis con los fieles en la playa de Copacabana, en su quinto día de estancia en esta urbe brasileña.

Francisco, quien participa en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) católica, confesará en la mañana a participantes en este evento y después dialogará con varios convictos en el palacio arzobispal, desde cuyo balcón rezará el ángelus a mediodía.

En horas de la tarde se trasladará a la playa de Copacabana para participar en el Vía Crucis con millones de jóvenes de más de 100 países que desde la semana pasada llegaron a Rio para la JMJ.

El pontífice Francisco saludó anoche una multitud de personas congregados en el paseo y la arena de la playa de Copacabana, donde pidió a la juventud buscar una felicidad basada en los valores de justicia social, solidaridad y honradez, y evitar la embriaguez que ofrece el dinero y el poder.

Demandó el esfuerzo de toda la juventud para cambiar el mundo y acabar con las desigualdades e inequidades sociales.

El santo padre rememoró que JMJ se celebra por segunda vez a América Latina, pues el primer encuentro fue Buenos Aires en 1978, y envió un saludo Benedicto XVI, quien -dijo- fue el que convocó a este actividad en esta ciudad.

Previo a este acto, el máximo representante de la iglesia católica se reunió con cinco mil argentinos en la catedral metropolitana de Río, a donde llegó en el papamóvil y recibió una cálida bienvenida de los cariocas.

Visitó también la favela Varginha, ingresó a una vivienda, compartió con una familia y recibió a un habitante de esa favela, quien calificó de histórica su presencia ahí, donde residen "los olvidados por la sociedad y por el poder público".

Francisco criticó la corrupción y señaló que nadie debe permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo y solicitó abandonar la cultura del egoísmo y del individualismo para acabar con el hambre, la miseria y las injusticias sociales.

"No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y lleva a un mundo más habitable, sino la cultura de la solidaridad; no ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano", aseveró ante 25 mil personas reunidas en una cancha de fútbol de esa favela.

El pontífice destacó asimismo la generosidad del pueblo brasileño, especialmente las personas más sencillas que, pueden dar al mundo una valiosa lección de solidaridad, una palabra, -dijo- con frecuencia olvidada u omitida.