La Revolución Popular Sandinista desde su génesis está preñada por la esencia de la fe cristiana. El General de hombres y mujeres libres Augusto Cesar Sandino en su Manifiesto “Luz y Verdad” revela una fuerte raíz y dimensión cristiana, no solo de la cosmovisión sino de la praxis en la lucha diaria. El General Sandino dijo: “Lo que existió en el Universo, antes de las cosas que se pueden ver o tocar, fue el éter, como sustancia única y primera de la Naturaleza (materia). Pero antes del éter, que todo lo llena en el Universo, existió una gran voluntad; es decir, un gran deseo de Ser lo que no era, y que nosotros lo hemos conocido con el nombre del Amor. Por lo explicado se deja ver que el principio de todas las cosas es el Amor: o sea Dios. También se le puede llamar Padre Creador del Universo. La única hija del Amor, es la Justicia Divina. La injusticia no tiene ninguna razón de existir en el Universo, y su nacimiento fue de la envidia y antagonismo de los hombres, antes de haber comprendido su espíritu.. Todos vosotros presentís una fuerza superior a sí mismo y a todas las otras fuerzas del Universo. Esa fuerza invisible tiene muchos nombres, pero nosotros lo hemos conocido con el nombre de Dios”.

Una breve exegesis del párrafo anterior nos indica que el General Sandino tenía una fuerte base teológica del sistema creativo de Dios y de cómo funcionaba la justicia y la injusticia en la sociedad y el Universo. Se denota que su pensamiento estaba influenciado por una fuerza superior, por una dimensión espiritual trascendente. Visión y fuerza que lo impulsó a cumplir una misión imposible para muchos de su época, pero que él, como el David bíblico enfrentó al Goliat del Norte con su pecho henchido de fe, de esa fe bíblica que mueve montañas y nos hace actuar en medio de lo imposible. Era Dios mismo actuando atravez de una mediación humana: Moisés en Egipto, Sandino en Nicaragua, un solo Dios, un solo propósito: Liberar al pueblo y garantizarle una vida plena y abundante.

El hilo histórico de la fe y de la espiritualidad aunque no perceptible era trasversal en las acciones de aquellos hombres y mujeres llamados por el Evangelio “héroes de la Fe” y pensando en ellos el Apóstol se refiere de esta manera: “Experimentaron vituperios y azotes, prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas, pobres, angustiados, maltratados, errando por los desiertos, por los montes y por las cavernas de la tierra. Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido” (Hebreos 11: 36-39).

Hoy en el 34 Aniversario del triunfo de la Revolución Popular Sandinista rendimos homenaje a todos los hombres y mujeres que no se cruzaron de brazos ante los desafíos de su época, que no fueron indiferentes ante el dolor de su gente, que no se conformaron con ser observadores, sino que con estoicismo y audacia prefirieron el martirio, ofrendando sus vidas, por la libertad y la autodeterminación de nuestro pueblo

En aquellos años difíciles los fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional y todos los que siguieron su ejemplo. Mujeres y hombres visionarios y de gran amor por su pueblo, todos ellos sin excepción expusieron su vida. De estos el Evangelio dice: “Que nadie tiene más amor que aquel que da su vida por sus hermanos” y si la esencia de Dios es el Amor, entonces el que ama anda en la luz y da testimonio de Dios.

Es así que los cristianos que inspirados en su fe decidieron defender y darle vida a la revolución, se comprometieron a vivir el amor sin límites, integrándose en diversas facetas y momentos de la lucha revolucionaria. Cristianos evangélicos como el Pastor Bautista José Miguel Torres que participó en diversas acciones, mujeres como la heroína Olimpia Colindres de Barahona que en las riveras del Rio Coco dio cobertura y sustento a muchos guerrilleros, jóvenes pentecostales como aquellos que en 1977, antes de hacer “ un operativo” se reunían a orar en la Iglesia Juan 3: 16 del Reparto Faria en Masaya donde era pastor Carlos Escorcia Polanco, varios de ellos murieron víctimas de los roketazos lanzados por la guardia desde el Coyotepe.

Oscar Godoy junto a otros pastores que desde su inicio se integraron a la revolución sufrieron el vituperio de ciertos dirigentes evangélicos que estaban aferrados a la ideología del Imperio. Sin embargo, todos aquellos ataques no impidieron que se conformara una fuerza pastoral que en clave biblico-teologica defendiera los valores y principios de la Revolución, que era constantemente atacada en clave religiosa por el Instituto de Religión y Democracia de los Estados Unidos (IRD) dando origen al Movimiento de Pastores Revolucionarios (MPR), instancia precursora de lo que es hoy la Coordinadora Evangélica-CEPRES

Una vez alcanzado el triunfo y al sentarse las bases constitucionales en lo que fue el Consejo de Estado ahí estuvo presente el testimonio evangélico mediante la participación del anciano bautista José María Ruiz y el pastor pentecostal Oscar Godoy, para ese entonces nació aquella declaración histórica que dice: “ Entre Cristianismo y Revolución , no hay contradicción”.

Una Revolución bautizada con sangre y fuego, sometida a pruebas externas e internas, hoy orgullosa de sus hijos, con dignidad y firmeza levanta los valores del cristianismo como un principio de su razón de ser. Una Revolución Cristiana, Socialista y Solidaria, donde la inmensa mayoría de sus protagonistas son hombres y mujeres creyentes en el Dios de la Vida, que como el General Sandino reconocen el caminar de Dios – como fuerza sobrenatural- en medio de un pueblo en marcha que no se doblega ante nada y que solo se arrodilla ante Dios para darle gracias por su bendiciones.

Una Revolución donde los cristianos gobiernan, con el Comandante Daniel Ortega a la cabeza. Hijos de Dios e hijos de Sandino, que en los templos, plazas y avenidas gritamos con firmeza y convicción: ¡Estamos bendecidos, prosperados y en victoria! Honor y gloria a nuestros héroes y mártires.

Rvdo. Miguel Ángel Casco González

Presidente de la Coordinadora Evangélica-CEPRES