Nicaragua, país centroamericano, es un ejemplo vivido de lo que podemos llamar: puesta en marcha de dos modelos antagónicos. Nos referimos a que, por una parte, de 1990 al 2007, durante tres gobiernos de derechas, se implementó en este país, el neoliberalismo a mansalva, se privatizaron los bienes de servicio público, como la luz, las telecomunicaciones, se tercerizó la atención sanitaria de la seguridad social. Se redujo al mínimo el gasto público en todas sus esferas. Esto significó la precarización de los servicios de salud, educación pública, educación técnica, vivienda, etc.

Los resultados: en 2007 el país centroamericano, era en el continente americano, el de mayores índices de pobreza y extrema pobreza, analfabetismo, mayor desigualdad social, con menor acceso a la cultura o el deporte, el país con los menores índices de registro de patentes, oligopolios que impidieron el crecimiento económico y el acceso a TIC´S. Para colmo de males un país paralizado, con apagones energéticos de más de 12 horas, y las peores carreteras de la región, entre tantos otros males. Esto resume lo que significa el neoliberalismo, estancamiento económico y social, parálisis institucional y mono-dependencia.

A partir del 2007 al día de hoy, con la llegada nuevamente del sandinismo, se aplicó un modelo contrario y las transformaciones son tangibles: se incrementó la inversión pública, en salud, educación, cultura, deporte, beneficiando de forma gratuita a toda la población, en un escenario de consenso con los pequeño, medianos y grandes productores e inversionistas, poniendo en práctica un modelo de desarrollo que se sustenta en políticas públicas efectivas de: reconocimiento, incentivación y redistribución, de crecimiento alternativos, se potenció el crecimiento de los pequeños productores como modelo de desarrollo económico, y con el acompañamiento de alianzas como la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestramérica (ALBA), sirvió de impulso para los resultados tangibles de la Nicaragua actual.

Los resultados de hoy: las mejores carreteras de la región, (ninguna con peaje), más de 20 nuevos hospitales públicos debidamente equipados y distribuidos por todo el país, la conexión terrestre entre el Caribe y el Pacifico, comunicadas hasta el 2019, reducción de la pobreza y la extrema pobreza, erradicación del analfabetismo, el crecimiento económico más alto de la región durante una década, educación gratuita con calidad, cambio de la matriz energética a 77% de energía renovable, del lugar 90 al número 5 a nivel mundial, según el Foro económico mundial, en la reducción de la brecha de desigualdad de género, entre tantos otros logros y avances .

Los resultados de ambos modelos no tienen discusión. Aunque todo modelo es perfeccionable, seguro que sí, evoluciona y, en ello está siempre el modelo sandinista, evolucionando, reacomodándose, como deber suceder con todo modelo vivo que atiende a las demandas y, a las nuevas demandas de su población.

En este tenor, podemos afirmar que, donde la izquierda latinoamericana ha alcanzado el poder democráticamente no pierde las elecciones y alcanza un respaldo popular mayoritario: Nicaragua, Bolivia, Venezuela y cuando no, recupera la senda, como el caso de Argentina o México. La derecha en América Latina, con una mezcla de frustración y radicalismo, se conduce a buscar caminos violentos e ilegítimos para alcanzar el poder: golpes de Estado, confrontación, guerras híbridas, llamados a intervención, todo ello con el respaldo de diversos sectores oscuros, que desde hace años ataron su política internacional a la suerte del imperialismo americano.