Mujeres que sufren violencia de sus parejas o son acosadas por el crimen organizado, la mayoría provenientes del llamado triángulo de la violencia encabezado por Honduras, El Salvador y Guatemala, encuentran refugio en Nicaragua.

Los índices de violencia en Centroamérica aumentan cada vez más. Ocho de cada diez mujeres que llegan a Nicaragua son víctimas de maltrato.
Estas mujeres vienen acompañadas de sus hijos e hijas, dejando todo en su país en busca de estabilidad y del cese a la violencia sufrida por años.

“Siento que mis hijos están protegidos por el Estado; de mi país no puedo decir eso, porque las autoridades forman parte del crimen organizado y de las mismas maras. No tengo un buen trabajo, pero tengo protección a mi vida y las de mis hijos, ellos tienen salud y educación gratuita; estoy bien aquí y sé que tomé la mejor decisión”, expone Francisca, una refugiada a un medio de prensa mexicano.

Blanca Fonseca, coordinadora del Proyecto de Atención a los Solicitantes de la Condición de Refugiados y los Refugiados, del Consejo de Iglesias Evangélicas Pro Alianza Denominacional (CEPAD) comenta a la publicación, que la mayoría de solicitantes con la condición de refugiada o refugiado tiene una edad entre 25 y 55 años, también hay casos de jóvenes.

El CEPAD es la agencia socia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), acreditada ante el Estado nicaragüense desde 1997 para apoyar, junto a otras organizaciones, a las solicitantes de la condición de refugiados.

Las mujeres que solicitan la condición de refugiada en Nicaragua, la mayoría son de escasos recursos, trabajadoras del hogar o propietarias de sus pequeños negocios que han conformado con sus parejas.

Muchas de estas inmigrantes refugiadas se emplean en el sector informal (venta de comida, costura, comercio, manualidades, entre otras labores), y aunque obtienen los recursos mínimos para la subsistencia, una vez integradas y subsistiendo por sí solas se sienten realizadas porque lo importante para ellas es la seguridad de sus hijas e hijos, detalla Fonseca.

Las inmigrantes que llegan a Nicaragua y que solicitan su condición de refugiadas están protegidas por varias leyes del país, especialmente la de Protección a Refugiados, emitida en junio de 2008, y en la que se establecen el proceso y los requisitos para acceder a ese estatus.