Se reunieron en Managua no para desestabilizar gobiernos, sino las injustas estructuras que disparan la desigualdad y la codicia organizada, causante de millones de damnificados del sistema, y que algunos individuos todavía bendicen como “la voluntad de Dios” y rezan: “no se debe tocar para nada, mucho menos cambiar”.

Se congregaron no para planificar golpes de Estados contra la decisión de los pueblos, sino para incluir a los pobres a sus propias naciones.
Tampoco se juntaron 18 Estados para declararle la guerra a nadie, solamente al subdesarrollo. Se dieron cita en Managua no para decretar inhumanos embargos económicos contra alguna república, sino para financiar la luz a los ciegos, las letras a los analfabetos, y la caña de pescar a los hambrientos. Todo eso que mandan los Evangelios, solo que en planes nacionales.

Las patrias convocadas a la VIII Cumbre de Petrocaribe no hablaron de atentados terroristas contra seres inocentes, ni guerras de baja y alta intensidad contra gobiernos legítimos, ni mucho menos empezar una imparable carrera armamentista en nuestro Mediterráneo Tropical.

Se sentaron a la mesa para darle un norte de integración a esta bella parte del mapa americano y promoverlo a través de Petrocaribe, de hecho, un “instrumento único de cooperación Sur-Sur”, como lo apreció la primera ministra de Jamaica, Portia Simpson.

Crear una Zona Económica que organice un nuevo esquema de compensación comercial de alimentos por petróleo y otros compromisos de desarrollo energético, adelanta un ejemplo al mundo de que sí son posibles las relaciones multilaterales sin imposiciones.

Todo esto puede sonar extraño para comunidades donde ya se han constituido zonas económicas, monedas únicas, eurobanco y sistema parlamentario continental, porque Occidente ha impedido que América Latina y El Caribe estrenen estos “instrumentos” de la “civilización” como se hace en cualquier parte del mundo. Al contrario, más bien se conspira día a día, minuto a minuto contra quienes continúan el sueño de Sandino y los ideales bolivarianos del finado presidente Hugo Rafael Chávez Frías.

La bendición de Dios

Se ha forzado más bien a nuestras naciones, y esto pasa ya por folclor, a tomar parte solo como subalternos. Cualquier intento de llevar a la práctica nuestros propios himnos nacionales y banderas, y ajustar las ficciones jurídicas llamadas Constituciones a nuestras propias realidades, algunas potencias lo presentan como declaración de hostilidades a la democracia, por no decir el establishment importado. Es el sambenito. Porque aún en esta centuria se nos trata, por la fuerza de la costumbre, como sus antiguas colonias.

Petrocaribe, hija del ALBA, es una nueva narración de la historia desde la periferia. Es Nuestra Narración. Las metrópolis deben aceptar los Nuevos Tiempos. El presidente Daniel Ortega recordó a sus fundadores, los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez. Un anhelo de los hombres de buena voluntad en expansión.

La escritora Rosario Murillo subrayó al finalizar la Cumbre: “Nosotros vemos la mano de Dios en todo lo que hacemos. Hemos crecido no sólo en unidad y en buena voluntad y en conciencia Nuestroamericana, sino crecido en tantos proyectos que representan bienestar para nuestros pueblos, prosperidad para nosotros desde la fe cristiana, bendición y protección”.

A pesar de los pronósticos de la derecha ultraconservadora de que con la desaparición física del presidente Chávez todo llegaba a su fin, el presidente Nicolás Maduro dijo en Managua que como bloque regional “ya están listos para asumir un nivel más elevado de desarrollo integrado”.

La Zona Económica de Petrocaribe debe ser, ante todo, un espacio libre de pobreza, dijo el presidente venezolano. Samuel Hinds, primer ministro de Guyana, lo definió como “un pacto de gran generosidad” muy oportuno. Como dijo el presidente Ortega, en la Cumbre se habló con el corazón. No fueron mensajes diplomáticos ni calculados.

Los gobiernos de Europa y aún el ala progresista de los demócratas de Obama al parecer no saben o no quieren saber a lo que se enfrentan los gobiernos que luchan para revertir el infierno heredado por siglos de saqueos y explotación, racismo y sometimiento, para financiar los paraísos terrenales del Viejo Mundo y del Norte de América.

Bonito es hablar de “democracia” desde el cielo que lograron acaparar a costa de nuestro Paraíso Perdido, repartiéndose el mundo. Hasta el advenimiento de las revoluciones de Cuba, Nicaragua y Venezuela nos había tocado la peor parte del Pecado Original.

Aplastarle la cabeza a la serpiente de las estructuras malignas del libertinaje de mercado y perversidades conexas no solo es un deber, sino una obligación de nuestros pueblos. Es ganarnos el derecho de ser bendecidos por Dios.

Si lo hizo Europa con monarquía, nobleza y clero, donde, parafraseando a Bertrand Russell, los placeres de unos pocos se compraron con la miseria de las mayorías de África, América Latina y El Caribe, ¿por qué no nosotros, con relaciones de intercambios justas?

Ninguna democracia salió jamás lastimada por encontrarse por primera vez con la justicia. Y hoy empiezan a conocerse...