HOMENAJE A TOMÁS BORGE, FORJADOR DE AMANECERES Y PATRIAS SOBERANAS, EN LOS DESAFIOS CIVILIZATORIOS DE NUESTRA AMERICA LATINA, ANDINA Y CARIBEÑA

por Manuel Dammert

De mis lecturas de Mariátegui, nuestro José Carlos, quedó grabada en mi memoria la convocatoria solidaria con la Revolución nicaragüense. La lucha heroica de todo un pueblo, iniciada por el general Augusto C. Sandino, por lograr la emancipación nacional y continental de Nuestra América.

El dictador que asesinó a Sandino, no pudo matarlo. El General de Hombres Libres resucitaba con su pueblo. Había señalado la urgencia de la defensa de la soberanía nacional que, más tarde, reivindicaría el FSLN, afirmando la patria institucional, democrática y pacífica.

Yo había leído acerca de Tomás Borge, de sus batallas y sus poemas. De sus declaraciones por la emancipación de Nicaragua, que consideraba un eslabón de continuidad en la lucha liberadora de la opresión colonial, que había iniciado Túpac Amaru y continuaría Sandino.

Como en su tiempo hicieran José Carlos Mariátegui y Esteban Pavletich, en el Perú celebramos como nuestro, el triunfo sandinista. Tomás y los fundadores del FSLN perseguían los caminos de soberanía, desarrollo y paz, que la Revolución cubana había inaugurado veinte años antes. Era el empuje revolucionario de los pueblos. Las grandes, medianas y pequeñas batallas en Nicaragua abonaban a la emancipación continental. Luego de una lucha heroica y sacrificada logran conquistar la paz para Nicaragua y se instala el Gobierno Sandinista. Sus ecos resonaron en toda nuestra América, andina, caribeña.

La nación y el territorio, según el paradigma republicano de John Pocock, expresan la “segunda costumbre” del ser humano, que no se reduce al individuo económico, sino que asume, mas bien, la dimensión humana como político social, y se afirma como ciudadano en el autogobierno. La historia humana es el tiempo de la política. La nación, así entendida, se afirma como una comunidad histórica, territorial y política. Dispone de la esfera política diferenciada institucionalmente, formada en la voluntad de vida y la soberanía, de la que es depositario el pueblo y que este delega en procedimientos institucionales pero nunca abandona, a fin de tratar asuntos comunes con obligaciones al conjunto, y como eje dinamizador de los diversos campos de la actividad humana, y su marco social, constitucional y legal.

Esta enseñanza continental vibra en los pueblos, como denotan los afanes del Gobierno sandinista, y se evidencia en cada aniversario del triunfo de la revolución. El amanecer, que le prometía Tomás Borge a Carlos Fonseca, dejó de ser una tentación en la Nicaragua soberana, y marca el derrotero de los pueblos de Nuestra América latina, andina y caribeña.

Manuel Dammert Ego Aguirre, Lima, 11-08-2020